Cada mes tiene lo suyo
Hay muchos meses con mala fama. Empezando por Enero, como si el pobre mes tuviera la culpa de que tanta gente se haya metido en gastos totalmente estúpidos y supérfluos sabiendo, como saben, lo que va a pasar después, y a pesar de ello se tiren como lobos a las rebajas de artículos totalmente innecesarios para tirar lo que queda de invierno.
Luego Mayo, con las alergias y las primeras comuniones, cuando nadie obliga a nadie a celebrarlas más que una boda.
Junio, con la lógica recogida de calabazas de quien antes no quiso dar un palo al agua durante nueve meses; y el hecho de que nos entre un ataque al vernos en nuestro color natural cuando nos asomamos al espejo de un probador de una tienda.
Septiembre, con el síndrome postvacacional y los supuestos cientos y cientos de euros de gastos por niño para volver al colegio. Y todo porque la niña se empeña en llevar todos los cuadernos a juego según diseño de Ágata Ruiz de la Prada y un modelito diferente para cada día. Y el niño tiene que estrenar el último modelo de teléfono móvil, que maldita la falta que le hace (además de tener prohibido llevarlo al colegio), para epatar a los amigos. Eso sí, a pesar de que oyendo a la gente te parece que van a pasar las familias tres meses sin comer por culpa del colegio, casi todo el mundo gasta algo empezando una de esas absurdas colecciones de fascículos que aparecen por estas fechas. Este año, de momento, la consabida maqueta de barco, una colección de rosarios y otra de abanicos con temas de obras pictóricas famosas. Y eso que el mes de los fascículos todavía no ha empezado.
O Diciembre, cuando parece que nos obligan con una pistola en la sien a efectuar unos gastos totalmente innecesarios para celebrar unas fiestas que, en el fondo, nos importan un rábano.
Pero en mi ranking particular, Agosto se lleva la palma. Y no porque sea el mes de las caravanas en carretera, de los múltiples chascos en esas vacaciones que llevamos esperando todo el año o de la masificación y la falta de servicios en todos lados, sino por ser el mes de las fiestas populares más estúpidas, indignantes y demostrativas de que en muchos pueblos de España, todos sus habitantes juntos no llegan al coeficiente intelectual de un atún.
Existen fundamentalmente dos tipos: una es correr delante de un toro, preferiblemente borracho (el corredor), con grandes posibilidades de sufrir cornadas, caídas fatales que ocasionen paraplejias y otras minusvalías y hasta la muerte, dándose el caso que no sólo no se impide sino que hasta se anima a participar a los niños.
La otra consiste en tirar (literalmente) miles de kilos de comida. Oigo hablar cada año (porque me niego a ver las imágenes una y otra vez) de la célebre tomatina de Buñol, pero en estos últimos días he podido comprobar que la estupidez está mucho más extendida de lo que parece, y he podido comprobar que en otros pueblos la gente también se tira miles de kilos de tomates o de uvas (racimos enteros) antes de acabar revolcados en el suelo en una masa repugnante, aparte de la falta de sensibilidad que supone tirar comida en este mundo donde la gente muere de hambre y donde millones trabajan de sol a sol para que cultivar esa comida por un precio mísero. En otro lugar de España, de cuyo nombre no quiero acordarme, se restriegan unos a otros miles de merengues, entre gran algazara y diversión.
Y para esto esperan todo un año al maldito agosto. ¡Qué país!





Si algo me molesta en esta vida, aparte de los restaurantes y bares que te dejan olor a comida en la ropa, es ir manchado. Y ese es el motivo por el que nunca en la vida iría a Buñol.
Y probablemente la asociación de amigos de Buñol me estará odiando en este momento y dirá “pues que venga fuera de las fiestas el muy idiota”, pero ¿quién te garantiza que no va a haber algún tarado que tenga los tomates en la nevera esperando a que yo llegue…¿
De lo de correr delante (o detrás, o en paralelo,…) de los toros, prefiero no hablar para no ganarme enemigos.
Besos.
Yo tengo manía a algunos meses (abril, noviembre, septiembre), pero a agosto no, seguramente porque he evitado cuidadosamente los pintorescos pueblos de España. Lo que sí me da muchísimo asco es lo de la tomatina, y aunque puedo pensar que a los mozos del pueblo en cuestión les haga ilusión y disfruten, lo que se me escapa del todo es que haya gente sin vinculación con el sitio que vaya allí a llenarse de pringue. Claro que tampoco entiendo a los borrachos de los sanfermines (ni a los sobrios, realmente). Ni comprendo que en todos los informativos dejen un espacio para informar de la salvajada de los petardos en no sé dónde, de lo de los tomates más allá o más acá, de los encierros en cada pueblo que haya a mano, del agua que se arroja a los mozos (y mozas) en varios sitios, y la idiotez supina, el pueblo de Valladolid que desde hace media docena de años o así (gran tradición) celebra la nochevieja en el último día o fin de semana de julio…
Eso sí, son temas delicados porque en cuanto te metes con algo de un pueblo enseguida se acuerdan los paisanos de Fuenteovejuna.
Besos
Menos mal que aquí, todo lo que se tira desde las carretas de las romerías se lo come la gente por la calle. Lo malo es cuando te llega una papa arrugá a la cabeza. Ya ni te cuento un huevo duro… Pues no, no me gustan las fiestas populares.
Besitos y feliz inicio!
Pues la Tomatina tiene repercusión internacional, unos conocidos de Israel siempre que vienen a España me preguntan por esta fiesta, que la ponen en la tele de allí.
Cuando le s dije que también había una pero que en vez de tomates se echaban vino pusieron los ojos como platos.
Lo de las uvas lo vi el otro día, salió un tío “nadando” en la calle encharcada de un líquido compuesto de mosto+mierd… fue asqueroso.
Besoss
¡¡Amén!!
Opino exáctamente lo mismo. En otros sitios tengo entendido que se tiran agua y vino también. Pero como son fiestas y tradiciones nadie se lleva las manos a la cabeza … hay que joderse. Incluso aun habiendo sequía y hambre …
De todas maneras yo antes me quejaba más por estas cosas. Se ve que con la edad empiezo a asumir que hay hábitos que nunca cambiarán.
Hace un tiempo vi en la televisión un reportaje de una tradición en la que se soltaba un toro (a ver, tampoco lo recuerdo bien. Si me equivoco en algún dato que alguien me corrija) por el pueblo y la gente le iba tirando dardos y acababan cortándole los genitales. Pues el alcalde del pueblo decía que aunque a él no le gustaba, al tratarse de una tradición era bueno para el pueblo y entonces no se podía prohibir. ¡¡Sus santos cojones le tenían que cortar!!
En fin. Siempre me acabo poniendo de mala leche cuando hablo de estos temas, así que prefiero no seguir …
¡¡Un besote, jovenzuela!!
PD: Es un piropo, no un vacile, eh?
Lo de Buñol lo tenía ya asumido. Al fin y al cabo, en todas las familias hay un garbanzo negro. Lo que me ha sorprendido ha sido el enterarme de que no es el único sitio donde hacen la misma barbaridad con los tomates, aunque no recuerdo el nombre del pueblo en cuestión. Sí que recuerdo que pertenecía a la comunidad valenciana.
Lo de las uvas me pareció asqueroso, porque dejaba unos restos en el suelo y en la gente verdaderamente repugnantes. De todas formas, todo lo que suponga tirar comida me indigna.
En cuanto a lo de los toros, no olvidemos a la cabra del campanario o a lo de los gansos de Lekeitio. Pero en fin, la cosa iba de comida y no de animales. Prometo otro post sobre este último tema para el “divertido y popular” verano del 2009.
Besos a todos.
Gracias, Koti, por este post y gracias a todos los que han comentado porque una servidora creía que era casi la única persona (junto a mi “husband”) que pensaba que esto de las fiestas populares es de las cosas más absurdas y estúpidas que existen en el mundo. No les encuentro la diversión por mucho que se la busque y yo ya me temía que fuera debido a algún gen defectuoso o a que soy una persona de lo más aburrida pero viendo que hay más que piensan como yo me siento muy aliviada.
De los toros mejor ni hablo que me enervo y los entiendo aún menos porque, como he dicho en otras ocasiones, allá en Canarias no existe tradición taurina de ningún tipo.
Besos
Parece mentira que en este país alguien haya pasado hambre de verdad alguna vez…=( triste, muy triste.