Ponga un síndrome en su vida (III)
Los viajes son causa de muchas decepciones. Tenemos un primer grupo de decepciones formado por los engaños, estafas e incumplimientos de agencias de viajes, compañías aéreas, etc. En rigor, una gran parte de esas decepciones podrían ser evitadas, ya que en parte se deben a sostener contra todo pronóstico que en algunos sitios regalan duros, no ya a cuatro, sino a dos pesetas. Si un hotel sale baratísimo y al mismo tiempo promete un lujo excepcional, algo raro pasa; si un pasaje de avión cuesta la mitad que el mismo en otra compañía, la hora de salida del vuelo será altamente inconveniente, por ejemplo. En resumen, la acumulación de ese tipo de decepciones será directamente proporcional a nuestra ingenuidad. O también al hecho de que estemos firmemente convencidos de ser mucho más listos que el resto de los mortales. En ambos casos, culpa nuestra.
Un segundo grupo de decepciones tienen su origen en el hecho de viajar a un lugar en un momento inadecuado. No es lo mismo viajar a Grecia en agosto que en enero, o visitar la India en plena temporada de monzones. Si uno no puede escoger cuándo viajar debe sopesar los posibles inconvenientes y, en cualquier caso, no quejarse después. Me resulta sorprendente que año tras año haya gente empeñada en viajar al Caribe en fines de agosto o septiembre, y que luego se indigne por haber pasado las vacaciones encerrada en una habitación de hotel mientras fuera ruge un huracán. En el fondo, volvemos un poco a lo dicho anteriormente, o a ver si no por qué va a existir lo de temporada alta, media o baja, con enormes diferencias de precios.
En este grupo incluiría a los que se empeñan cada Semana Santa en ir a una playa española. Por supuesto que puede darse el caso de unos días espléndidos, pero hay que reconocer que es la excepción más que la regla, lo que no es de extrañar porque estamos al comienzo de la primavera, ni más ni menos. Cada año, en los telediarios, se ven imágenes de rostros compungidos de paseantes que deambulan por paseos marítimos arrasados por temporales, sintiéndose muy desgraciados porque no han podido sacar el bañador de la maleta.
Un tercer grupo de decepciones se debe al hecho de no conocernos a nosotros mismos. Si somos de los que le hacen ascos a todo lo que no sean las croquetas de mamá, lo tenemos claro. Si nos gusta la bulla y el trasnoche, una casa rural en mitad de un valle de Cantabria puede no ser lo adecuado.
Hasta aquí se podría decir que de todas esas decepciones nosotros mismos somos los culpables, por no haber recabado la información necesaria o por empeñarnos en negar la realidad. Pero hay otras decepciones mucho más difíciles de evitar, que son las que nacen de la diferencia entre nuestras expectativas al planear el viaje y la realidad que nos encontramos. Por ejemplo, cuando has visto cientos de veces fotografías de un monumento o una obra de arte en un libro, y cuando lo tienes delante experimentas la desilusión de encontrarlo más pequeño, menos impresionante o no tan bonito como pensabas. A mí me sucedió con el interior de la catedral de Santiago, que me pareció bastante insignificante para lo que esperaba.
Eso, ni más ni menos, es lo que suele suceder con las ciudades más idealizadas por la literatura y el cine, y en su caso extremo da lugar al llamado “síndrome de París”. Está descrito en la literatura médica desde 2004 y parece ser que afecta sobre todo a los japoneses. Llegan a la ciudad con el tópico incrustado en las circunvalaciones cerebrales y se encuentran con la mala educación de sus habitantes y el individualismo que contrasta con el espíritu de grupo habitual entre ellos, y sufren un auténtico shock cultural. No debe tratarse de casos aislados, ya que la embajada japonesa dispone de un teléfono que atiende a estos casos las 24 horas del día, teniendo previsto incluso el ingreso en hospitales, y los hoteles más exclusivos proporcionan los servicios de psicólogos especializados. En la mayoría de los afectados los síntomas remiten con este primer tratamiento, pero más o menos una docena de japoneses al año deben ser repatriados rápidamente ante el estado de ansiedad y los ataques de pánico que sufren. Los casos más graves han desembocado incluso en intentos de suicidio.
Por la inactividad que he podido observar esta semana en los blogs que leo habitualmente intuyo que muchos habréis estado fuera de casa. Espero que no os haya atacado ningún síndrome allá donde hayáis estado pero, en cualquier acaso, os ofrezco también la idea como coartada laboral para alargar unos días más las vacaciones.
Tal día como hoy, hace dos años: El tema de moda





Mi hermana sufrió también su ataque de ansiedad en el viaje a Paris porque en todas partes le cobraban un duro por usar el retrete, cosa que en España sería causa suficiente para rajarle la oreja al dueño del recolector de mierdas.
Mi truco para no incurrir en todas estas decepciones es viajar lo menos posible: y lo menos posible es hacer sólo el trayecto en coche de casa a la oficina (si tengo que ir a IKEA o a ALCAMPO me queda de camino…. jiji).
Y aunque no he ido de viaje esta semana, aproveché que los demás sí estarían para no postear. Lo cierto es que he estado haciendo una maratón de bricolaje y no había fuerzas (todavía estoy un poco zumbado).
Esto ya es como una costumbre, digo lo de esperar usar el bikini en semana santa. Porque incluso los que vivimos todo el año en zona costera y sabemos perfectamente que no hay semana santa sin lluvias (caiga cuando caiga) también tenemos la esperanza de poder ir a la playa en esos días. Cachis.
yo he vuelto no sé si con síndrome, pero sí decepcionado y me duele más de lo que imaginas, pero de ahí a ir al sicólogo, espero que contarlo en mi cuaderno sea suficiente,
besos,
Por suerte la única desilusión que he tenido fue con el Acrópolis, sólo en su tamaño, me lo imaginaba más grande.
Supongo que no me llevo muchas desilusiones porque a los sitios que voy son lugares que por alguna razón siempre he deseado visitar y además voy informado de lo que quiero ver, claro que siempre hay sorpresas, y un lugar lleva a otro y después a otro…
No, no tengo síndromes de esos, ¡lo que me faltaba! bastante tengo con mi misantropía.
Respecto a los japoneses, no sé qué decirte, parecen víctimas de todo tipo de síndromes, pero se lo tienen merecido, cada día son menos cuidadosos y muy mal educados, ya no son lo que eran
Besos
A mí los viajes, tal vez porque he hecho pocos, nunca me decepcionan. Viajo de manera curiosa, con los ojos abiertos y sin cuaderno de expectativas, dejando que el sitio me cuente lo que quiera contarme.
Así, hay lugares perfectamente anodinos, a primera vista, o en teoría, como Albacete, o Cáceres, en los que he pasado días maravillosos, y no hablo de gente maravillosa que te lo hace pasar bien, sino de que el sitio me gustaba y me encontraba a gusto en él.
Me pasó con Roma, normal, claro, y me pasó con Nápoles, ciudad de la que lo sé, tú no tienes muy buena opinión.
Todo el mundo me dice que tengo que conocer París y Londres. Si te digo la verdad, Londres me apetece muchísimo, pero puede que la palme sin pisar París, ciudad de la que una vez leí algo realmente gracioso: “París es la ciudad idónea para probar la bomba de neutrones: esa que mata a las personas pero respeta los edificios”
En cuanto a Londres, seguro que contigo es mejor que sin ti.
Besos, nena.
pues a mi al contrario, los viajes nunca me decepcionan, quizás unos más que otros pero no recuerdo ninguno ni con problemas ni con decepción.
siempre le busco el tema positivo.
eso si, suelo viajar en contra de las fechas estipuladas y masivas..
che koty sigo dándole vueltas al mail del otro dia contigo, cuando tenga un rato (no se cuando) te mando otro para seguir con la disertación. Aun no me cierra,
un besooooooooooooooo
Lo de los japoneses es fuera de lo normal. ¿Llegar al suicidio por la decepción en un viaje? ¡A ver quién no se ha decepcionado nunca!
A mí nunca me suelen decepcionar los viajes que hago. Lo que sí que me deja machacada es el viaje en sí (estar en el medio de transporte pertinente las horas que sean).
Supongo que no estoy echa para aguantar tanto rato tan encerrada.
Un beso koti
Agghhh, que tanto relax vacacional me trastoca el cerebro.
Hecha, de hacer, con hache
¿Reside el problema en las expectativas? Tal vez. Lo bueno de los viajes es que los haga alguien que te los sepa contar bien. Yo tengo un compañero que da gusto mandarlo de vacaciones, porque luego nos cuenta las cosas con detalle pero sin llegar a dar el coñazo.
Y un beso
Mmm, ¿síndrome por estar de vacaciones? No lo había oído nunca. Estos japoneses están fatal.
Creo que nunca me han decepcionado los sitios donde he viajado. Si la compañía con la que se viaja es agradable, hasta el pueblo de al lado puede ser un lugar perfecto para descansar y cambiar de chip.
Lo único que así recuerdo es que Venecia me decepcionó un poco, pero claro, tenía 18 años, era el viaje fin de estudios de COU, era marzo y no estaba con mi chico. Si ese viaje lo repitiera ahora con mi hombre y en una estación del año un poco más agradable, seguramente me encantaría.
Besos
Johnny: Lo tuyo con el bricolage me empieza a preocupar. Me he acordado de ti al leer esa historia tan chusca de un anciano que se suicidó construyéndose un robot que le disparara manejado por control remoto. Si tenía ya la pistola, ¿para qué complicarlo más? Tuvo que buscar en internet la forma de hacerlo, y luego construirlo. Debía ser también un obseso del bricolage. Por favor, ten cuidado, que se empieza escribiendo una oda a un taladro Bosch y se termina como el viejo pirado.
Amy: Tú lo has dicho. No hay Semana Santa sin lluvias. ¿Por qué se nos olvida de un año para otro?
Aguar: No te veo muy japonés, así que aunque estés desilusionado por algún viaje no te imagino afectado por el síndrome en cuestión. Regañón y protestón, sí, para qué vamos a engañarnos.
Goliardo: Pues a mí la Acrópolis no me desilusionó nada, fíjate. He estado dos veces en Atenas, separadas por 16 años de intervalo. Y la segunda vez tuve la Acrópolis durante una hora para mí sola, que eso sí que es excepcional. Ventajas de viajar a principios de enero, claro.
Wolffo: Tú puede que la palmes sin ir a París. Yo seguro que la voy a palmar sin ir a París. Se podría decir que me resulta tremendamente antipática esa ciudad, y los franceses no digamos. Pero como todavía me quedan muchos sitios agradables donde ir, no hay problema. En cuanto a Londres, ¿cuándo dijiste que salíamos para allá?
Lukre: Dichosa tú que puedes viajar en la época en que te dé la gana. Yo lo he hecho muchas veces, pero cada vez lo tengo más complicado. Hasta que me jubile, al menos.
Oscura: Es verdad que los viajes largos te machacan físicamente, y tengo la mala suerte de que algunos de los sitios que más me gustan están lejísimos, a un montón de horas de avión. Y luego está el jet-lag, que me afecta un montón. En fin, la sufrida vida del turista.
Buch: A mí sí que da gusto mandarme de vacaciones, porque luego traigo unos regalos preciosos. Me encanta regalar, y siempre me esmero mucho en encontrar algo perfecto para cada persona. Andaaaa, mándame de vacaciones a algún sitio bueno, ¿eh?
Binche: Yo también estuve en Venecia en marzo, y recuerdo que el tiempo estuvo bastante desagradable. A lo mejor por eso no he vuelto (y ocurrió hace ya 32 años).
En mi época de estudiante no tenía nunca un duro, así que no pude viajar a ningún lado. Después vino mi hija y hasta que no la crié no me pude mover libremente. Ahora, con algo más de recursos y mi hija ya mayorcita, disfruto con toda el alma de las salidas que hago. Realmente nunca me he sentido decepcionada. En París estuve hace años, con mi hija, y mis recuerdos son inmejorables. Me parece que los japoneses son unos mimosos… Anda que no hay motivos verdaderamente de peso para deprimirse uno!
Un beso linda!
Fíjate, seguro que a mí no me pasaría lo que a los japoneses por la sencilla razón de que si hay una ciudad en el mundo que me apetezca bien poco visitar esa es París. No me preguntes por qué, porque no lo sé, pero le tengo una tirria a esa ciudad… uf…
Yo soy tan así que no tengo ni vacaciones ni síndrome de ningún tipo.
Ah, yo también me pregunto por qué la gente se empeña en irse a la playa en Semana Santa si no falla que llueva en todas partes.
Besos
P.S.: Me olvidaba. yo también prefiero las historias de princesas que lo que cuento en mi último relato pero no podía dejar pasar el reto del “husband”
Pues por si interesa, informo que en mi reciente viaje no he sufrido ninguno de los síndromes que describes, más bien al contrario. Ah, Koti y Nanny, no es que espere convenceros, pero aunque los franceses (especialmente los parisinos) sean antipáticos (también hay abundantes excepciones), deberíais conocer París, que es una ciudad absolutamente maravillosa. Lo siento, no podía dejar de decirlo. Un beso.
No sé.. debo de ser de fácil conformar, porque a todo le acabo encontrando encanto…
Ver cosas que no veo normalmente, aunque no sea exactamente lo que esperaba, me anima.
Pues mis últimas vacaciones no he salido de casa, bueno si, para comprar el pan pero luego volver… y han sido maravillosas. Lástima que siempre terminan por acabar.
Con respecto a los viajes, sin dinero y con dos leonas, difícil son.
Besos de una maia.
Pues París es una maravilla, a pesar de los parisinos. Y lo decia Brel, un belga, casi nada.
Amiga y admirada Koti, a mí jamás me ha decepcionado un viaje. Yo me veo como una persona que siempre trata de ver lo mejor hasta en lo peor que pueda tener ante mis ojos. No he sido muy viajero, pero en los últimos años, siempre he tenido la fortuna de irme, al menos, unos diítas fuera, y jamás me ha decepcionada nada. Sí lo han hecho algunas gentes, pero eso ya es otro cantar, y otras culturas, pero nada más.
Yo no se qué Síndrome tengo, ni si me ha atacado alguno o no, pero no actualizo mi rincón ni a tiros. ¿Tendré que llamar al abuelete ese del robot para que salga de ultratumba y de un tiro me espabile? Tendré.
Muchos besitos
y yo sin un triste síndrome en mi vida, con la de ellos que hay… Los japoneses son un poco exagerados, creo yo, lo malo es que terminaremos copiándoles. Los franceses en París no constituyen un gran problema, la primera vez que yo fui apenas vi parisinos, todos éramos extranjeros fascinados y cansados, incluso quienes atendían en las tiendas de la Rue Rivoli eran dependientas extranjeras

Volviendo a los síndromes, no me gustan los que bautizan con nombre de ciudad, como Estocolmo o París, yo prefiero los que tienen nombre de escritor, o alguna referencia literaria. Si alguna vez padezco alguno espero que se tenga esto en cuenta
Besos
Yo la verdad es que para los viajes estoy bastante limitado. Solo puede ser en agosto, así que si quiero viajar ya sé cómo me va a salir la cosa (CARA!!) y que no voy a tener muchas opciones teniendo en cuenta que todo está hasta la bandera.
Prefiero hacer viajes cortitos de fin de semana o de 3 o 4 días de puente. Más barato, lo que me permite pagarlo sin que me duela tanto. Y además puedo hacer varias escapadas a distintos sitios a lo largo del año sin llegar a aburrirme todo un mes entero por haber elegido mal el destino.
En mi caso la inactividad de estos días no ha sido porque haya estado de vacaciones, sino porque mi proveedor de blog ha funcionado cuando le ha dado la gana, con mi consiguiente cabreo.
Besotes, mozuela!!!
PD: El post anterior no me ha gustado pero nada de nada, eh? Como has cerrado los comentarios no te voy a decir más, pero … un buen escobazo te daba yo!!! jajajajaja (Es broma!!! es brooomaaaa)
Hace muchos años que no viajo, principalmente por falta de dinero, pero también por falta de ganas. Creo que cualquier cosa que vaya a encontrar difícilmente será mejor que lo que ya tengo en mi biblioteca. Y que no va a merecer la pena el dinero del viaje. Y además, en los pocos viajes que me puedo permitir, en mi coche y en la península, me encuentro todo tan lleno de turistas que realmente da mala gana.