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Archivo para Septiembre 2008

Jardines zen de color malva

20 Septiembre 2008 kotinussa 15 comentarios

Cuando se creó el Ministerio de Igualdad decidí escribir un correo que os reproduzco en su integridad. Mi mensaje fue enviado el 14 de junio de 2008:

Ante la falta de información concreta sobre a quién procede hacer la siguiente consulta, ruego remitan mi mensaje de correo a la persona indicada, agradeciendo de antemano dicha gestión, en caso de ser necesaria.

Mi consulta es la siguiente:

Soy una mujer de 48 años de edad, y desde hace más o menos 20 años me veo afectada por una enfermedad que me impide realizar una vida normal, como es la fibromialgia, aunque el diagnóstico llegó mucho más tarde, por ignorancia de los médicos sobre la enfermedad. En realidad, en estos momentos estoy en pleno proceso de diagnóstico psicológico y psiquiátrico para tratar de aquilatar si se trata de fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, o las dos cosas a la vez (se pueden dar las tres posibilidades).

El hecho de que sea una enfermedad que afecta sobre todo a las mujeres (hay hombres que la padecen pero muy pocos), nos ha situado siempre en una posición de inferioridad, agravada por el hecho de que hasta hace muy pocos años ni enfermos ni médicos sabían nada sobre ella. A día de hoy, como todavía se ignora lo que la causa, no se sabe qué hacer para curarla. La mayoría de nosotros hemos pasado muchos años de especialista en especialista antes de ser finalmente diagnosticados al dar, por casualidad, con alguno que sabía hacerlo.

Como es una enfermedad que no aparece en ningún tipo de prueba (no hay análisis, radiografía, ecografía, tac, resonancia magnética ni ninguna otra prueba que pueda detectarla), y afecta mayoritariamente a mujeres, en un evidente ejercicio de discriminación y machismo por parte de los médicos, siempre fue considerada como algo “producto de los nervios que estaba sólo en la cabeza de las mujeres”.

A esa discriminación hay que sumar otra más, y es que según seamos residentes en una u otra comunidad autónoma tenemos distintos derechos y distinta atención médica. Por ejemplo, en mi caso, que soy andaluza. En Andalucía no se considera motivo para una incapacidad laboral, y ésta es denegada por sistema, sea cual sea la gravedad del caso. Los casos en los que se obtiene es mediante un pleito contra el SAS. Hay ya dos bufetes (en Sevilla y Jaén) especializados en este tipo de demandas. Pero convendrán conmigo en que no es la solución ideal. Lo que se hace en esta comunidad es esperar a que el enfermo de fibromialgia llegue a padecer una depresión mayor o sufra un infarto (por ejemplo) para conceder entonces esa incapacidad pero por esos motivos, no por la fibromialgia en sí. Y en el caso del síndrome de fatiga crónica (muy difícil de distinguir de la fibromialgia), lo mismo, a pesar de que es todavía más grave.

Por ello recibí con alegría la noticia de la creación de un Ministerio de Igualdad. Este ministerio se ha propuesto con toda energía la lucha contra los malos tratos que, aunque no sea un problema exclusivo de las mujeres, afecta mayoritariamente a ellas. De forma que me pregunto si, igualmente, se plantea eliminar las desigualdades que afectan a los enfermos de una enfermedad que no es exclusiva de las mujeres, pero que también nos afecta mayoritariamente a nosotras. Y si la lucha contra la desigualdad va a significar también luchar contra la diferencia de derechos por el hecho de vivir en una u otra comunidad autónoma.

A lo dicho anteriormente hay que añadir que las mujeres que más sufrimos por esta enfermedad somos las que contamos con menos privilegios económicos y sociales. Un ejemplo podría ser el de la política Manuela de Madre, que creo que en su momento se pensó en que fuera candidata del Partido Socialista Catalán a la Generalitat. Y a causa de esta enfermedad, no sólo no pudo serlo, sino que se vio obligada a dejar la alcaldía que hasta entonces ostentaba. Esta señora escribió un libro muy optimista en el que, aunque reconocía que había tenido que dejar de conducir, que había días que no podía ni peinarse ni tenía fuerzas para abrir una botella o lavarse los dientes y por ello se había comprado un cepillo de dientes eléctrico, decía que era algo que se podía sobrellevar bastante bien si uno se lo proponía. Ante la indignación de miles de enfermos de fibromialgia de toda España, en un artículo que yo leí, Manuela de Madre reconoció que el libro podía haber hecho mucho daño en la concepción que la persona que no tiene esta enfermedad tiene sobre nosotros (reforzaba la idea equivocada de que quien no se sentía bien era porque no se lo proponía), porque era totalmente cierto que ella era una privilegiada por su situación social y económica, y no podía compararse con la mayoría de las enfermas. Que ella no tiene que realizar las faenas de la casa, y que incluso puede permitirse el lujo de “trabajar” desde casa y acudir al Ayuntamiento sólo los días de pleno. Nada que ver con la realidad de los que nos levantamos cada día a las 6:15 de la mañana, salimos para el trabajo a las 7 y llegamos a las 15:30 para encontrarnos nuestra casa tal como la dejamos.

En fin, resumiendo, que mi mensaje es un ruego para que el recién creado Ministerio de Igualdad se ocupe también de un caso flagrante de discriminación y desigualdad como el nuestro, que está haciendo sufrir cada día por el resto de su vida a muchas mujeres lo que sólo un enfermo que ha experimentado esto puede comprender.

Gracias por su atención y quedo a la espera de su respuesta.

Cuando ya hasta se me había olvidado el envío de este mensaje, tres meses después, el 10 de septiembre de 2008, me llega la respuesta:

Estimada Kotinussa:

En primer lugar lamentamos el retraso de nuestra contestación pero los cambios estructurales y administrativos que han venido derivándose del recién creado Ministerio de Igualdad nos ha impedido proceder con la puntualidad deseada.

Con respecto a la situación de salud que nos plantea, en primer lugar lamento que su padecimiento, como muy bien expone, sea tan complejo y le deseo que el diagnostico le sea beneficioso para adecuar el tratamiento y mejorar en su enfermedad.

Le informo que, La Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres (BOE nº 71 de 23 de marzo) señala en su art. 27. El Principio de igualdad en la política de salud y en los apartados 1 y 2 que las políticas de salud integrarán …..las distintas necesidades de mujeres y hombres y las medidas necesarias para abordarlas adecuadamente. Igualmente, las Administraciones públicas garantizarán…..el principio de igualdad de trato, evitando que por sus diferencias biológicas o por los estereotipos sociales asociados, se produzcan discriminaciones…..

No obstante, sobre este asunto esta Secretaría carece de competencias en materia de salud, es por ello que se remite su escrito a la Oficina de información y atención al ciudadano del Ministerio de Sanidad y consumo para que le informen al respecto.

Agradeciéndole la confianza depositada en este Ministerio de Igualdad, le saluda atentamente,

LA UNIDAD DE APOYO DE LA SECRETARIA GENERAL DE POLÍTICAS DE IGUALDAD.
MINISTERIO DE IGUALDAD.

La verdad es que se me han creado dos dudas bastante grandes, pues si el Ministerio de Igualdad no se va a preocupar de que todos los ciudadanos de las diferentes comunidades españolas cuenten con los mismos servicios ni derechos, y además, al tener transferidas casi todas las competencias a las comunidades autónomas, tampoco pueden ocuparse de casi ningún asunto que les plantees, ¿para qué va a servir?

Por otro lado, ¿qué entienden estos políticos que significa entonces el concepto “igualdad”? No olvidemos que la primera metedura de pata de nuestra nunca bien ponderada Bibiana fue cuando dijo, tras su elección, que la igualdad era lo principal y más importante para una democracia, olvidándose nada menos que de la LIBERTAD.

En estos últimos días he tenido dos noticias. La ministra se ha montado en su despacho del Ministerio un jardín zen, para meditar. Por otro lado, ha decidido desmarcarse de la tónica general de todos los ministerios en cuanto a los logotipos e imágenes identificativas de las instituciones del gobierno español, olvidando que Zapatero se gastó 700 millones de euros de nuestro bolsillo en una campaña para homogeneizar la imagen del Estado. Por lo visto eso del amarillo y el rojo y la banderita europea no pega con su jardín zen y ha elegido un logotipo de color malva que, a su juicio, es más acorde con el feminismo. Así que por lo menos, entre lo del jardín zen y el logotipo malva, me digo que el Ministerio podrá servir para hacer consultas sobre decoración.

¡Y me lamentaba por la desaparición de mi Carmen Calvo de mis entretelas de la escena política, cuando mi paisana va a dar mucho más juego!

P.D. Por si alguien no se lo imagina, yo en realidad no esperaba ninguna solución. Escribí más por la curiosidad de si contestaban y por si acaso me daba material para el blog.

Tal día como hoy, hace dos años: Necesito un gurú

Ajustando cuentas

6 Septiembre 2008 kotinussa 11 comentarios

Por parte de mi familia paterna llevamos todos un gen peleador y discutón que hace que nos enzarcemos en interminables discusiones por las cuestiones más nimias. Cuando, después de un montón de tiempo gastado inutilmente, alguien está a punto de rendirse, pregunta “¿Merece la pena que perdamos tanto tiempo en esta tontería?”, siempre hay alguien que contesta “Pero, ¿y lo bien que lo pasamos?”

Hoy me he levantado con el gen peleador y discutón con ganas de garata, pero como no he salido y la única visita que he tenido ha sido de mi hermano (que hoy ha estado muy complaciente y prudente), no había tenido oportunidad de darle el gusto al gen en cuestión. Así que lo he enfocado por otro lado. Voy a ajustar cuentas con alguien, aunque sea del pasado más remoto.

Y leyendo una noticia se me ha venido a la mente inmediatamente una cuenta pendiente que ajustar, aunque sea con un difunto. El hecho de estar difunto no lo libra de mis rencores, pues fue un hijo de puta y un amargado vengativo toda su vida, máxime cuando era profesor de universidad en unos tiempos (curso 79-80) en los que ellos trataban a los alumnos como escoria con total impunidad.

El caso es que en Italia han condenado a un profesor a 3000 euros de indemnización y siete meses de cárcel por usar el trabajo de dos alumnos para publicarlo en un libro, con el que además optó a un concurso para una plaza universitaria. Pensé que si eso se hiciera aquí, los tribunales no darían abasto, serían más casos que los de mujeres maltratadas.

Por eso hoy voy a ajustar cuentas pendientes con J.M.S. (encima no soy mala gente del todo y sólo pondré sus iniciales). Algunas personas que hayan estudiado en Sevilla lo reconocerán por algunos datos, pero eso ya no es mi problema.

J.M.S. era un amargado por muchas razones. En primer lugar, era gay. Y en los años 79-80 eso te convertía en un paria no sólo para los conservadores, sino también para toda la izquierda en general, que no se recataba en tildarlos públicamente de enfermos y ridiculizarlos. Además, se consideraban poco apropiados para ostentar un cargo medianamente importante, pues su condición les hacía presa fácil para un chantaje. Ante el hecho de que alguien estuviera dispuesto a acusar públicamente a Fulanito de gay, éste era presa fácil para el chantajista en cuestión. La izquierda española consideraba la homosexualidad relacionada con la degeneración burguesa. Stalin envió a los homosexuales a los campos de concentración lo mismo que Hitler, y el socialismo y el comunismo en general consideraron siempre al homosexual como ser enfermo y patológicamente desequilibrado que no tenía cabida en la utopía proletaria. Precisamente en enero de 1977, Tierno Galván, en una entrevista a Interviú, se refirió a la homosexualidad como algo indeseable, “una desviación del instinto”. “No creo que se les deba castigar. Pero no soy partidario de conceder libertad ni de hacer propaganda del homosexualismo. Hay que poner límites a este tipo de desviaciones”.

“Otros líderes de aquella izquierda socialista expresaron similares actitudes discriminatorias y anti-homosexuales, justo las que quedaron plasmadas en otro libro, compilado por Fernando Ruiz y Joaquín Romero: Los partidos marxistas: sus dirigentes / sus programas (Anagrama, 1977). Así, Eladio García, del Partido del Trabajo en España, tras reconocer que no estaba preparado para aceptar las relaciones físicas entre hombres, habla de “degeneración” y asegura que “la homosexualidad ha de ser condenada” (pág. 164). Para Manuel Guedán, dirigente de la Organización Revolucionaria de Trabajadores, ser homosexual “es una alteración de la sexualidad. No es una forma normal de entender las relaciones sexuales, no es un modo natural y puede verse en un tipo de deformación educativa, psicológica o física” (pág. 108). Algo parecido dice Diego Fábregas, de la Organización de Izquierda Comunista de España, quien se reconoce “reaccionario” en cuanto a la homosexualidad, pues a quienes practican eso, afirma, “ni hay que estimularles ni hacer una liga para defenderlos” (pág. 93).” (1)

Insisto tanto en este tema porque la mayoría de mis lectores no recordarán aquellos tiempos, ni el ambiente que a principios de los 80 se respiraba en la Universidad sobre este tema, ni cabrá siquiera en su imaginación. Eso explicaría en gran parte la conducta de J.M.S., que temía ver frustrada su carrera en la universidad si se conocían sus inclinaciones. No era el único. En el Departamento de Arte había varios, uno de ellos con el significativo mote de “La Venus de ébano”. Pero los otros lo llevaban con menos amargura y resentimiento que J.M.S. y, sobre todo, no lo pagaban con sus alumnos.

El Departamento de Arte estaba dividido en dos facciones, los fachillas y los progres, y en ninguna de ellas tenían cabida los gays, que se veían obligados a vivir una doble vida (alguno de ellos se llegó a casar y todo) y a acudir de tapadillo a los locales para gays más recónditos, donde estuvieran seguros de no encontrarse a nadie conocido.

J.M.S. usaba una artimaña muy corriente. Se ponía de acuerdo con una alumna trepa de los últimos cursos o recién licenciada, preferentemente guapísima y estupenda, y la usaba de tapadera llevándola colgada del brazo a cuanto acontecimiento social se producía en Sevilla. A cambio, la favorecía con su ayuda para obtener becas cuantiosas, escribía artículos para que ella los publicase con su nombre y la favorecía de todas las formas posibles.

Aunque nuestro grupo era muy pequeño, yo era discreta y no llamaba la atención en clase. Durante algunos meses, J.M.S. no me prestó atención. Hasta que se enteró de que su alumna-tapadera vivía en mi mismo colegio mayor y salía en mi pandilla. Eso lo puso muy nervioso porque pensó que ella me había puesto al día de su “problema”. Y entonces un día, sin que hubiera sucedido absolutamente nada, y ante varios testigos, se dirigió a mí por primera vez durante el curso y dijo textualmente estas palabras: “Y a ti, hagas lo que hagas, no te pienso aprobar en junio”. Y todo esto antes de que hubiéramos hecho siquiera el primer examen del curso. Con esa impunidad actuaban entonces al menos los todopoderosos profesores de la especialidad en Arte de la Facultad de Geografía e Historia en Sevilla. Yo no sabía a cuenta de qué venía aquello. Al comentarselo a mi compañera, ella me puso al día y me confirmó que él estaba obsesionado con que yo conocía toda la historia.

J.M.S., además, era un pésimo profesor. Le obligaban a dar asignaturas que no le gustaban y para las que no estaba preparado en absoluto. El primer día de clase de la asignatura “Arte clásico” (optativa anual que elegí en 4º) nos dijo tranquilamente que no tenía ni puñetera idea de la asignatura ni le importaba. Nos encargó que nos empolláramos dos libros y ya no volvió a hablar de arte griego o romano en todo el curso. Por supuesto, cumplió su amenaza. A pesar de mis magníficos parciales me puntuó ambos con 4. Tuvo que intervenir otro profesor del Departamento para finalmente me aprobara la asignatura.

Pero yo era bastante cabezona y en 5º curso me volví a matricular en una asignatura optativa cuatrimestral impartida por él: Museografía. Ya entonces me tiraba el tema de los museos y como el asunto parecía estar aclarado, le di un voto de confianza.

Pero resulta que tampoco sabía Museografía ni tenía intención de esforzarse. Si en la especialidad de Arte éramos poquísimos, en aquella asignatura optativa éramos un puñadito que no necesitábamos ni aula, dábamos clase en un despacho sentados alrededor de una mesa de reuniones. El primer día de clase nos endilgó un manual, nos asignó a cada uno los distintos sectores de la ciudad de Sevilla y nos encargó que hiciéramos un trabajo exhaustivo con los azulejos votivos que proliferan por toda la ciudad, tema que no tiene que ver ni remotamente con la museografía. El segundo día de clase nos repartió un modelo de fichas de investigación y nos explicó los datos que quería que le proporcionáramos. Y eso fue todo. No quería volver a vernos hasta final de curso. Al final del cuatrimestre ni siquiera nos preguntó si habíamos leído el manual, limitándonse a pedirnos las fichas de investigación realizadas. Un par de años después publicó un libro con nuestro trabajo. Esta vez me calificó a la primera con un Sobresaliente, no sé si por vergüenza de lo que había pasado el año anterior o porque mi trabajo de investigación era realmente bueno.

Los damnificados nos enteramos, pero decidimos dejar pasar el tema. Tampoco nos hubieran hecho el menor caso. En la Universidad de Sevilla (y me imagino que en otras de España) era algo frecuente. Un profesor de Historia de América bastante famoso “condenaba” a los suspendidos en junio a pasarse todo el verano en Sevilla investigando en el Archivo de Indias y a entregarle el fruto de su trabajo, y luego publicaba por lo menos dos libros al año, a pesar que de que los conserjes del Archivo de Indias juraban que hacía por lo menos veinte años que no había tocado un legajo. Es cierto que entonces los ordenadores eran un elemento extraño, internet no existía y estos fraudes eran mucho más difíciles de detectar, pero el boca a boca entre los alumnos no dejaba lugar a dudas.

Por eso, porque mi gen está hoy belicoso, aprovecho para ajustar cuentas con el difunto de J.M.S., sinvergüenza donde los haya, y me consuelo pensando que en otro país la Justicia lo hubiera condenado por los dos fraudes cometidos: cobrar por unas clases que jamás dio y usar el trabajo de sus alumnos en provecho propio.
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(1) Fuente: Alberto Mira. De Sodoma a Chueca. Una historia cultural de la homosexualidad en España en el siglo XX, Barcelona, Egalés, 2004.