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Archivo para Julio 2009

La ley de Murphy… ¡a la porra!

15 Julio 2009 kotinussa 10 comentarios

No sé cómo se han alineado los astros o qué diantres está ocurriendo, pero últimamente todo me sale milimétricamente perfecto, mejor que si lo hubiera planeado.

Cuando de pronto decidí irme de vacaciones a Noruega, en una sola tarde enjareté el viaje, que resultó tener la fecha de salida perfecta, la que más me convenía.

Mi jefa de estudios anuncia de pronto que le han concedido un traslado cuya petición llevaba en el más absoluto secreto. Es prácticamente seguro que la sustituirá en el cargo la persona que más favorable me podía resultar.

Estaba esperando a que saliera una orden en el BOJA con una documentación que tenía que presentar. Una vez publicada la orden, sólo tenía 10 días hábiles para presentarlo todo. No se tenía ni idea de en qué día de julio podía salir y yo temía que me cogiera fuera de España, lo que hubiera representado un buen lío. Bueno, pues salió hace unos días, y el lunes pasado a las 10 de la mañana ya había presentado en el Registro todo lo necesario.

Me surge un problema en el portátil, y resulta que en el momento de la compra había contratado un seguro voluntario por dos años. Ya ni me acordaba. Queda sólo un mes para que venza el seguro, así que llamo por teléfono y otro asunto arreglado en un pis-pas. Ya han venido a recogerlo esta mañana de una empresa de mensajería y me lo arreglarán mientras esté fuera. Si no tuviera arreglo, me lo sustituirían por uno nuevo.

Aunque podía viajar con el DNI, prefería dejarlo aquí y usar el pasaporte. Cuando me fijo en la fecha de caducidad de éste, me doy cuenta de que ya había pasado. Como las colas son interminables y sólo dan unos pocos números al día para renovarlo, llamo para pedir cita previa sin muchas esperanzas de conseguirlo para antes de mi partida. ¡Bingo! Tengo cita para el día 20 y me voy el 22.

Total, que todo lo que podía salir bien está saliendo perfecto, y lo que podía salir mal también perfecto.

P.D. para Ali: Mi situación en estos momentos me recuerda mucho a algunas épocas que tú has pasado, cuando de pronto se te abrieron puertas que no esperabas, se te solucionaron problemas de golpe, y diste un giro completo a tu vida. No tengo claro si mi reciente optimismo ante la vida y mi espectacular mejora en mi estado de salud ha propiciado esta situación o ha sido al revés. Sea como sea, parece que me rodea una especie de nube de buen rollo, bienestar y concatenación de sucesos  agradables, aparte de lo aquí relatado.

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Cencerros y cascabeles

9 Julio 2009 kotinussa 9 comentarios

Una llegó a conocer esos programas de radio de canciones dedicadas que fueron tan populares en décadas pasadas: “Para Menganita, de su novio que está en la mili, con cariño, la canción X”; “Para Fulanito, en el día de su cumpleaños, de su madre que le adora, la canción Y”, etc. Ahora que ya no existe la mili, y la gente joven no oye la radio (tiene las orejas permanentemente ocupadas con los auriculares del MP4), esos programas supongo que habrán pasado a la historia.

Una sabe también, aunque no por experiencia propia, que muchísima gente se deja una pasta con ciertos personajes para que les hagan un “trabajito” de magia, para que les “limpien” la casa de energías negativas o vaya usted a saber para qué. Y que en la noche de San Juan y en la del 31 de diciembre realizan en su casa ciertos rituales con velas, hierbas y otros elementos, siguiendo los científicos consejos de individuos e individuas que proliferan en canalillos locales de televisión.

Ya no se pone una vela a San Antonio para que te salga un novio o para encontrar un objeto extraviado, ni se reza a Santa Rita para conseguir algo muy, muy difícil. Estos programillas de televisión y hasta libros que se pueden encontrar en librerías te acercan a casa el prodigio con el mismo gancho con el que Ikea te vende un mueble: “hágalo usted mismo”. Pero la energía no se destruye, sino que se transforma, y soy testigo de cómo se ha inventado el no va más, un lazo que une las brujerías y los rancios programas de radio del pasado con la modernez que la televisión y los servicios que ofrecen lo números esos de teléfono que cuestan un Congo.

Hace varios días, durante un trayecto en taxi, me quedé estupefacta al oir el programa de radio que tenía sintonizado el taxista. Consistía básicamente en que la gente llamaba, y pedía una canción. Hasta ahí, todo perfectamente normal. Pero lo curioso es que pedían la canción para que el hijo aprobara las oposiciones, para que al cuñado le saliera un trabajo, o para que la hermana se curase de una enfermedad grave.

“Volvemos a la época de las cavernas”, me dije. O como mínimo a la Edad Media, cuando mucha gente creía en el poder de ciertas músicas para curar algunas enfermedades graves.

El remate lo ponía el peticionario cuando, después de pedir la canción y explicar el motivo de la petición, le pedía a los locutores (había dos, aparentemente muy jóvenes, dicharacheros, divertidos y chistosos) que sonara la vaquita (un cencerro) o los cascabeles. Ellos, tan complacientes con su público, introducían el efecto sonoro antes de poner la canción.

El trayecto en taxi no fue lo suficientemente largo como para poder comprobar con exactitud si la elección por el cencerro o los cascabeles era mero capricho, o había una relación entre ellos y el efecto que se pedía. Me hubiera gustado poder comprobar, para escribir este post más documentadamente, si las cuestiones de salud, de trabajo o de estudio estaban al 100% vinculadas con alguno de los sonidos. Las canciones pedidas eran de lo más variopinto, y ahí estaba claro que la elección del título, e incluso del estilo musical, no influía en lo que se quería obtener. Por lo visto el toque mágico lo añadían el cencerro y los cascabeles.

Por favor, si alguien descubre qué es lo que puede hacer que te toque un premio gordo a la Primitiva, que me lo cuente, porque no es posible ignorar los adelantos de la ciencia y estoy dispuesta a colgarme un cencerrito al cuello y a ponerme unas pulseras de cascabeles en los tobillos hasta que ocurra el prodigio.

Pedir perdón

5 Julio 2009 kotinussa 9 comentarios

En su pregón en la fiesta del orgullo gay, la cantante Soraya dijo esa frase que ha sido titular en muchos periódicos en la que manifestaba que sentía deseos de pedir perdón por ser heterosexual. Desde luego resulta de lo más políticamente correcta (y ya sabéis que a mí lo políticamente correcto me da una mezcla de risa y vergüenza ajena, según los casos). También muy adecuada para una persona que vive de tener el favor del público, tan veleidoso, y que sabe que los gays la adoran y la imitan. Desde luego, si yo fuera su manager, le hubiera aconsejado que dijera algo así, porque imagino que a la mayoría de los asistentes se les haría el culito agua de limón al oir como un heterosexual prácticamente reconocía en público su vergüenza por serlo.

Pero dejando de lado esta imbecilidad que queda para el ranking de frases estúpidas dichas por personajes públicos de variado pelaje, me ha recordado otros asuntos que me atañen más directamente y que me sientan bastante mal, y es la casi exigencia de que estés continuamente pidiendo disculpas por ser como eres, simplemente por el hecho de pensar o actuar diferente del que tienes enfrente, y todo ello en una sociedad a la que se le llena la boca continuamente con la palabra tolerancia, al mismo tiempo que es más intolerante que nunca.

Yendo a casos concretos, estoy harta de que la gente me eche en cara el que no me tiña las canas, desde mis compañeras de trabajo más jóvenes que yo, hasta mi tía de 84 años. Y que a veces me coja con la guardia tan baja que antes de darme cuenta estoy dando explicaciones y casi disculpándome, en lugar de responder a una impertinencia semejante con otra más gorda, pero totalmente cierta: “Mira, no me tiño las canas porque te engañas pensando que eso te hace parecer más joven. No quisiera por nada del mundo tener tu cara de momia coronada por un pelo negro “ala de cuervo” o pelirrojo “Pipi Calzaslargas”, porque ese color lo único que consigue es acentuar el resto de los rasgos de tu edad, por el contraste. Aunque no te lo creas parezco más joven que tú, porque tengo la suerte de tener un cutis terso sin una sola arruga ni patas de gallo, ni tengo pellejos colgando de los brazos; y unas canas en mi cabeza apenas modifican mi aspecto general, que es el que cuenta”. Por supuesto, cuando tenga otras señales de la edad las asumiré sin ningún problema, y me niego a avergonzarme por estar a punto de cumplir 50 años, como si fuera un hecho deshonroso del que yo fuera culpable o responsable.

Estoy harta de que la gente me eche en cara el que no lleve teléfono móvil o, cuando lo llevo, lo tengo desconectado. “Te he llamado una docena de veces y tienes el teléfono apagado”, te dicen con tono y expresión de riña. En esos casos si que me despacho a gusto y suelo contestar que tengo el teléfono móvil para mi comodidad, y no para la suya. Y en mi comodidad no entra que cualquiera me pueda molestar o localizar cuando le dé la reverenda gana. Si llevo el móvil es para llamar yo si lo necesito, no para estar continuamente a disposición de quien lo quiera.

Estoy harta de que me echen en cara que hace ya unos años que no voy a la playa y, suavemente, hasta me preguntan cómo me atrevo a llevar faldas o vestidos sin mangas sin estar negra como un chorizo. Yo siempre me he puesto muy morena a poco sol que tomara, pero desde hace unos años la playa, y el sol en general, me sientan muy mal. Desde luego, no voy a avergonzarme de tener el color de piel que tengo. Por otra parte, el hecho de no tener la más mínima arruga a mi edad puede tener algo que ver con eso. Suelo contestar que prefiero un millón de veces estar menos morena que tener la cara como el corcho, a ver si la aludida se da por enterada. Pero no, no suelen hacerlo, y aunque están encantadas con su moreno suelen quejarse continuamente de sus manchas, arrugas y demás, intentando paliarlas con cremas, peelings, rejuvenecimentos laser y demás zarandajas de instituto de belleza, de los que se han convertido en esclavas.

En fin, para qué seguir. El caso es que no puedo soportar esa moda de pedir perdón continuamente por ser uno lo que es, y no otra cosa, cuando lo que eres o cómo eres no es nada deshonroso ni dañino para nadie.

Siete semanas y media

5 Julio 2009 kotinussa 4 comentarios

Ese es el tiempo, más o menos, que he estado ausente de los blogs, incluído el mío. Si habíais pensado que me había ido definitivamente, tened por seguro que, si alguna vez lo hago, no me despediré a la francesa, sino por medio de un post en el que me despida de todo el mundo.

Han sido solamente la coincidencia de un cúmulo de circunstancias (problemas de salud, exceso de trabajo) las que me han mantenido lejos de mi blog y también de los vuestros. Pero ya estoy aquí de nuevo, con más ganas que nunca. Sólo falta que los temas de los que me interesa hablar sigan apareciendo y de que mis musas no se vayan de vacaciones, como decía la canción de Serrat.

Siento mucho si alguien se ha preocupado por mi repentino y prolongado silencio. No era mi intención. Simplemente no tenía en esos momentos la cabeza como para caer en esos detalles. Por otro lado, tampoco creo que mi blog o mi presencia en los demás sea tan importante como para que nadie se haya preocupado por ello, pero de todos modos pido disculpas, porque en muchos temas prefiero pasarme a no llegar.

Así que, lo dicho: Koti cabalga de nuevo.

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