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Archivo para Diciembre 2008

Recetas de belleza y elegancia

19 Diciembre 2008 kotinussa 7 comentarios

Para aquellos a quienes gusten las revistas de humor no hay nada como algunos reportajes de los que se publican en los suplementos dominicales de lo periódicos, sobre todo de moda y consejos de belleza. En el último número de XLSemanal, una periodista le pedía consejo a Kate Moss (¡tiene narices la elección del personaje!) sobre cómo encontrar el look que más nos favorece.

A la supuesta glamourosa no hay más que verla en cualquiera de los reportajes donde sale, así que se podían haber ahorrado la entrevista y la reportera que yo se lo escribo desde aquí mismo en cinco minutos.

¿Cómo consigue Kate Moss su look?

- Cuando te levantes por las mañanas, no te peines, ni te quites las legañas de los ojos. Sobre todo si tu chico es más sucio que el palo de un gallinero. Así iréis perfectamente complementados.

- Cuando necesites ropa, no vayas a tiendas, ni siquiera a mercadillos. Rebusca en contenedores de basura y/o pídela en albergues para vagabundos. Ni que decir tiene que dicha ropa no tiene que volver a ver una plancha en su vida.

- A la hora de escoger qué ponerte, abre el armario y cierra los ojos. Escoge varias cosas a ciegas. No pienses en qué prenda combina con otra. Eso es propio de gente aburrida de clase media y no tiene ningún encanto.

- Lleva una vida poco sana: bebe mucho alcohol, consume drogas, duerme poco, come poco y mal, etc. Si a pesar de eso no tienes aspecto de enferma y ojeras hasta las rodillas, con un poco de sombra de ojos de color violeta  se pueden fingir estupendamente unas ojeras espectaculares.

- En las fiestas, bebe mucho de tu bebida predilecta (la preferida de Kate Moss es el vodka). Después de una buena vomitona tu aspecto será perfectamente glamouroso.

- Lleva siempre la expresión de venir del entierro de tu querida abuela. Las caras sonrientes y felices son propias de personas poco originales. Tienes que fingir que tu vida te da asco, no te vayan a confundir con una vulgar chica de vida normal.

Y así, queridas mías, luciréis como una de las modelos mejor pagadas del mundo. No lo olvidéis en la próxima fiesta de Nochevieja.

Mi Maleni lee a Orwell

14 Diciembre 2008 kotinussa 8 comentarios

Si hay algo que mi Maleni haga bien, aparte de hablar igualito que muerde un perro de presa, es seguir las consignas del partido, que parece haber tomado como libro de cabecera “1984″, la novela de Orwell.

Por ejemplo, ¿alguien ha podido enterarse en algún informativo de la televisión de que el martes 9 se produjo un derrumbe de 40 metros en el túnel del AVE a Valencia, dejando sepultada una gran cantidad de maquinaria (camiones, gruas y máquinas de hormigonado)? En el tramo derrumbado, cuya excavación había terminado el 17 de noviembre, las cimbras comenzaron a temblar, y los trabajadores salieron por piernas sin esperar órdenes. Por eso no ha habido que lamentar muertos ni heridos. Aprovechándose de tal circunstancia, el Ministerio de Fomento ha ocultado cuidadosamente la noticia, ya que ni siquiera lo ha comunicado a la Guardia Civil (es obligatorio cuando hay daños personales o el accidente afecta al tráfico).

Desdichadamente para mi Maleni, un testigo presencial lo comunicó al diario ABC, que después de investigar lo poco que le dejaron hacerlo publicó los detalles de la cosa. Se trata de un túnel entre Aranjuez (Madrid) y Ontígola (Toledo), construido para no perturbar el hábitat de una mariposa nocturna llamada “hormiguera oscura”. El tramo completo, de 7,7 kilómetros, cuesta 113,8 millones de euros, con lo que el coste por kilómetro sale al precio más elevado de toda la línea. Mientras tanto, los encargados de la obra tienen prohibido hablar del “incidente” con los periodistas que acuden a investigar.

Pues eso, que ya han transcurrido cinco días, no se ha movido un granito de arena y los trabajadores tienen prohibido el acceso. La consigna es silencio total. Como el protagonista de “1984″, mi Maleni es uno de los encargados de reescribir la historia, alterando el pasado a conveniencia del partido. Aquí no ha pasado nada.

La boquita prestá

11 Diciembre 2008 kotinussa 9 comentarios

En mi tierra hay una expresión que es “tener la boca prestada” (léase prestá). Se usa cuando quisieras decirle algo a alguien pero no te atreves por distintos motivos. Por ejemplo: “Es que es para tener la boca prestá y decirle que es un esto, un lo otro y un lo de más allá”. No tiene mucha lógica, pero así es.

Por la calle se da el caso, sobre todo con madres y niños, en los que te encantaría tener la boquita prestá y soltarle a la madre cuatro verdades. Por lo menos a mí me ocurre constantemente.

Ayer por la tarde. Un macaco de tres o cuatro años sale de una tienda a la carrera, en una calle estrecha con unas aceras estrechísimas. No mira si viene un coche, una persona mayor, o lo que sea. Si está pasando alguien por la acera se lo lleva por delante con el impulso. Detrás sale la madre llamándolo a gritos, sabiendo de antemano que el monstruo no le va a hacer el menor caso, pero es ya como un acto reflejo. Inmediatamente, se vuelve a una amiga y le dice “es que tiene la manía de no hacerme caso”.

A una le gustaría tener la boquita prestá y decirle: “Señora, eso no es una manía, simplemente se trata de mala educación”. Mientras ese ser no se comporte como un humano, debería usted llevarlo atado”. Si se educa a los perros, ¿por qué no educa igual a los hijos?”

Antes de ayer. Uno de esos padres “guays” que presumen de ser amigos de sus hijos le llama todo el rato “campeón”. Como el enano no ha llegado a los siete años, dudo mucho de que sea campeón de algo.

A una le gustaría tener la boquita prestá y decirle: “Caballero, aparte de saber fingir perfectamente que es un salvaje en lugar de un niño de un país civilizado, ¿de qué es campeón la criatura?”. Luego nos extraña que los niños estén crecidos y se sientan los amos del mundo, cuando llevan toda su vida rodeados de adultos que les llaman campeón porque sí.

Y así sucesivamente. Temiendo estoy las vacaciones de Navidad, cuando las calles están invadidas por padres/madres gilipollas y energúmenos de 80 centímetros.

Un, dos, tres, ¡blog!

9 Diciembre 2008 kotinussa 13 comentarios

Hace justo tres años que empecé a escribir mi primer blog. Y con la osadía y la inconsciencia del novato, lo hice con mucho atrevimiento cuando sólo llevaba tres o cuatro días leyendo los blogs de otros. Fue durante un puente de la Inmaculada, por eso lo recuerdo, porque mis primeras entradas y muchas otras se perdieron en un repente que me dio de pronto de borrar el blog y que me duró menos de un mes. Desgraciadamente, cuando me arrepentí no pude recuperar algunas de las mejores entradas, las más divertidas y comentadas.

¿Por qué lo hice (empezar, no borrarlo)? Fue una mezcla de “si tanta gente puede hacerlo, ¿por que no yo igual o mejor?” y de válvula de escape. Los que no me conocen personalmente pueden pensar, leyendo este blog, que soy una amargada que va siempre quejándose de todo (fundamentalmente de políticos) y una impertinente. A lo mejor porque tengo por donde dar salida a toda esa mala leche es por lo que en realidad doy una impresión bastante contraria. Optimista, con una sonrisa casi siempre en la boca, creo que este blog me ha quitado muchas arrugas pues es el sustitutivo de un ceño fruncido más de lo habitual. Se puede decir que en parte voy por ahí sin echar llamaradas por los ojos y sapos y culebras por la boca, gracias a este blog, recipiente inmutable de mis quejas, mis salidas de tono, mis malhumores, mis insultos y mis pérdidas de paciencia.

Tampoco es que sea lo contrario. En un comentario al post anterior, Ricardo me decía que se me notaba la alegría de vivir. Aunque he tenido bajones y momentos aún peores, ahora mismo entiendo que la vida no es una alegría. No voy por ahí encantada de haberme conocido, mi habilidad (si así se puede definir) reside más en el sarcasmo y la ironía que en provocar la carcajada. No soy el alma de las fiestas y las reuniones y los que me conocen no me definirían por el sentido del humor, en primera instancia. Tampoco definiría la vida como una desgracia que me ha tocado, sino como algo bastante aburrido a lo que cuesta trabajo sacarle el partido que compense lo que nos esforzamos en todo. Solamente eso, y nada menos que eso, aburrida.

Siento que llegada hasta aquí, necesito un cambio grande. Mi mayor sueño no es que me tocara el gordo de Navidad, sino poder darle un giro de 180º a mi vida. De pronto cambiar de ciudad, de trabajo, de amistades… de todo, y poder empezar casi de cero. De todas formas, tampoco es un deseo tan imposible. Hay cosas mucho más difíciles y las creemos perfectamente posibles. Es más, confiamos en que ocurran. Todas los años casi todos compramos algo de lotería de Navidad pensando en que nos puede tocar, y según las estadísticas hay muchas más probabilidades de que nos mate un rayo que de que nos toque la Primitiva. Y a pesar de todo seguimos. ¡Quien sabe! A lo mejor mi vida da un giro espectacular y puedo contaros aquí un montón de experiencias nuevas. Mientras tanto, no esperéis algo muy diferente de lo de los últimos tres años.

Categorías:Cosas mías

Me libré de Blas

3 Diciembre 2008 kotinussa 8 comentarios

Blas y yo llevábamos juntos mucho tiempo. En realidad, era una cuestión de inercia, porque nuestra incomunicación era absoluta. No me daba mucha lata, pero tampoco ninguna alegría. Porque era simple y literalmente un cacho de carne. Sólo necesitaba que alguien me diera un empujoncito para animarme a librarme de él, sin ternuras, sin remordimientos, con un golpe seco de bisturí.

Su nombre no es Blas a secas, sino Blasnosécuántosnoséqué, pero nunca me lo aprendo. Cuando intento recordarlo acuden a mi mente palabras aprendidas en los años escolares, como blastocito y cosas así. Sin embargo, si os lo defino sabréis perfectamente de qué estoy hablando: “tumor de tejido indeterminado”.

Mi ginecólogo le daba poca importancia y siempre dijo que, a menos que Blas decidiera darse un cambio de imagen, lo dejáramos tranquilo. Eso sí, si cambiaba de tamaño, color, etc, era cuestión de eliminarlo. Pero el pobre Blas era tan soso que ni eso se le había ocurrido en años, afortunadamente.

Hace algún tiempo fui a la revisión que me hago de vez en cuando, y veo que me han cambiado de médico. Ahora es una mujer. Su nombre, Carmen, y su apellido, de esos que tienen la mitad de los españoles, no me dijo nada. Pero en cuanto entré en la consulta la reconocí. Dios, era una antigua compañera del colegio. En los nanosegundos que transcurrieron mientras me acercaba a su mesa intenté frenéticamente recordar si “nos caíamos” bien o mal. Recordé que, aunque no éramos del mismo grupo de amigas, nos prestábamos rotuladores, nos colábamos la una a la otra en la fila y esas cosas. Uff, menos mal. Ella también me reconoció enseguida y además me recordó que en último curso de bachillerato le hice una lámina de dibujo técnico muy difícil, lo que le permitió sacar una nota bastante decente en la asignatura. ¡Quién sabe! Con una nota algo más baja quizás le hubiera faltado aunque fuera una décima para poder entrar en la Facultad de Medicina. Así que me estaba agradecida y todo. ¡Bien!

Cuando terminó de ver mi historial y después del reconocimiento, fue ella la que me animó a quitarme de en medio a Blas. Le dije que mi anterior médico no le daba ninguna importancia y que durante mucho tiempo parecía que ni estaba ahí, y por eso no me había preocupado, pero en los últimos tiempos había adquirido la costumbre de sangrar de tarde en tarde, muchas veces en los momentos más inoportunos. Entonces me animó a expulsarlo de mi vida para siempre. Era una cosa muy fácil y ni siquiera necesitaba anestesia general.

A mí no sólo me gusta tener los exteriores en perfecto estado de revista, sino también los interiores susceptibles de recibir visitas (que luego la gente es criticona y habla), así que nos pusimos de acuerdo en los detalles de la mini-operación. Mi amiga Mari Carmen, enfermera, se las arregló para acompañarla en el quirófano ese día. ¡Vaya! Parecía que todos mis conocidos iban a darse ese día un paseo por mis interiores.

Y, cuando entro en el quirófano, lo que faltaba: el anestesista era un chico que durante muchos años, hasta que se casó, vivió en el piso superior al mío. Así que el trío era una compañera de colegio, una amiga y un vecino. Parecía que en vez de ir extirparme a Blas había mandado las invitaciones para una boda. En fin, pasé un poco de corte a cuenta del vecinito, porque sólo quien haya pasado por la situación de estar despatarrada en esa posición tan poco discreta en la que te colocan, mientras varias personas se mueven con toda naturalidad por la habitación, sabe lo que es eso. Pero la verdad es que el muchacho estuvo prudente y se mantuvo todo lo alejado que pudo.

Y aquí estoy, con la sensación de haberme quitado un gran peso de encima porque aunque el pobre Blas era algo así como una lenteja gordita, y sólo debía pesar unos pocos gramos, cuando sabes que tienes un cuerpo extraño dentro del cuerpo te da la impresión de que debe ser del tamaño de una naranja de zumo.

Categorías:Cosas mías