Disfraces de boda
Se está celebrando en Barcelona la “Barcelona Bridal Week” (27 de mayo al 1 de junio) y, una vez más, no dejo de asombrarme ante el terremoto neuronal que tiene que ocurrir en el cerebro de una chica a punto de casarse para que no sólo se atreva a ponerse esos disfraces, sino que encima pague por ello. Y todo eso a pesar de saber que va a quedar inmortalizada para la posteridad en vídeos y fotos, y que sus hijos y nietos se carcajearán a su costa.
Particularmente me dejan perpleja las cosas que se suponen que tienen que colocarse en la cabeza. Pero, en fin, ya sabemos que el amor hace cometer muchas locuras, y está claro que ésta debe ser una de ellas.
Ahora bien, ¿por qué los invitados a la boda son atacados de repente por el mismo mal? ¿Se trata de algo contagioso? Yo pensaba que la gente tenía bastante con disfrazarse en Carnaval, donde los hombres pueden dar rienda suelta a su perpetua fantasía de vestirse de mujer y las chicas jovencitas encuentran la excusa para salir a la calle prácticamente desnudas, sin que padres o novios se sientan incómodos. Luego se quejan bastante de que pasan frío en esas noches de jolgorio y desmadre, y dicen: “¡Qué mala suerte! ¡Encima llueve!”. Queridas, no es mala suerte, sino ignorancia o estupidez por vuestra parte. Lo que ocurre es que Carnaval siempre cae en febrero, y no podéis pretender que las leyes de la climatología se vuelvan del revés para que podáis lucir vuestro cuerpo serrano en plena noche con un atuendo más propio de agosto.
Pero por lo visto eso de disfrazarse debe ser un vicio que engancha mucho, y luego se empezó a extender lo de disfrazarse de turista, que consiste en que te paseas a lo largo y ancho de un país extranjero con unas pintas con las que no te atreverías a caminar por las calles de tu ciudad. Cuando el adicto ya no tenía bastante, se decidió implantar aquí por la fuerza esa “fiesta” tan idiota de Halloween, que da excusa a millones de estadounidenses, con su mentalidad infantil, para vestirse de mamarracho. A los niños deja de divertirlos en cuanto tienen diez años (algo normal), pero en cuanto pasan de los veinticinco vuelven a la carga, pues ya se sabe que está en su código genético que su edad mental retroceda a pasos agigantados a partir de más o menos esa edad.
Y para redondear el ciclo anual, las bodas dan oportunidad a bastante gente de “disfrazarse de invitados a boda”, aunque ello les suponga pasar un rato tan malo que les impide disfrutar de lo que podría ser una ocasión agradable, divertida o emocionante. Se toman al pie de la letra eso de que “para presumir hay que sufrir”, y lo llevan hasta el extremo, dejando aparte el ridículo que hacen, usando trajes largos en bodas por la mañana o pamelas en bodas después de la puesta del sol.
Hoy en Cádiz empezó a llover más o menos a las seis de la mañana, y durante siete horas no ha parado. Además, la temperatura estaba lo bastante baja como para que apeteciera llevar una chaqueta o jersey, además de zapato cerrado y, por supuesto, con calcetines. Pero que no se piense que eso puede desanimar a un invitado a una boda, tenga la edad que tenga, que en esto la estupidez no conoce límites.
A las 13:30, después de siete horas lloviendo sin parar, cruzaba yo un semáforo en el casco antiguo de la ciudad. Aclaro este último extremo para que os imaginéis que los charcos usuales se veían incrementados por el hecho de que el suelo es de adoquines y, por tanto, bastante irregular. Cruzaban conmigo dos parejas, con edades entre los 55 y los 65 años. Por el atuendo que vestían, el sitio donde estábamos y la dirección que tomaron al terminar de cruzar, además del hecho de que era viernes, supe en seguida hacia donde iban: boda civil en el Ayuntamiento. Una de las señoras llevaba una faldita de raso, unas medias de color champagne (que a los cinco minutos parecerían de lunares, por los salpicones de los charcos) y unos zapatos de color crudo con el talón fuera. La otra iba todavía más exagerada: traje de verano sin mangas, de color fucsia, sin llevar nada que la cubriera, y sandalias del mismo color, sin medias. Las sandalias eran de ese tipo que llevan un tacón tan alto que el pie queda inclinado hacia delante de un modo totalmente antinatural, y constaban sólo de varias tiritas que se notaban cómo se clavaban en la piel a consecuencia de la posición forzada del pie. Te dolían los pies sólo de mirarlas.
Daba entre pena y risa verlas, con esos andares propios de quien no está acostumbrado a llevar esos tacones por esos suelos, además del temblor producido por el frío de una ropa totalmente impropia del día. Comprendo que hace un par de meses pensaran que en un 30 de mayo podían pasar un poco de calor, y tuvieran preparado un traje un poco fresquito. Yo también lo hubiera hecho. Pero tras ver cómo transcurría toda la mañana me hubiera plantado un traje de chaqueta y un zapato cerrado y hubiera ido comodísima y, sobre todo, sin hacer el ridículo.
Apuesto lo que sea a que antes de que yo llegara a mi casa ellas ya iban maldiciendo los zapatos, el traje de verano, y deseando que todo acabara.
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P.D. Todos los hombres sois iguales, unos falsos y unos inconstantes. Ayer volví a coincidir con Marcos en la parada del autobús, se sentó a mi lado, me dijo hola y acto seguido se volvió hacia el otro lado y sin cortarse ni un pelo le dijo a una niñita de su edad: “Yo me llamo Marcos, ¿y tú?”. Para Marcos, Kotinussa pasó a la historia después de una sola cita.
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Tal día como hoy, hace un año: El truco del almendruco





Gracias, Koti, porque ahora me doy cuenta de que, en cierta primera comunión, no era yo la que estaba haciendo el ridículo sino el resto de mujeres que por allí pululaban. Lloviendo a chuzos, temperatura máxima de 14 o 15º y todas con vestiditos primaverales o directamente veraniegos, mucha manga corta, mucho escote, mucha sandalia, mucha tela vaporosa y todas pasando un frío de morirse. Menos yo que me endosé un vestido jersey y mis botas y que les dieran a todos (al frío el primero). Pues ya son ganas de pasar frío por presumir…
Esta visto que ni con cinco años son los hombres de fiar… Tch….
Besos
Siento lo de Marquitos, lo cierto es que el chico prometía… pero ya se sabe, esos son los peores.
Y lástima que las dos invitadas de la boda no llevaran una enorme pamela, al menos podrían haberla usado de paraguas.
Yo sufro bucho cuando veo a las niñas que salen por primera vez de largo (es un decir) en Fin de Año. Se dejan llevar por lo que ven en las pelis y en las tiendas. No falla: vestiditos palabra de honor o de tirantes, negros mayormente. Y muchas veces, sólo se ponen eso, con el frío que hace. Incluso cuando llueve, Porque el presupuesto no dio para más, porque no quieren pagar guardarropa o porque quieren lucir el vestido.
Por la mañana, muchas de ellas esperan el autobús sentadas en la parada, con los zapatos desabrochados y la chaqueta de algún valiente sobre los hombros. Y con todas las papeletas de haberse pillao un señor gripazo… pienso yo siempre…
Sobre Marquitos, no te fíes de las apariencias. A esa edad son muy volubles. Igual mañana se recorre todo el autobús corriendo para poder sentarse a tu lado. Ya me contarás…
Besos
Ah… y que yo estoy deseando que me inviten a una boda donde tenga que llevar pamela, tocado, o algo en el pelo. Con unos tacones ando como un pato mareado, pero los gorros me caen de miedo, sobre todo los que tienen un aire británico. Debe de ser por mi pinta de guiri… No hay una vez que vaya al Corte Inglés en que no me pruebe unos pocos.
Ya se sabe de los hombres, no son constantes. Esto se reflejaba en el informe del meme enjuta mojamuta en el que fuiste tan amable de participar.
Bueno, te ahorras pasar una enfermedad como bien dice Miguel Arribas en su último post.
Lo que yo me pregunto es qué clase de bebedizo dan a las novias en las tiendas para que terminen pensando que midiendo metro y medio escasamente van a estar atractivas con una falda que lleve debajo un miriñaque, cómo se las apañan las dependientas para que esas clientas no piensen en mesas camillas al mirarse en el espejo y cómo nadie de su familia les dice con amor que parecen una figurita del ajedrez en lugar de Sissi, que supongo que es el efecto que buscan. También, viendo algún modelito, me pregunto cómo puede el cura concentrarse en la liturgia teniendo las tetas de la novia asomando por la cantidad mínima de tela pagada a millón, y por qué no exigen un poco de decoro en el vestir cuando la ceremonia es religiosa.
Sobre las invitadas, me pregunto cuándo se ha llegado a la conclusión de que llevar un vestido negro a una boda es correcto, y para mí que la culpa de eso la tienen los programas que hablan del fondo de armario y se empeñan en que el vestido negro te saca de todos los apuros, o por qué nadie se pone un sombrero o pamela si va a ser incapaz de aguantar con el tocado todo el tiempo, o se calza unos tacones con los que no sabe andar, o unos zapatos con vida propia. Y, no sólo en las bodas, como nadie puede ponerse unas sandalias o zapatos abiertos sin pasar por la pedicura obligatoria.
Y antes ellos tenían menos problemas, pero ahora, entre que cada vez más no tiene problemas en quitarse la chaqueta o aflojarse la corbata, y que han empezado a evolucionar los chaqués, también hay materia para cerrar los ojos cuando aparecen.
Sin embargo, lo de la indumentaria inadecuada aquí no sólo se ve en bodas, en cualquier fin de semana de enero o febrero, a punto de helar, con la cencella encima, o sin haber superado los 0º en todo el día, hay varias zonas en mi ciudad donde puedes ver niñas a partir de catorce años luciendo en plena calle sus tops de tirantes y sus minifalditas modelo cinturón ancho mientras tú pasas envuelta en abrigo, guantes, bufanda y botas. Yo creo que es el garrafón, pero no lo sé seguro.
Estoy completamente seguro de que unas botas de agua katiuska de toda la vida, pero en algún color llamativo como rojo Ferrari o amarillo Lamborghini le hubieran quedado igual de elegantes a esa señora que iba a la boda que las sufridas sandalias.
Afortunadamente no tengo ninguna perspectiva de que me inviten a alguna boda. Pero en las tres a las que he asistido en la última década he sufrido una barbaridad. Por el traje, por el calor. Por la jodida manga larga y por la jodida corbata. Y es que la gente suele escoger para casarse los meses más calurosos del año y encima proponen bailar (con la calufa que da ponerse a bailar). Luego ves a los hombres con camisas azules llenos de vergonzosos lamparones de sudor.
Respecto a Marcos, no creo que lo haya hecho por inconstancia, sino porque el otro día se dio cuenta de que en asunto de coches andas un poco pez. La niña seguro que era una ingeniera de automoción.
El Marquitos tiene tela, aunque lo has puesto a güeb. Comprende al pobre chaval, es todavía un niño, y tú estás en la pubertad, él no querrá ir tan rápido.
Al respecto de tus compañeras de cruce de semáforo: así es este país, jamía, somos así de gilipollas. ¿Que la boda es en invierno pero hace un calor de la hostia? Pues voy con mi abrigo de oso polar … ¿Que la boda es en verano pero llueve de la hostia? Pues voy en bikini y con tacón de aguja. País …
Un besito.
Todos los hombres somos iguales, como los guisantes y los chinos …
Y pensar que yo siempre me he sentido un poco rara porque nunca me ha gustado disfrazarme…
A Franfri: ¿Cómo que todos los guisantes son iguales? Te dejo uno de mis post para que veas que no
http://tontuneando.blogspot.com/2008/06/imantando-guisantes.html
Yo que siempre llevo tacones puedo certificar que caminar con ellos por un suelo adoquinado causa un dolor criminal, cachis.
Los hombres somos poco fiables, incluso con cinco años. Perdida la inocencia, la cosa va a peor…
Sobre trajes de boda, poco diré, ya que mi familia no es muy favorable. Mi hermana fue con un traje color vainilla, que más parecía de invitada que de novia. Mi hermano mayor iba de traje de americana, pero porque iba desde un juicio (es abogado), y mi cuñada iba elegante pero sin pasarse (iba directa desde la Uni, de poner un examen). Mi otro hermano y mi otra cuñada se casaron en vaqueros, y sin anillo. Igual me toca elevar el nivel de glamour de las bodas familiares, pero nunca, nunca iré hecho un payaso (ni Cristina irá disfrazada).
Besos. :-*****
Otro de los motivos (sí, hay más de uno, evidentemente) por los cuales no me caso es por el vestido. Si mi familia (y mi propio novio) ya ven que elimine la boda religiosa como un gran agravio a sus tradiciones, el hecho de que ir a mis casi 40 (tengo 36 pero tendré 40 pronto, el tiempo pasa muy deprisa) de repollo con lazo me parezca una memez no les entra en la cabeza. Así que no me caso y todos contentos.
OS voy a decir una cosa, porque desde que soy librepensador y todo, me he vuelto de un sincero que no veas. Las mujeres no estrán atractivas para los hombres cuando van vestidas de boda. Quiero decir, a no ser que sea un hombre en particular, que profese una suerte de fetichismo hacia el blanco vaporoso o algo así. Las mujeres como estáis de rechupoete es vestidas de invitadas a la boda. Medias, tacones, vestidos bonitos…Augh
Con respecto a MArcos, querida amiga Escorpio, y si quieres recuperar su corazón, te sugiero que le ignores ostensiblemente. Verás que efecto.
Jajaja! Recuerdo el día en que mi hija tuvo que ser dama de honor en una boda. El traje era tan horroroso que al par de meses lo utilicé como disfraz de carnaval. Jejeje, eso es matar dos pájaros de un tiro!
En cuanto a Marquitos, prueba con un chupete de naranja. Verás qué pronto deja tirada a la otra!
Un beso grande!
Lamento el desengaño con Marcos, y suscribo incondicionalmente el contenido magistral de tu post, si es que la gente pierde el norte mu fasilmente.
Besitos,