El cuaderno de apuntes

La verídica historia de Cindy y su madre

Posted by: kotinussa on: 25, Junio, 2008

Ya han pasado los días más duros de esta locura que ha sido el fin de curso. A la carga de trabajo habitual en esta época se ha sumado el hecho de que, por circunstancias que no vienen al caso, mi instituto, que es pequeño y tiene sólo 22 profesores, se ha quedado de golpe y porrazo sin 13 de ellos, incluídos directora y jefe de estudios. Y además la administrativa de secretaría estaba de baja por un accidente de coche. La consecuencia es que los 9 desgraciados que quedábamos allí hemos tenido que hacer el trabajo de 23 personas. En estos días he atendido la ventanilla de las matriculaciones, he empaquetado libros en cajas, he estado haciendo el papel de tutor en seis evaluaciones en las que los tutores no estaban… Además de dar mis clases hasta el último momento, corregir exámenes, sacar medias (iba todo el día con una calculadora a cuestas y aprovechaba hasta el momento del desayuno, entre bocado y bocado) y poner notas. Algunos días pensaba que me iba a dar un inminente ataque de nervios. Porque las cosas tenían que estar hechas, aunque no hubiera nadie para hacerlas. Cosas de la Administración.

Al mismo tiempo he tenido exámenes en la Universidad, y aunque se han presentado menos alumnos que otras veces, se me han ido muchas horas por la noche corrigiendo exámenes.

Me quedan tres días de trabajo en el instituto, pero lo peor ha pasado y estoy más tranquila. A partir de ahora recupero otra vez el uso de casi todas mis tardes y mis noches, y podré de nuevo contestar a vuestros comentarios. Por eso hoy os voy a contar una historia divertida, acorde con mi actual estado de ánimo. Es algo rigurosamente verídico; ya sabéis que no tengo talento creativo, y menos para inventarme unos personajes como estos.

Mi amigo D. es veterinario y trabaja en una clínica que está situada absolutamente pegada al peor barrio de El Puerto. Cuando se instalaron allí la zona no estaba tan deteriorada, pero en unos pocos años aquello ha experimentado un cambio tremendo, porque aprovecharon esa zona para realojar a los habitantes de una zona chabolista de Jerez. Y como tienen un local muy grande, no les viene bien, de momento, cambiarse a otra zona. Son varias callejuelas con varias manzanas de casas que forman el mercado de droga más surtido de toda la Bahía de Cádiz. Ya os podéis imaginar los personajes que pululan por esas calles. Constantemente hay ajustes de cuentas, navajazos y hasta tiroteos. Más de una vez les han traído a un herido a la clínica veterinaria para que lo atiendan. Ellos procuran llevarse bien con el vecindario y hasta ahora no han sufrido ninguna agresión ni problema grave, aunque sí momentos de bastante tensión.

El barrio está lleno de camellos de distinta categoría, pero sobre todos ellos reina una “capo” (no sé cómo decirlo en femenino, que me perdone la ministra Bibiana), que es una gitana cincuentona que es como un armario de cuatro puertas y con un pecherón que parece el mostrador de un bar. Esa señora, que es capaz de ordenar sin pestañear que le peguen una paliza a alguno (e incluso de pegársela ella misma), tiene una debilidad, y es una diminuta chiuaua llamada Cindy (pronúnciese “Sindy”), a la que lleva siempre encima y dice que es “su hija” (no “como su hija”, sino “su hija”).

Cindy tiene todo lo que una persona puede desear, y hasta lo que nadie desearía. Lo último que se le ocurrió a la dueña fue colocarle un pendiente. Los veterinarios no querían, pero al final cedieron porque temen enemistarse con ella y encontrarse al día siguiente el local destrozado. Pidieron a la farmacia un aparatito para hacer el agujerito del pendiente, anestesiaron a la perrita y le hicieron la perforación. A la dueña no se le ocurrió otra cosa que colocarle un pendiente de esos que parecen el colgante de una lámpara veneciana, pero de oro muy amarillo y con muchos corales. El pendiente pesaba más que la propia Cindy. Cuando le pusieron el pendiente, la oreja le quedaba doblada hacia abajo del peso, pero su dueña la veía monísima. Al cabo del tiempo, Cindy perdió el pendiente, y su dueña le compró un brillante, del estilo de los que lleva Beckham, y se lo volvieron a poner. Por lo menos la oreja no la llevaba plegada del peso.

Cuando van en coche, la señora se mete a Cindy en el escote, en el canalillo, y hace unos meses tuvieron un accidente. Cindy, que no pesa nada, salió disparada contra el parabrisas, rebotó y, después de chocar contra todos rincones posibles del coche, no se mató de puro milagro.

A la clínica llegó Cindy con su dueña, acompañados de más de una docena de gitanos y todos gritando como si se les hubiera muerto media parentela. Cindy tenía conmoción cerebral y una fractura craneana (cerrada, afortunadamente). Con aquel jaleo, al veterinario que estaba de guardia casi le da un patatús y en medio de la barahúnda gritaba: “¡Que entre sólo una persona! ¡Los demás que se queden fuera, por favor!” Por supuesto, la dueña gritó por encima de todo el mundo: “¡Yo, que soy la madre!”

Le advirtieron que Cindy lo tenía muy difícil, pero ella dijo que no se reparara en gastos, y que si Cindy se moría era capaz de matar a alguien (y eso no era una manera de hablar). Imagináos cómo cuidaron a Cindy los cuatro veterinarios de la clínica. Al final, Cindy sobrevivió, pero se quedó como tontita. Cuando andaba se tambaleaba y se caía para los lados y no veía bien. Pero su dueña, aunque estaba un poco triste, se daba por satisfecha con que se hubiera salvado y estaba muy agradecida a todo el personal de la clínica veterinaria. De todas formas, ellos temían que Cindy muriera en cualquier momento, y los cuatro rezaban para que a ninguno de ellos le tocara durante su guardia del fin de semana, porque se podía montar un número de tener que intervenir la policía y todo.

Mientras tanto, a la dueña le regalaron una perrita Yorkshire, para animarla. Pero ella decía que la Yorkshire era una mascota, mientras que Cindy era “su hija”. La perrita nueva no comprendía por qué a ella nunca la cogían en brazos, mientras que Cindy era como un colgante de su madre.

Finalmente Cindy murió unos meses más tarde, de una complicación renal, afortunadamente en un momento en que mi amigo no estaba de guardia. Hubo unas escenas de duelo que ni que se hubieran muerto Lola Flores y Rocío Jurado al mismo tiempo.

Ahora nos hemos enterado de que la Yorkshire está preñada y la dueña, aunque sigue recordando a su Cindy y lleva su retrato en un medallón de oro colgando del cuello, parece que está ilusionada con el nuevo cachorrillo. Da la impresión de que como este va a nacer “en su casa”, está más dispuesta a considerarla como “hija”, aunque no tanto como a la difunta Cindy.

Pero lo último ha sido que el otro día se encontró con un señor que llevaba una chiuaua como su Cindy y, según ella, se quedaron mirando la una a la otra “y se reconocieron”. Así que está convencida de que su Cindy se ha reencarnado. Menos mal que no se empeñó en quedarse con el chiuaua del individuo.

Y así estamos, esperando el parto de la Yorkshire, esperando a ver qué nombre le pone al cachorro, y a ver si el nuevo miembro de la familia hereda las joyas de Cindy. Ya os tendré informados.

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Tal dia como hoy, hace dos años: Un diamante es para siempre

14 comentarios para "La verídica historia de Cindy y su madre"

Decididamente hay gente pa tó… aunque no sepamos qué utilidad pueden tener.

Enhorabuena por haber superado el fin de curso.

Me alegro de que hayas superado los apuros de este final de curso. Ahora, a disfrutar, pues así lo haremos también nosotros contigo, aunque sea en la distancia.

La “capa”, como se podría denominar al femenino de capo (por cierto, femenino podría ser femenina también), podría protagonizar la continuación de El Sexto Sentido, ya que le pasa como al niño,que en ocasiones ve Sindiiiiiisssssssssss

Un besito, guapa. Feliz Verano

¡Que pedazo de historia, madre mía! ¿Tu sabes que novelón sale de esto? Que personaje la gitana, la Sindy, la Yorkshire, buena, pero envidiosa, el cuadro de veterinarios acojonaos con la presión…

Esto da para un peliculón…

Me emocioné tanto que se me olvidó dejarte besos. Pero te los dejo.

Bueno, has dejado claro que te mereces la vacación anual. Descansa y recupera.

Increíble el Chicago años 20. Como historia, mogollón de divertida (¿a quién se le ocurre llevar a un perro entre las tetas mientras se conduce, jajajaja?), pero que se muden de consulta.

No les hará mucha gracia a tus amigos veterinarios ver la alfombrilla del ratón de hace un año. Aunque, con seguridad, es lo único cierto del todo.

Saludos cordiales. K.W.

Hombre, yo siempre he tenido perros y la verdad es que los acabas considerando un miembro de la familia. Te duele cuando mueren y lo pasas mal. Pero de ahi a ponerle un pendiente y a montar escenas de duelo…

Vamos, como se dice vulgarmente “pa mear y no echar gota”.

Un beso guapa

Para que luego alguien se atreva a dudar que las drogas perturban irreparablemente la mente de los seres humanos. Una preguntilla lo de la palabra capo de la droga también se utiliza entre los gitanos¿?.

Raquel: La utilidad de la madre de Cindy está clara, al menos para los yonquis desde Cádiz hasta Rota: que se puedan meter en el cuerpo lo que les dé la gana hasta matarse. Aunque la historia sea divertida y esa pasión por Cindy le dé un punto tierno a la señora, no hay que olvidar que vive (y a lo grande) de eso.

Franfri y Amy: En realidad no sé qué palabra usan los gitanos para designar a los jefazos de los clanes de la droga. Usé la que me vino a la mente, aunque a esta personaja como la llaman es Rodríguez, así, sin nombre de pila.

Buch: ¿En qué quedamos, novelón o peliculón? Yo no sirvo ni para una cosa ni para la otra, pero si tú te atreves… Y esos besos post-emoción llegaron sin novedad.

Kurt: Como la Cindy era tan “menuílla”, había encontrado en el canalillo de la dueña su lugar de descanso más cómodo. Y así la madre tenía las manos libres. Muy lógico todo, como ves.

Oscura: Aquí lo peor no es que le pusiera un pendiente, que hay gente absurda por ahí que lleva perritos hasta con chupete (yo los he visto en Madrid). Lo grave es que ese pendiente de oro y corales era casi tan grande como la propia perra.

Yo estoy con Buch ahí tienes unos personajes dignos de una novela.: esa “capo”, ese chihuahua ahogado entre un par de tetas enormes… Jajajajajaja.. es genial, en serio, genial :D

Besos

;O))))))))))))))))))))))))))))))))))))):O)))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))……esto por “Cindy”….y OLE para ti…por superar tu fin de curso…
Mil Besos.
Rous.

Koti, el hotel al que voy lo puedes ver en http://www.ruralcaicune.com/, aunque ahí no te podría hacer nada.

El hotel donde está el Spa en que trabajo lo puedes ver en http://www.lacala.com, mira en el spa y dime si te gusta o no. Lo tienes a poco más de 2 horitas de tu casa, así que serás bienvenida siempre que quieras, y te haría el tratamiento encantadísimo de la vida. Enggaaaaaaaaaa, no te cortesssssssssss

Un besazo

juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa me encata la historia y me imagino ver a la gitana.. diciendo “mi hija”

pos pense que se iba a quedar con el segundo chihuahua… en fin.. ya nos contarassssssssssssssssssss.

y nena no trabajes tanto.. que hace mal….

tomo nota.. 17 de agosto… ok
besos

Esto es para que lo recordemos la próxima vez que veamos una peli de Leslie Nielsen y se nos pase por la cabeza aquella frase de “qué de tonterías se inventan los guionistas…”.

Magnífico el relato, he soltado unas buenas carcajadas, lo cual te agradezco mucho.

Besazos.

Nanny, Rous, Lukre, Illyakin: Me alegro de haberos hecho reir. No pretendía otra cosa. Y además, lo juro, todo rigurosamente verídico.

Franfri: Tomo nota. Cualquier día me presento allí, me pongo en tus manos y te digo “hazme de todo” (bien entendido).

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