Archivo

Archivo para Enero 2009

Calvario burocrático

24 Enero 2009 kotinussa 6 comentarios

1 de septiembre de 2007. Kotinussa pasa de depender de la Administración General del Estado a hacerlo de la Junta de Andalucía. Nos aseguran una y mil veces que no habrá ningún problema, pero que tengamos en cuenta que el primer año será un poco de transición y ambas partes debemos ser pacientes con la otra, porque hay muchas cosas que resolver.

Para ese momento, Kotinussa tiene ya cinco trienios, y va camino del sexto. Pero en cuanto empieza a pagarle la Junta de Andalucía deja de cobrarlos, ya que la Junta no tiene constancia de que esos trienios existan. Ante la correspondiente reclamación, nos piden más paciencia y nos aseguran que ¡por mayo! todo estará resuelto.

Por otro lado, parece que las administraciones entre sí no se comunican, pues soy yo la que tengo que demostrar la existencia de mis cinco trienios. A pesar de la abundante documentación que tengo, nada de eso vale. Necesito un papel llamado “anexo 1″, con el reconocimiento de servicios prestados, pero nadie en el Ministerio parece saber dónde puedo obtenerlo. Después de meses de llamadas telefónicas, encuentro a una persona que me dice que me puede hacer el papel donde figure del año 1999 en adelante, pero antes de esa fecha en ese departamento no tienen ninguna información. Tampoco sabe quién puede hacerme el anexo 1 desde el año 1991 a 1999. Unos diez días después recibo el anexo 1 correspondiente del año 99 en adelante, y otros diez días después lo vuelvo a recibir con una cartita informándome de que el primero no valía porque se habían equivocado al hacerlo. Los comparo y, efectivamente, en una columna donde debía figurar la cifra 10, habían puesto 8.

Sigo haciendo llamadas a todo el Ministerio como una loca, investigando en todos los departamentos y servicios. Al mismo tiempo, voy a la delegación de Educación de la Junta de Andalucía en Cádiz y los pongo como los trapos, porque no es de recibo que en estos tiempos de informatización, e-mails y demás todo tenga que transcurrir de esta forma. También les llamo ineptos y vagos, porque me están obligando a hacerles su propio trabajo.

Repasando toda mi documentación, veo que mi hoja de servicios y mi nombramiento está firmada en 1991 por una tal A. C. Afortunadamente esta señora todavía no se ha jubilado, afortunadamente lo comento con una compañera que fue directora del instituto y me dice que es una mujer muy eficiente y que ella tiene su teléfono.

Llamo a la tal A. C. y ¡bingo!, en su departamento me pueden hacer el reconocimiento de servicios prestados de 1991 a 1999. Al cabo de unos días recibo el papelito correspondiente y, por fin, el 20 de noviembre de 2008 llevo los dos documentos a la Delegación de Educación de la Junta de Andalucía en Cádiz. Me aseguran que está todo correcto. Como las nóminas se cierran el 5 de cada mes y faltan quince días, no creo que estos sacrificados trabajadores tengan tiempo suficiente para que pueda cobrar los trienios (con efectos retroactivos) en la nómina de diciembre, así que me resigno a esperar hasta enero.

El viernes 23 de enero recibo una llamada en casa, en horas de trabajo (sería demasiado que sus neuronas hubieran caído en la cuenta que un profesor de instituto, a media mañana, está en su lugar de trabajo y no en su casa). Por casualidad me encuentro en la cama con gripe y me informa que a ambos documentos les falta el sello de pie de firma del Ministerio. Están firmados pero no sellados, por lo que, según sus palabras textuales “los ha podido hacer cualquiera”. Han tardado dos meses exactos en darse cuenta. Así que tengo que recogerlos en la Delegación, enviarlos a Madrid al Ministerio para que me pongan el sello, esperar a que me los devuelvan por correo y volverlos a llevar a la Delegación de Cádiz.

Después de alabar al funcionario por su perspicacia al tardar dos meses en darse cuenta de la falta de un sello en un documento que él previamente había dado por válido, y comentarle que, por si no se ha dado cuenta, me ha llamado posible falsificadora y autora de un fraude, envío a alguien a recoger los papeles. Por lo visto, el que existan como otros 20 documentos oficiales que demuestran que trabajo para el Ministerio desde 1991 no descarta la idea de que, sin necesidad, se me ocurra falsificar los papeles. Mientras tanto llamo a Madrid al Ministerio y también les alabo por la eficacia de enviar unos documentos sin sellar. La chica que me atiende, creo que verdaderamente avergonzada por todo lo que está pasando, me dice que le envíe los papeles inmediatamente, que me los sellará.

Con un poco de suerte cobraré los trienios a finales de marzo, puesto que es imposible, entre tanto vengo y voy, que todo esté resuelto antes del 5 de febrero. En ese mes me encontraré en la nómina con un gran pastón de atrasos, lo que también me perjudica, puesto que un dinero que tenía que haber cobrado en tres ejercicios distintos se acumula en uno, perjudicándome a la hora de pagar el impuesto sobre la renta.

Mientras tanto, mis compañeros llevan desde que empezó el curso (cuatro meses) sin cobrar todavía el complemento que les corresponde como tutor o jefe de departamento. Los ultraocupados funcionarios de la Delegación de Educación de la Junta de Andalucía en Cádiz no han tenido tiempo de meter el dato en la nómina. Al mismo tiempo, el programa informático que hace las nóminas decide cada mes cuánto nos van a retener a cada uno a cuenta del IRPF, (a mí ahora mismo me están reteniendo la burrada del 25%), de forma que cuando llegue mayo esté lo más equilibrado posible lo que tengo que pagar con lo que me han retenido. Pero claro, esa es la opinión de la Administración, no la mía, puesto que yo no estoy de acuerdo en pagar mis impuestos por anticipado (lo que tengo que pagar en junio de 2009 me lo empezaron a retener en enero de 2008, 18 meses antes). En resumen, cada mes cobro una cantidad diferente, que no puedo tener prevista porque lo decide una máquina, que lo mismo me retiene un 25% que al mes siguiente un 11%.

Menos mal que, como dice nuestro cacique Chaves, estamos inmersos en la segunda modernización de Andalucía. Supongo que puedo darme por satisfecha de que no me paguen en especie con sacos de garbanzos, piezas de tela y cosas así.

________________

Tal día como hoy, hace un año: Paridad de paridades, todo es paridad

Adelantando el Carnaval

15 Enero 2009 kotinussa 11 comentarios

Una vez escribí un post titulado “Dar clase en un microondas“. Podría completarlo ahora con “Dar clase en una cámara frigorífica”, pero voy a ver si se me ocurre un título más original.

Mi instituto es de reciente construcción, es bonito y alegre, y está totalmente rodeado de campo. Es muy agradable asomarte a las ventanas y verte rodeada de pinos, y oir a los pajarillos. El único inconveniente que tiene es que los arquitectos deben pensar que en TODA Andalucía, durante TODO el año, hace una temperatura entre 20 y 25 grados.

Llevamos una semana dando clase en unas condiciones penosas, porque por la razón mencionada a nadie se le ocurre pensar que pueden hacer falta cosas como calefacción, por ejemplo. Estos días estamos entrando a las 8′15 con temperaturas entre 2 y 4 grados, y con una humedad de casi el 100%. Como excepción, estamos dejando a los alumnos conservar en clase puestos los gorros de lana, las prendas de abrigo y el guante de la mano que no utilizan para escribir. ¿Cómo podría negárselo si yo misma estoy dando clase con un body de manga larga, dos jerseys, un abrigo, calcetines y guantes de lana? Estoy haciendo cosas que nunca antes hice, como ponerme unos pantys debajo de los pantalones, o renunciar a levantarme de la mesa y escribir en la pizarra, por no separarme de la diminuta estufa que tengo a mi lado. A la mitad de las aulas no les da el sol jamás, a consecuencia de ni siquiera pensar en la orientación, a pesar de que el edificio no tiene ningún condicionamiento en esa circunstancia, por estar completamente aislado de otros edificios y no tener que estar alineado con una calle ni ocupando un espacio concreto.

Antes de ayer tenía clase con 3º C de 13′45 a 14′45. Tres alumnos se habían traído de casa una mantita de viaje para ponérsela, doblada en dos, sobre las piernas. Y claro, tuve que dejarles porque no tenía fuerza moral para obligarlos a guardarla. Ese día iba yo disfrazada de muñeco de Michelin, con un jersey grueso de cuello alto, un forro polar de los buenos, un plumífero y dobles calcetines con botas. Resultado: cada curso nos llevamos un par de meses helándonos de frío y tres meses jadeando de calor. Si alguien piensa que son las condiciones adecuadas para realizar un trabajo o un esfuerzo intelectual, le invito a acompañarme durante unas cuantas clases. Ignoro lo que ocurre en otras comunidades, pero en mi centro no hay calefacción ni aire acondicionado, y para colmo los materiales de construcción son de todo menos aislantes (el techo es de una especie de uralita). No quiero ni siquiera imaginar lo que deben pasar los miles de alumnos andaluces que dan clase en barracones prefabricados desde hace un montón de años. Y todo eso en la Andalucía de la “segunda modernización”, como dice nuestro ínclito cacique Manuel Chaves.

En resumen, que he adelantado un poco los carnavales y he vuelto, como en mis años mozos, a disfrazarme. Este año alternando cada día el traje de esquimal con el del muñeco de Michelin y el disfraz de oso pardo.

Por último, un ruego desesperado. Que a los arquitectos les incluyan en la carrera una asignatura sobre climatología y demás.

Otro día más

1 Enero 2009 kotinussa 15 comentarios

Aun a riesgo de resultar reiterativa (creo que lo he mencionado alguna vez), os cuento que la noche de ayer, como siempre, fue para mí una noche como otra cualquiera. Que cené alrededor de las diez, mientras me reía con las ocurrencias de Camera Café; que la cena consistió, como todos los días, en un yogur con muesli y un trocito de queso; que mi ropa interior era blanca, por azar, como podía haber sido marfil o beige; que me fui a la cama un poco antes de las 11′30, no porque sea una hora fija, sino porque me apeteció en ese momento; que me puse a leer una novela pero a los diez minutos ya se me cerraban los ojos y apagué la luz. Por lo tanto, Las famosas campanadas que marcan el paso de un día corriente a otro igualmente corriente me pillaron dormida, como casi siempre; que ni por mi salud tomaría por la noche champán y uvas (dos productos que me desagradan), y que a pesar de todo jamás me ha venido ningún cúmulo de desgracias ni mi vida ha sido mejor o peor que la de los demás. Y además hoy me desperté a las 9′30, sin el estómago revuelto, sin resaca, y sin un montón de cacharros en la cocina para fregar y recoger.

Doy gracias al cielo por no haber vivido en el siglo IX, XIII u otro cualquiera donde dominaran las supersticiones.

Espero que todos los que han hecho justo lo contrario para evitar males, desgracias, aojamientos, parcas enfadadas, meigas rencorosas y destinos crueles, se encuentren tan bien como yo me encuentro ahora, dispuesta a hincarle el diente con ganas, en lugar de a las sobras de anoche, a un fantástico plato de carrilladas que mi madre prepara como nadie.

Categorías:Cosas mías