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Archivo para Marzo 2008

Ponga un síndrome en su vida (III)

23 Marzo 2008 kotinussa 22 comentarios

Los viajes son causa de muchas decepciones. Tenemos un primer grupo de decepciones formado por los engaños, estafas e incumplimientos de agencias de viajes, compañías aéreas, etc. En rigor, una gran parte de esas decepciones podrían ser evitadas, ya que en parte se deben a sostener contra todo pronóstico que en algunos sitios regalan duros, no ya a cuatro, sino a dos pesetas. Si un hotel sale baratísimo y al mismo tiempo promete un lujo excepcional, algo raro pasa; si un pasaje de avión cuesta la mitad que el mismo en otra compañía, la hora de salida del vuelo será altamente inconveniente, por ejemplo. En resumen, la acumulación de ese tipo de decepciones será directamente proporcional a nuestra ingenuidad. O también al hecho de que estemos firmemente convencidos de ser mucho más listos que el resto de los mortales. En ambos casos, culpa nuestra.

Un segundo grupo de decepciones tienen su origen en el hecho de viajar a un lugar en un momento inadecuado. No es lo mismo viajar a Grecia en agosto que en enero, o visitar la India en plena temporada de monzones. Si uno no puede escoger cuándo viajar debe sopesar los posibles inconvenientes y, en cualquier caso, no quejarse después. Me resulta sorprendente que año tras año haya gente empeñada en viajar al Caribe en fines de agosto o septiembre, y que luego se indigne por haber pasado las vacaciones encerrada en una habitación de hotel mientras fuera ruge un huracán. En el fondo, volvemos un poco a lo dicho anteriormente, o a ver si no por qué va a existir lo de temporada alta, media o baja, con enormes diferencias de precios.

En este grupo incluiría a los que se empeñan cada Semana Santa en ir a una playa española. Por supuesto que puede darse el caso de unos días espléndidos, pero hay que reconocer que es la excepción más que la regla, lo que no es de extrañar porque estamos al comienzo de la primavera, ni más ni menos. Cada año, en los telediarios, se ven imágenes de rostros compungidos de paseantes que deambulan por paseos marítimos arrasados por temporales, sintiéndose muy desgraciados porque no han podido sacar el bañador de la maleta.

Un tercer grupo de decepciones se debe al hecho de no conocernos a nosotros mismos. Si somos de los que le hacen ascos a todo lo que no sean las croquetas de mamá, lo tenemos claro. Si nos gusta la bulla y el trasnoche, una casa rural en mitad de un valle de Cantabria puede no ser lo adecuado.

Hasta aquí se podría decir que de todas esas decepciones nosotros mismos somos los culpables, por no haber recabado la información necesaria o por empeñarnos en negar la realidad. Pero hay otras decepciones mucho más difíciles de evitar, que son las que nacen de la diferencia entre nuestras expectativas al planear el viaje y la realidad que nos encontramos. Por ejemplo, cuando has visto cientos de veces fotografías de un monumento o una obra de arte en un libro, y cuando lo tienes delante experimentas la desilusión de encontrarlo más pequeño, menos impresionante o no tan bonito como pensabas. A mí me sucedió con el interior de la catedral de Santiago, que me pareció bastante insignificante para lo que esperaba.

Eso, ni más ni menos, es lo que suele suceder con las ciudades más idealizadas por la literatura y el cine, y en su caso extremo da lugar al llamado “síndrome de París”. Está descrito en la literatura médica desde 2004 y parece ser que afecta sobre todo a los japoneses. Llegan a la ciudad con el tópico incrustado en las circunvalaciones cerebrales y se encuentran con la mala educación de sus habitantes y el individualismo que contrasta con el espíritu de grupo habitual entre ellos, y sufren un auténtico shock cultural. No debe tratarse de casos aislados, ya que la embajada japonesa dispone de un teléfono que atiende a estos casos las 24 horas del día, teniendo previsto incluso el ingreso en hospitales, y los hoteles más exclusivos proporcionan los servicios de psicólogos especializados. En la mayoría de los afectados los síntomas remiten con este primer tratamiento, pero más o menos una docena de japoneses al año deben ser repatriados rápidamente ante el estado de ansiedad y los ataques de pánico que sufren. Los casos más graves han desembocado incluso en intentos de suicidio.

Por la inactividad que he podido observar esta semana en los blogs que leo habitualmente intuyo que muchos habréis estado fuera de casa. Espero que no os haya atacado ningún síndrome allá donde hayáis estado pero, en cualquier acaso, os ofrezco también la idea como coartada laboral para alargar unos días más las vacaciones.

Tal día como hoy, hace dos años: El tema de moda

Me sobran treinta años

19 Marzo 2008 kotinussa Los comentarios están cerrados

Llevo cinco días de vacaciones. Cinco días de tranquilidad absoluta, sin horarios, sin obligaciones. En esos cinco días he empezado tres post distintos, que he desechado a los pocos párrafos, porque me he dado cuenta de que lo que quiero escribir es otra cosa. Algo que no se me ha ocurrido de pronto, algo sobre lo que he reflexionado muchas veces, algo que no es producto de un disgusto, de un arrebato, de una alteración de cualquier tipo. Al contrario, es el resultado final de una meditación que sobreviene cuando no estoy agobiada por los compromisos y las prisas.

Nunca ha salido de mi cabeza, nunca lo he comentado con nadie, nunca lo he dicho en voz alta. Lo escribo aquí porque me apetece, pero no es mi intención comenzar una discusión sobre el tema. No espero que nadie me dé la razón ni que me la quite. Por eso este post tiene deshabilitada la opción de dejar comentarios.

Tengo cuarenta y ocho años. En circunstancias normales se puede esperar que viva otros treinta en buenas condiciones, si no más. Quitando el tema de la fibromialgia, ahora bastante controlado, tengo una salud de hierro. Tengo un trabajo que, aunque nunca fue mi primera opción, me gusta, aunque tampoco tengo la menor intención de hacer de mi trabajo el motor de mi vida. No es para tanto. Es algo que muchísima gente puede hacer tan bien o mejor que yo, y donde no se notará para nada mi ausencia cuando ya no me dedique a ello. De la que fue mi primera elección, la arqueología, disfruté los años que pude hasta que físicamente ya no me sentí capaz. Fueron unos años estupendos, sobre todo por la gente que conocí y que me llevó además a hacer todos esos viajes maravillosos que, hasta el día de hoy, creo que es lo mejor que he hecho en la vida.

Tuve mi correspondiente época de “vanidad intelectual”, cubierta suficientemente con publicaciones, conferencias, cursos, etc. De aquellas inquietudes sólo queda pereza y hastío cuando veo cómo la gente es capaz de pegarse puñaladas traperas con tal de conseguir que su nombre figure en negro sobre blanco en determinados lugares.

Gano más dinero del que necesito. Aunque me doy algunos caprichos, en general soy una persona austera. No debo a nadie ni una peseta y tengo unos ahorritos que me dan cada mes una renta de más de 500 euros limpios. Como no tengo necesidad, no toco para nada esa renta ni tampoco parte de mi sueldo, de forma que mi capital aumenta poquito a poco. Y eso que todavía no he heredado a nadie de mi acomodada familia. Sin embargo, no tengo ningún proyecto futuro en el que emplear ese dinero. No tengo hijos ni sobrinos, así que por ahí tampoco hay planes.

En mi familia son muy aficionados a hacer testamentos continuamente, en un intento de controlar férreamente lo que pase con sus bienes después de su muerte. Yo ni siquiera me he planteado hacerlo. Siento bastante desapego por todo lo material hasta el punto de que me da exactamente igual lo que vaya a ser de lo mío cuando yo muera. Creo que no soy egoísta, pero tampoco una filántropa. No me siento con energías suficientes para dedicar mi tiempo libre a hacer buenas obras, ni creo que eso fuera a llenar mi vida en absoluto.

Hasta ahora he vivido muy bien, lo reconozco. No tengo quejas, aunque en varias ocasiones de mi vida me impidieron tomar el rumbo que yo había decidido. Pero vamos, que tampoco ha sido para hacer una tragedia de ello. En general, sólo puedo estar agradecida a la vida.

Pero ya está. He ido quemando etapas y he llegado a todas mis metas. Habrá quien crea que eso ocurre porque me he puesto metas muy poco ambiciosas. Es posible, pero tampoco envidio a los que se las han puesto tan altas que todavía siguen corriendo hacia ellas. Tengo el convencimiento de que nada puede despertar ya mi interés durante algo más que un rato o unos días. Carezco de proyectos y de objetivos para el resto de mi vida. La sola idea de que los próximos treinta años sean una simple y monótona repetición de lo que está siendo el momento presente puede hacer que me olvide de lo que me ha gustado mi vida hasta el momento.

En resumen, que me sobran los próximos treinta años. No me importaría lo más mínimo quedarme dormida tranquilamente y no volver a despertarme. Ni siquiera pediría un pequeño margen de tiempo para hacer esas cosas que algún día quise hace y nunca pude. Al contrario que en la película de Jack Nicholson y Morgan Freeman (Ahora o nunca), si me anunciaran que me quedan X meses de vida, creo que me limitaría a no hacer nada. Y dudo mucho siquiera que se lo contara a alguien.

Me parece bastante penoso que personas de mi edad, más jóvenes y más viejas, estén muriendo cuando todavía sienten que les queda tanto por hacer. Que hace sólo unos días muriera el padre de unos alumnos míos, dejando solos a dos niños extraordinarios de 15 y 13 años; que mi amigo J. esté ahora mismo en un hospital, muriéndose de un cáncer que hace sólo un mes todavía no había dado la cara; o que Anthony Minghella no vaya a poder dirigir otras películas preciosas que seguro tendría en mente.

Es una lástima que no se puedan regalar años de vida.

Categorías:Cosas mías

El blog de la tía Pepa

12 Marzo 2008 kotinussa 19 comentarios

A finales de mes, con la excusa de una reunión de trabajo y aprovechando el puente del día de Andalucía, pasé cuatro días en Madrid. En agosto me había quedado con las ganas de conocer la ampliación del Prado y en esta ocasión hice la visita que tenía pendiente.

Junto con esos grandes cuadros de tema histórico que todos hemos visto docenas de veces en los libros (El testamento de Isabel la Católica, La campana de Huesca, Juan de Austria presentado a Carlos V en Yuste, La vocación del duque de Gandía, etc…) me encontré de pronto con una pintura de la que tenía noticia pero que nunca había podido ver. Se trata de la que se considera la mejor pintura de Esquivel, y pieza capital del Romanticismo español. Esquivel retrata a las personalidades culturales más importantes del reinado de Isabel II como si todos estuvieran asistiendo a una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor. En realidad es una reunión ficticia puesto que los cuarenta y tantos personajes retratados nunca llegaron a posar juntos.

Mi curiosidad se debía a que uno de los personajes representados en la pintura es Eusebio Asquerino, popular poeta y dramaturgo de la época. Su hermano Eduardo también fue poeta y dramaturgo, pero además periodista, dueño y director de un periódico y político (progresista, diputado en Cortes, senador y ministro plenipotenciario). No he conseguido aclarar cuál de los dos fue más famoso o mejor escritor, pues casi siempre se les cita a ambos juntos, ni por qué Esquivel incluyó en el cuadro a Eusebio y no a Eduardo. Quizás porque en esa época Eduardo estuviera viviendo en el extranjero, dedicado a su carrera diplomática. Estuvo destinado en Chile, en Bélgica y en Austria durante bastantes años. El caso es que Eduardo Asquerino era mi tatarabuelo, así es que por ese lado de la familia tengo a dos escritores de cierta fama, sobre cuya obra se han llegado a hacer tesis doctorales.

Una hija de Eduardo se casó con un militar, mi bisabuelo Gabino. Y este bisabuelo tenía un hermano y una hermana, Luis y Pepa. Luis y Pepa permanecieron solteros, y vivieron siempre juntos. Cuando Luis, que llegó a general, como su hermano, se retiró, ambos se fueron a vivir a lo que entonces era un pueblecito muy tranquilo de la costa gaditana, hoy un hervidero de gente a causa del turismo y de sus preciosas playas. Por la cercanía de este lugar con Cádiz, los tres hermanos pasaban mucho tiempo juntos. Pero más que ambos hermanos me interesa ella, conocida en la familia como la tía Pepa. En las fotos que se conservan aparece siempre vestida al estilo de fines del siglo XIX y principios del XX, con esos trajes de cuello alto y polisón, usando corsé a pesar de su edad, como atestigua la cinturita de avispa. Podría parecer que una dama así se aburriría mortalmente en un pueblecito de pescadores de aquella época, pero lo cierto es que parece ser que allí era muy feliz. Eso sí, jamás dejó de vestirse y arreglarse tal como estaba acostumbrada. Una señora de aquel pueblecito a quien ya conocí de mayor y que entonces era una niña me contó que los crujidos de sus faldas de moaré y sus varias enaguas almidonadas se oían de lejos cuando andaba.

El caso es que tía Pepa se convirtió en el personaje del lugar. Era tan metódica en su vida diaria que en una época en la que sólo media docena de hombres del pueblo tendrían reloj (incluyendo a su hermano), la vida de la gente se regía por los pasos de la tía Pepa. “Niños, a comer, que acaba de pasar doña Pepa camino de su casa“, decían las madres a los niños que jugaban en la calle. Y no se equivocaban ni en dos minutos.

Los padres de la tía Pepa (otros tatarabuelos míos) habían pensado en su momento que una señorita de la época y de su posición no necesitaba estudiar nada de nada, pero la tía Pepa, que ya de niña debía ser bastante especial, no se conformó con eso. Aprendió a leer y a escribir a escondidas, y además sola. Cuando sus padres lo descubrieron se horrorizaron. Aquello debía ser cosa del demonio.

El caso es que la tía Pepa durante casi toda su vida escribió un blog. Probablemente ella pensaba que escribía un diario, pero aquello no tenía nada que ver con los diarios escritos por señoras de la época ni por las de muchos años después. La tía Pepa no se limitaba a consignar lo que había hecho durante el día, sino que escribía sobre lo que opinaba de lo que pasaba y de la gente que tenía a su alrededor, reelaboraba los recuerdos de otras épocas y los convertía en relatos a veces divertidos, a veces emocionantes. Retrataba a aquel pueblecito con toda su gente, sus fiestas, sus acontecimientos y sus miserias. Y contaba los episodios originados en las visitas de su sobrino (mi abuelo) cuando le llevaba a los niños (mi padre y mis tíos), visitas en las que podía pasar de todo teniendo en cuenta que aquellos niños eran de la piel del diablo. Escribía con la libertad de quien pensaba que nadie leería aquello nunca, y con la tremenda personalidad de quien vivió siempre como quiso, a pesar de la época en la que le tocó vivir.

Supongo que mi tatarabuelo Eduardo y su hermano Eusebio, con sus dramones románticos y sus leyendas en verso, se horrorizarían si leyeran mi blog. Pero estoy segura de que a la tía Pepa le hubiera gustado. Y, sobre todo, estoy convencida de que hubiera sido la primera en abrir un blog si hubiera tenido la oportunidad.

Y ahora me voy a dormir, lo que por una gran casualidad hago en la cama que fue de la tía Pepa durante casi toda su vida.

Tal día como hoy, hace dos años: Kotinussa en la selva

Tal día como hoy, hace un año: De película

El chino de Chile, un misterio resuelto

10 Marzo 2008 kotinussa 10 comentarios

Ahora que, tras las elecciones, habrá un montón de pobrecitos políticos que se quedan sin chollo trabajo, veo la posibilidad de una reconversión laboral de lo más apropiada para unas personas que no saben hacer nada de nada, y que además están acostumbradas a meter la pata sin que se sientan obligadas a dar explicaciones. Me refiero a reciclarlos en encargados de hacer sonar los himnos nacionales en las competiciones deportivas, que son unos señores que sólo necesitan saber meter un cd en la ranura correspondiente, y para los que da lo mismo Chile que China.

Además, en el peor de los casos le ponen en bandeja a sus ex-colegas la oportunidad de fingirse enfadados, llamar a consulta a embajadores, exigir disculpas a niveles altísimos, con lo cual animan la aburridísima vida de los que les han sustituido en el chollo trabajo.

Praga, 1967. Partido de futbol entre una España franquista y una Checoslovaquia comunista, ahí es nada. Suena nada menos que el himno de Riego, aunque los futbolistas españoles ni se inmutaron. Creían que lo que estaba sonando era la continuación del himno de Checoslovaquia.

Mundial de balonmano 1999. Egipto. Justo antes de empezar un partido contra Argentina, la selección española se queda bastante fuera de onda cuando en lugar del himno español suena otra cosa. Era el himno de Marruecos, aunque dudo que los deportistas fueran capaces de identificarlo. El presidente de la Federación, Jesús López Ricondo, bajó indignado a la pista.

Mundial de waterpolo 2001. Fukouka. La selección española, ganadora de la medalla de oro, se abraza en lo alto del podium mientras la bandera es izada. Pero el himno no suena, no suena, no acaba de sonar. Después de una tensa espera, los españoles empiezan a tararearlo a gritos, para acabar con el incómodo silencio. El cd se había atascado.

Copa Davis 2003. España-Australia. En la ceremonia de inauguración, en Melbourne, suena el himno de Riego en lugar del himno español, y además en versión para trompeta. Aunque el himno español comenzó a sonar inmediatamente, el representante del Gobierno español en el acontecimiento, Juan Antonio Gómez Angulo, entonces secretario de Estado para el Deporte, abandonó el palco como protesta y trasladó una queja oficial.

Mundial de futbol 2006. En un partido Corea del Sur-Togo, después del himno coreano sonó… otra vez el himno coreano. La embajada de Togo no aceptó las disculpas que se ofrecieron en el momento y las exigió por escrito.

Mundial de futbol-sala 2007. Yakutia (Siberia). En un partido no oficial entre una selección catalana y otra del resto de España, a los catalanes les ponen “Els Segadors” y al equipo representante de toda España (aunque no oficial) el… God save the Queen. Después de un cuarto de hora de follón, por fin sonó el himno español y pudo empezar el partido.

Y este fin de semana, en los mundiales de atletismo de Valencia, cuando le ponen la medalla al ganador de la medalla de oro de los 60 metros vallas, que es un chino de toda la vida, sin posibilidades de error (más que nada por la carita que tiene), suena el himno chileno. Como los chinos tienen tan buen carácter y no se enfadan nunca, el chico sigue sonriendo, decidido a que nada le estropee el momento. El 99′99% de los asistentes son incapaces de notar la diferencia, así que nadie se inmuta y la entrega de medallas sigue como si nada. Pero algún aguafiestas debió darse cuenta y protestar enérgicamente, por lo que al día siguiente se volvió a repetir la ceremonia de entrega de medallas, y ese chino otra vez arriba del podium, con la sonrisa puesta. Esta vez sí sonó el himno chino.

Como se puede ver, las posibilidades son inmensas, con tal número de posibles combinaciones que es difícil que se den dos situaciones iguales. Por otro lado, a pesar de las airadas protestas oficiales, al final todo queda en agua de borrajas. Que yo sepa, nadie ha declarado la guerra a nadie por esto.

Por cierto, ¿alguien sabe por qué en las carreras de vallas las distancias son tan raras? 60 metros, 110 metros…, con lo fáciles que son las cifras redondas.

Tal día como hoy, hace un año: Mi médico quiere que me levante contenta

Categorías:Cosas que me dan risa

El meme de Enjut@ Mojamut@

5 Marzo 2008 kotinussa 11 comentarios

Me pide Lula que cumplimente un meme (¡cuánto tiempo hacía que no me caía uno!) para indagar sobre la verdad o falsedad de esa teoría que sostiene que las mujeres dedican mucho menos tiempo que los hombres a internet y que están en inferioridad de condiciones ante la tecnología, sean cuales sean sus estudios y ocupaciones.

Como suelo hacer en estas ocasiones, no se lo paso a nadie concretamente. Si a alguien le apetece hacerlo, ya sabe.

 

El meme de Enjut@ Mojamut@

Voz en off> ¿Cuántas horas al día de media pasas conectada a Internet?

Enjut@> En días laborables, tres o cuatro horas. En sábados y domingos, seis. Otra cosa es que el ordenador esté conectado más horas, aunque yo no esté allí, descargando series y películas.

Voz en Off> ¿Cuántas cuentas de correo tienes?

Enjut@> Ahora mismo activas, cinco en total. Tengo dos para el trabajo, una en Hotmail para el Messenger y el blog, otra en Gmail para un grupito muy pequeño de amistades y otra de mi proveedor de internet para un grupo amplio de relaciones de todo tipo.

Voz en off> ¿De cuantas redes sociales eres?

Enjut@> De ninguna.

Voz en off> ¿Qué te gusta más para expresarte el blog, el wiki, flikr o twiter?

Enjut@> El blog, por supuesto. A Twiter no le veo ninguna gracia, realmente me parece una solemne estupidez. A Flikr no le encuentro ninguna utilidad de momento. No me interesan las fotografías de otros y yo no suelo hacerlas. Si las hiciera, no creo que las compartiera.

Voz en off> ¿A cuántas mujeres blogueras conoces personalmente?

Enjut@> A una.

Voz en off> ¿A cuántas mujeres blogueras lees habitualmente?

Enjut@> A doce.

Categorías:Cosas mías