Hybris y Némesis
Aracne era una muchacha griega de extraordinario talento para el tejido que se atrevió a desafiar una y otra vez a la diosa Atenea. Cuando, finalmente, la diosa aceptó el reto Aracne sumó a su soberbia la ofensa de representar en su tapiz una visión insultante de los dioses, concretamente del padre de Atenea. Como griega que era, Aracne comprendió, finalmente, que había ido demasiado lejos, cayendo en la que su sociedad consideraba la peor de las faltas, la hybris, caracterizada por la confianza exagerada en uno mismo y en sus obras, unida a la falta de control de los propios impulsos, causando pasiones exageradas, sentimientos violentos y conduciendo inexorablemente a la fatalidad (Ate). Desesperada, intentó ahorcarse. Pero Atenea sintió lástima y la convirtió en araña, tejiendo eternamente su tela. No es Atenea quien la castiga, sino Némesis, encargada de sancionar la hybris, de restituir el orden cósmico natural donde cada uno ocupa su lugar. Atenea, en todo caso, suaviza el castigo. Pero Hybris, Ate y Némesis están siempre unidas, como eslabones de una cadena. Con este mito y muchos otros (Orestes, Prometeo, los hijos de Edipo…) los griegos nos explicaban que la ceguera moral que lleva al hombre a rebasar sus propios límites, la falta cometida, el castigo fatal de los dioses y la desgracia que acarrea dicho castigo son aspectos inseparables.
Todas las culturas llegaron a conclusiones parecidas, expresándolas en diversos mitos. Desear más que lo que el destino nos asigna es desmesura, Hybris, y Némesis nos devolverá al lugar que nos corresponde. La alteración de un orden previo considerado natural no es algo inofensivo, siempre pasa factura, y lo peor es que esta factura usualmente no la paga sólo el culpable, sino que la tragedia toca de paso a muchas más personas.
El caso de Aracne es ciertamente inusual, porque la hybris donde tiene su campo abonado es en el poder y la política. Siempre se ha sabido que el poder engendraba hybris, y que aquellos que tenían en su mano manejar la vida y la muerte de millones de personas estaban, tarde o temprano, destinados a “perder la cabeza” de un modo u otro. Alejados de la realidad, capaces de justificar la violencia o lo que hiciera falta, sordos a los consejos de los más sabios, convencidos de su infalibilidad. Pero vamos a peor.
Hoy día el concepto de Hybris no resulta políticamente correcto, por muchos motivos. Nuestros logros tecnológicos nos hacen olvidar la fragilidad de nuestra terrenalidad. En lugar de educar en una moral de la moderación y la mesura se ensalza la soberbia y la arrogancia, disfrazadas bajo nombres tan aparentemente inofensivos como autoestima. Se presenta la humildad y la modestia como algo risible y que nos puede estorbar en la consecución de nuestros deseos.
El resultado es que la hybris ya no afecta sólo a los políticos y gobernantes. Ya no se trata sólo del poder, sino también del dinero. Deportistas y artistas de todo género sepultados en montañas de billetes que, en un principio, ellos mismos no acaban de creer que sean para ellos. Hasta que terminan creyendo que merecen eso y mucho más.
Pero hay negocio no sólo en quien tiene un mínimo talento, sino también en quien no tiene ninguno. Y estos pobres desgraciados son explotados sin escrúpulos en penosos espectáculos que son como aquellas exhibiciones de “monstruos de feria” que tan de moda estaban hace un siglo. Gente que sólo es capaz de emitir ruidos horrísonos y desafinados se presenta a concursos musicales; chicos y chicas feos, sin estilo, vulgares y ordinarios pretenden convertirse en iconos de belleza y elegancia; gente torpe, sin condiciones físicas y sin agilidad en concursos de baile… Para qué seguir, si todos sabemos de lo que hablamos.
Los innumerables realities de televisión y sus castings previos, que se han revelado como un lucrativo negocio, se han convertido en la mayor fuente de hybris de la historia, sin nada que envidiar a dinastías de megalomaníacos emperadores o a reuniones internacionales de vanidosos y mononeuronales presidentes de gobierno. Claro que, cuando llega Némesis y envía para su casa a un individuo que acaba de hacer el ridículo más espantoso con el mismo numerito con el que toda la familia le viene riendo la gracia desde que tiene cinco años, todavía tiene la arrogancia de ponerse delante de una cámara y espetar a los millones de espectadores a los que acaba de ofender con su torpeza y su falta de talento que “no es justo”. Ahí está el problema. Mientras que a un griego analfabeto nadie tenía que explicarle lo que era Hybris, Ate y Némesis, estas criaturas no lo entenderán nunca.
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¿Y qué hacen millones de espectadores viendo semejantes espectáculos? Me da que hay muchas criaturas que no entienden griego…
Besos y buen fin de semana!
Me da la impresión de que en esta época todos juegan a ser Hybris y Némesis a la vez, vamos, lo de no ver la viga en el ojo propio.
Besazos.
El mundo de los realities es un reflejo de cómo funciona esto últimamente. Hay una necesidad de triunfar rápido, con poco esfuerzo y siendo lo más popular posible.
Me temo que para muchos, personajes como Belén Esteban son una meta a conseguir.
El problema es que hoy, después de n versiones de OT y Gran Hermano, logran poco más que el típico posado en Interviu y alguna aparición de 10 minutos en Telecinco o Antena 3, siempre hablando de OT o GH.
Reconozco que el primer Gran Hermano si lo seguí, incluso hacíamos porras en el trabajo para ver a quién echaban. Pero hasta ahí llegué.
Y creo que, relacionado con este tema, hace dos o tres semanas se pudo ver en la tele cómo tocar fondo. Una de las concursantes de ese primer Gran Hermano, aquella rubia de la pierna encima que había sido prostituta y bla bla bla, perdió a su hija después de una enfermedad de años.
A los pocos días estaba contándolo en un programa de televisión. Desconozco el motivo, si la causa era noble o si necesitaba el dinero, pero creo que hay límites que no deben pasarse.
Eso sí, en este país somos unos principiantes en esto de los realities. En Rusia hicieron uno con homeless y en EEUU tienen el mejor hasta la fecha, “el ganador será el mejor buen amigo de Paris Hilton para siempre.”
A este último me apuntaría sin pensarlo. Imagínate ir con ella de compras por Rodeo Drive, prestarle tu hombro para que calme su llanto cuando el policía de turno la pille conduciendo borracha y sin carnet, ponerte delante suyo para que los paparazzi no puedan tomarle fotos de la entrepierna al salir del coche cuando se haya olvidado de ponerse bragas…
Se me ha venido a la cabeza una escena de no recuerdo qué edición de OT (no era la primera) en la que un chico rubio y monísimo de esos con el pelo “fashioncool” hacia un lado pero que no cantaba ni medio regular, estallaba en lloros y pucheros al ser nominado y expulsado, balbuceando “es que yoooo, yoooo,… soy un artista”.
Sí, y yo soy una top model, lo que pasa es qu emido 1,73 porque soy top model minimalista, ja!.
Está todo perfecto Kott. Imposible no estar de acuerdo. Ahora bien, me ha saltado un dolorcillo de corazón cuando he nombredo a Némesis. Te explico, una vez le caí muy bien en ujn veranito inolvidable a una chica rubia, un poco mayor que yo, que se llamaba F. y se apellidaba L. (Para que veais que no me lo invento) ella tenía novio, un panadero, pero eso no era obstáculo ninguno para nuestro noble y ardiente amor. Resulta que el verano se acabó, y cuando volví, la tía se había casado de penalty con el pànadero, que, casualmente se llamaba Nemesio. (Namesio, para nosotros)
Buch. Por un momento me entraron dos temblores, a saber.
Temblor 1. Imaginarme liado con la novia de un panadero y que se case de penalti con él al poco tiempo..Una sensación terrible de ¿me perseguirá para golpearme hasta cansarse con esas manos de amasar pan que debe tener el amigo?
Temblor 2. Nemesio. Por un momento me acordé de un compañero durante muchos años de mi trabajo anterior. Pero se me pasó al acordarme que somos informáticos, no panaderos. Puff!.
Ya te imaginaba en los disfrutes con la mujer de Nemesio (omitiré su apellido por causas obvias), y yo estando en su boda…
Estupenda exposición del mito.
Pero trascendiendo las baladís flor de un día, dime: ¿el “no alterar el orden previo considerado natural” o “desear más que lo que el destino nos asigna” para no desencadenar la ira de los dioses no es justificar también el inmovilismo que el poder establecido quiere para perpetuarse? La Edad Media duró mil años, pero ¿quién desea volver al pasado?
Hace unos días fue el Primero de Mayo, creo que conmemorando que unos trabajadores norteamericanos desafiaron las condiciones laborales del capitalismo inicial en solicitud de la jornada de 8 horas y perdieron sus vidas. En algunos estados islámicos rige la “sharía”, basada en tradiciones milenarias, pero me parece que las personas de tu sexo no salen muy bien paradas.
Los mitos, al igual que las religiones, suelen ejemplificar dilemas morales que sirvan de pauta para que los comportamientos individuales estén sujetos a unas normas primordiales. Pero dale la vuelta a la tortilla y verás que también han sido y son usados para justificar un statu quo, donde unos disfrutan y otros sufren.
Un saludo, W.
Bueno, Foss, todavía no estaba casada en aquel momento, yo sólo tenía 19 o así y ella 20 ó 21. No se la merecía el Namesio, con su Renault 4, y ella toda sofisticada y con su rubiez y sus ojos azules. Sólo eran novios, pero tengo entendido que ella era una mujer de mucho carácter y se emperró en casarse, y parece ser que el penalty fué provocado. Ya ves tú. Me voy a mis cuarteles de invierno, y cuando vuelvo al verano siguiente, decidido a que aquello fuera la historia definitiva, ni rastro de ella, solo de la noticia de su casorio…maldito Namesio…así se le hayan recocido las baguettes…
hola koti..
creo que ese efecto o como se llame,, esta muy presente hoy en dia no…??
sera que hemos vuelto a la epoca de los griegos???
ya estoy en casa..
un beso
Zafferano: Ten en cuenta que en esos programas, lo que se diga o entienda es lo de menos. Creo que cuenta más la imagen que otra cosa.
Illyakin: Todos tenemos ese peligro, pero en diferente grado. En realidad, creo que los que corren más riesgo son los políticos, que acaban creyéndose unos superhéroes que no tienen que dar explicaciones, ni sujetarse a las mismas normas que el resto de los mortales. Estoy convencida de que la hybris es más propia de los políticos que del resto de los mortales.
Foss: ¿No te ha hecho más ilusión convertirte en bloguero admirado y jaleado por una pandilla de incondicionales como nosotros? Por otro lado, yo también tuve temblores después de leer el comentario de Buch, aunque por razones diferentes a las tuyas, como leerás un poco más abajo.
Grace: Jo, pues yo mido sólo 1′60, y también quiero ser modelo. Aunque el físico no me acompañe, yo “por dentro soy tan modelo como la mejor”, y eso no me parece “justo”.
Buch: Ay, ay, menos mal que en tu segundo comentario aclarabas un poco el tema de los tiempos. Porque a falta de más explicaciones podía pensarse que el niño penaltista atribuido al Namesio podía ser incluso tuyo. Así me quedo más tranquilo. Y la rubia, no dudo que coma buen pan, pero contigo seguro que se hubiera divertido más. Ella se lo perdió.
Kurt: Por supuesto que no me refería a ese inmovilismo del que hablas. El mito no era para tomarlo al pie de la letra. Cuando hablo de “desear más de lo que el destino nos asigna” me refiero a deseos legítimos. Aludía exclusivamente a que mucha gente se niega a tomar conciencia de sus límites y sus limitaciones (lo que a la larga no dudo que le producirá bastante sufrimiento innecesario). Creo que, como bien dicen tantos textos famosos, tenemos derecho a la búsqueda de la felicidad, pero ese derecho se confunde con el derecho a la felicidad, que no existe realmente. Y lo que ya es delito es la exigencia de que me proporcionen la felicidad (o lo que yo entiendo por ella).
Lukre: Bienvenida. Espero que hayas disfrutado. En cuanto a tu comentario, creo que en determinadas cosas, el hombre siempre se ha comportado igual, y el poder, la soberbia, la vanidad y tantas cosas reales o imaginadas siempre se le han terminado “subiendo a la cabeza”.
Si, sí, mucho Hybris pero me parece a mí que a esa panda de frikis no hay manera de que Némesis les haga cambiar de opinión. Yo no sé quien les dirá que tienen talento, si es cosa de los demás o es cosa suya creer que poseen algo de lo que carecen pero me da una pena tremenda ver a esa gente hacer el ridículo en la televisión.
Besos
Acabo de llegar de un breve viajecito; por eso no actualizaba. Ya lo he hecho. Pero veo que tú sigues desganada, que este post ya lo había leído antes de irme. Un beso.
La televisión es una ventana hacia la información y la cultura.
Saludos.