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Bee, el corderito travieso

Cuando yo era pequeña no se publicaban tantísimos libros como ahora. Ni para mayores ni para niños. La sección de libros infantiles en cualquier librería era bastante pequeña y, desde luego, los libros tenían un aspecto muy diferente. No había libros impermeables que se pudieran mojar, ni libros consistentes en seis páginas de cartón de cinco milímetros de espesor cada una, ni libros con sonidos, ni libros de pegatinas, ni libros-juego. Los libros eran nada más que libros, para niños que supieran leer y que usaran los libros como se usaba normalmente un libro. No eran para mojarlos o recortarlos. No se hacían para que un bestia destrozón de dos años pudiera hacer añicos con él un juguete de otro hermano (sin peligro para el libro). Los tratabas con cuidado, y los guardabas durante años, completando colecciones que luego pasaban a tus hermanos más pequeños.

Ahora los niños tienen libros en sus manos antes de que sepan siquiera hablar. Pueden abrirle la cabeza al compañero de guardería con esos tochos de cartón de seis páginas, pueden tirarlos dentro de la piscina con la alegre inconsciencia de quien no sabe lo que está haciendo ni para qué sirve ese artefacto que le han puesto en las manos. Ahora los niños tienen muchos libros, aunque les han perdido todo el respeto. La sobreabundancia de libros y el hecho de que no haga falta saber leer para jugar con ellos ha traído ese resultado inesperado. Los niños meten los libros en el agua, pero no los leen. No me extraña. ¿Cómo va a dedicarse a leer en la piscina un niño que no es capaz de leer en la cama? ¿Por qué tratar un libro con cuidado si desde que tienen un año se han acostumbrado a tratarlos a golpes porque a esa edad no los distinguen de cualquier otro juguete?

Puede que de pequeños los libros les hagan cierta gracia, pero enseguida se les pasa. Siempre que se pueda y no haya que devolverlos a los colegios a fin de curso se organizan grandes juergas para quemarlos en hogueras celebradas con risotadas y bailes. Y, por supuesto, antes que leer uno se preguntará si no se ha hecho todavía la película, por si se puede evitar la desagradable obligación.

Yo también tuve mi primer cuento antes de saber leer. Pero precisamente porque todavía no sabía leer no lo dejaban en mis manos para que lo pintarrajeara o arrancara sus páginas, y de paso aprendiera que para eso servían los libros. No era nada del otro mundo, uno de esos cuentos troquelados que valían cuatro gordas, con unas tapas de cartulina muy fina que no resistían nada. Pero tenía unos dibujos preciosos, de Ferrándiz. Se llamaba “Bee, el corderito travieso”, y estaba escrito en verso. Mi abuelo me lo leía una y otra vez, y de tanta repetición y ayudada por la rima, me lo aprendí de memoria. Era capaz de recitarlo como un loro, aunque siempre decía “Doña rama” en vez de “Doña rana”.

Un elemento importante de la historia era un cencerrito que Bee llevaba colgado del cuello, gracias al cual salvó la vida. Y del cuello del corderito dibujado en la portada colgaba, con una cintita de raso rojo, un cencerrito plateado de verdad. Ya estaba en la universidad y todavía conservaba mi cuento, con su cintita en el mismo sitio y su cencerrito intacto, con sus páginas sin pintar ni arrugar.

Entonces, en una mudanza, Bee se perdió. Hubiera preferido mil veces que se hubiera perdido mi tocadiscos o cualquier otra cosa valiosa que yo tuviera entonces, que no debían ser muchas porque no puedo recordar ninguna. Pero fue Bee el que se perdió. Y durante muchos años pensé que era algo irrecuperable, hasta que en 1989 vi otro ejemplar en una tienda. Un año antes habían vuelto a publicarlo y no era exactamente como el mío, porque no llevaba cencerrito, pero por lo demás era idéntico, con el mismo tamaño, tipo de letra y dibujos. Ni que decir tiene que lo compré inmediatamente (el segundo Bee costó 95 pesetas, según la etiqueta que todavía tiene puesta), y aquí lo tengo en mi librería, justo a mi lado.

La moraleja del cuento de Bee era “Lo que no quieras para ti, no quieras para los demás”. Y la que a mí me sugieren las librerías de hoy es que si haces libros que se puedan tirar al agua o al suelo, es allí donde acabarán.

Tal día como hoy, hace un año: Catálogo de manías

Categorías:Cosas mías
  1. aguardentero
    3 Febrero 2008 a las 10:18 am | #1

    eres políticamente incorrecta ¿lo sabías? me parece que sí :-)

    besos,

  2. PrincesadelGuisante
    3 Febrero 2008 a las 1:58 pm | #2

    Tanto duraban los libros que mis primeras «mil y una noches» me las regaló mi abuela cuando yo tenía 6 años en un libro que le había regalado a ella su padre. No fue mi primer libro, pero es el primero que recuerdo; el segundo, uno de cuentos de Hans Christian Andersen, con ilustraciones de María Pascual, fruto de un engaño urdido por esta misma abuela y yo al Ratoncito Pérez. Pero sé que antes, cada vez que estábamos enfermos, o simplemente porque sí, nos regalaban cuentos con poquita letra y mucho dibujo, de los troquelados, y nos los leían porque nosotros no podíamos hacerlo. En casa, que siempre ha habido libros en abundancia, jamás nos han dejado pintarrajear un libro o doblar una página como señal de lectura. Y hemos recibido libros de los abuelos, y de nuestros padres, aquellos cuentos truculentos con dibujos mínimos y desangelados. No me parece mal que haya no-libros, aunque no sé si ayudarán en algo a familiarizar con la lectura, lo dudo. Pero tampoco creo que inclinen especialmente a no hacerlo, a maltratarlos o a tirarlos al agua; seguro que Umbral nunca tuvo uno de esos (ni Carvalho, en la ficción).
    Dejando a un lado la evocación, a mí lo que más me molesta de las librerías no es la sección infantil en la que se encuentran tantos no-libros; me molesta muchísimo toda la broza, todos los libros de quiosco esparcidos por las mesas, y me molestan las mesas, que tienen sólo accesible lo que el librero quiere que te lleves, y en cuanto buscas otra cosa tienes que dejarte los riñones buscando en una especie de estantes bajo esas mesas.

  3. 3 Febrero 2008 a las 5:02 pm | #3

    Me dejó impactada eso de que “queman los libros”. Me parece rarísimo eso.
    La “sociedad” (o el “sistema” o yo qué sé cómo llamar a “eso”) puede decir que fomenta la lectura produciendo libros de toda forma, color y material. Nos mentimos, como en tantas otras cosas. Para leer se necesita un tiempo y un espacio de qué disponer. Y para hacerse ese tiempo y ese espacio se necesita pensar que no somos máquinas produciendo todo el tiempo cosas materiales, que el ocio es buena cosa, que el pensar y el reflexionar y el “estarse quieto” es bueno, que hay muchas formas de diversión… y tantas cosas más…

    Pero no sé. Últimamente tengo más preguntas que respuestas. Y encima me ponen a pensar con postes como este… Ag, Koti, últimamente me estrujás los sesos, gracias por eso. =)

    Y besos

  4. lukre
    3 Febrero 2008 a las 6:33 pm | #4

    me ha gustado la historia de bee. Y estado pensando y de repente me he dado cuenta que en las ultimas mini-mudanzas que hago cada vez que voy a buenos aires, me he traido mi cuento preferido de niña. Era la historia de un perro vagabundo..
    habrá sido premoritorio de lo mio con los perros???? puede.
    ahora estoy girando mi cabeza a la biblioteca y no lo veo, pero lo busare y te lo mostraré.
    besos…

  5. 3 Febrero 2008 a las 6:34 pm | #5

    Yo nunca leí libros infantiles. Cosa curiosa es que en mi familia todos conocían mi afición a la lectura (mía y de todos, a excepción de mi madre) y, sin embargo, nunca me regalaron un libro. Así que crecí leyendo DDT, Pulgarcito. Mortadelo, TBO… La Codorniz que leía en casa de mis abuelos paternos. Y, por último, los libros de mis hermanas mayores como Sodoma y Gomorra de Curzio Malaparte o La Noria de Luis Romero y cosas por el estilo, obviamente no entendía demasiado pero yo, los leía.

    Es cierto que ahora los libros infantiles se hacen como tú dices pero también es cierto que el respeto a los libros depende de lo que los padres enseñen. Mi niña tiene libros desde antes de saber leer pero nunca le hemos permitido escribir en ellos, pintarlos, romperlos o maltratarlos de cualquier otra forma.

    Besos

  6. 3 Febrero 2008 a las 8:38 pm | #6

    Por un momento pensé que el final de tu historia iba a ser que, gracias al cencerro, un día que estrujabas trastos lo localizaste en el lugar más inesperado. Así se demuestra que colocar un cencerro a un libro a un animal no evita que éste se pierda para siempre.

    Creo que a los niños actuales no les impresionarían las historias de Bee, el corderito travieso. Como alternativa, se me ha ocurrido el argumento de un cuento titulado Bee, el corderito masoquista. En lugar de hacer travesuras, este corderito para niños de hoy en día, tendría como preferencias el dejarse cortar las piernitas para que las personas las asen al horno y se las coman.

    Y la moraleja sería: si te da placer que otros te corten las piernas y se las coman, déjalos hacer.

    Ah, y habría dos versiones, una en la que sería posible tirar el libro al agua, y otra en la que sería posible quemarlo pero sin que se queme, es decir, fabricado con papel ignífugo.

    También se podría hacer una versión a prueba de atropellos. De esta forma, el niño podría ir en la bicicleta con el cuento en la mochila, que si se le cruza un Äudi A8 y le pasa por encima, el niño morirá, pero el cuento estará a salvo, y los padres podrán reclamar una indemnización por el niño pero no por el cuento.

  7. 4 Febrero 2008 a las 8:38 am | #7

    Los libros.
    La primera vez que tengo conciencia de haber ahorrado dinero que gané haciendo recados a vecinos… reuní 40 pesetas.
    Gasté 38 de esas 40 pelas en una mini colección de libros de aventuras compuesta por 4 títulos de los que, recuerdo, sólo me gustó Simbad el Marino, los otros tres me parecieron un rollo y me arrepentí de haber gastado mis ahorros en eso. Échame unos 8 o 9 años.
    Es curioso, porque hoy solo conservo el libro de Simbad (es pequeño, tamaño A-6, más o menos, tapas duras, amarillas, con unas bastante feas ilustraciones a línea, negras), imagino que los otros los tiraría.
    Yo no uso los libros como tótems. Si me gustan, normalmente es lo de dentro, y no me gastaría dinero jamás en una edición limitada, o ricamente impresa o ilustrada. Esas ediciones del Quijote, por ejemplo, me parecen molestísimas y yo prefiero el buen libro de bolsillo, de tapas blandas y estropeables.
    No recuerdo, como tú, mi primer libro, y me da cierta pena. Sí recuerdo que escribí una vez un cuento, que encuaderné con torpeza (eran dos pliegos de papel, tampoco es que la encuadernación fuera un trabajo titánico), que se titulaba “El padre que no daba sueldos” con el que intentaba convencer a mi padre de que me señalase una paga semanal. Fracasé, de modo que no volví a intentarlo.
    Y hay una aventura de libros que un día, si tienes tiempo, le echas un ojo.
    http://www.blogs.ya.com/nomelopuedodecreer/200502.htm#16
    Es sobre el libro más valioso que tengo y, si eres buena, te dejaré verlo un día no muy lejano.
    Besos, Kotts

  8. Raquel
    4 Febrero 2008 a las 12:50 pm | #8

    Yo no recuerdo mi primer libro, pero sí recuerdo el que me fascinó de pequeña tanto como para leerlo todos los fines de semana: Charlie y la fábrica de chocolate.

    Creo que es el culpable de mi adicción al chocolate.

    Recuerdo que, con el dolor de mi corazón, se lo dejé a alguien y nunca lo recuperé. Me lo volví a comprar, pero ya no era lo mismo.

  9. 4 Febrero 2008 a las 1:37 pm | #9

    Ay, Raquel, yo tengo también unos cuantos libros “perdidos”…

    Entiendo que esos libros para peques no están concebidos para perderles el respeto, sino para perderles el miedo. El amor por los libros que unos padres inculquen a sus hijos marcará la diferencia entre usarlos de flotador o leerlos durante el baño. Mi niño no hace más que traerme sus libritos y preguntarme “¿qué pone aquí?”; creo que las letras lo tienen fascinado, entiende que ahí hay un mensaje oculto que está deseando descifrar. Y yo estoy más tranquila dejando que use un libro que es difícilmente “rompible”, al igual que cuando le dejo una taza de plástico para beber agua. Al final él va a aprender a beber el agua correctamente, que es de lo que se trata.

    Por cierto, a mí me encantaba Mafalda, aprovechaba la visita a la casa de unos amigos para leerme de una atacada en una sola tarde un librito entero. Y el primer libro-libro que leí (aproximadamente 300 páginas sin ilustraciones), fue acabar de leerlo y volverlo a abrir por la primera página para empezarlo de nuevo. Debí de leerlo alrededor de cien veces; a veces lo abría por una página al azar y seguía leyendo de ahí en adelante.

    Besazos.

  10. 4 Febrero 2008 a las 3:03 pm | #10

    Aunque ya no escriba en blogspot, sigo leyéndote, que lo sepas.
    Yo nunca hje leído literatura infantil como tal. La culpa de ello la tiene mi prima mayor que me dejó en herencia su colección de libros de Sissi emperatriz, y yo ya de niña apuntaa maneras anticursilería. Así que me estrené en la literatura con Miguel Delibes (yo andaba por los 8 años o así) y “El camino”. Creo que es el libro que mejor recuerdo en cuanto a las imágenes que iba fabricando en mi cabecita mientras leía. Me impresionó, y mucho. Porque más allá de Moradelo y Filemón descubrí un mundo de películas mentales que iban ocurriendo y cuyos personajes tenían la apariencia que tú decidieses como más adecuada o que el texto más apropiada te la hacía.
    Tal como veo a los críos de hoy en día, que un lobo se coma a Caperucita les puede atemorizar tirando a poco, y las fábulas de Iriarte les sonarán a chunga totalmente.
    Por si acaso, he decidido no tener hijos.
    Me dan miedo.
    Más que el lobo.
    Besetes,

  11. 4 Febrero 2008 a las 4:34 pm | #11

    Joé, un día tenemos que hablar de lso libros que nos han impresionado y eso. Yo no conservo ningun libro, porque se los iba prestando todos a Wolffo y el tío ese, con todo lo que le queréis es un sumidero, y nada cuidadoso. Si que me acuerdo que los dos nos dimos al mismo tipo de humor fué “Treinta años de risa” de Evaristo Acevedo, que luego el hombre yo creo que ya no volvió a escribir tan bien. Con Grace comparto la admiración por El Camino, de Delibes, a mi me causó sentimientos mágicos, y, aunque no lo creais “Orzowei” de Alberto Manzi, es un libro magnífico. En cambio hay otros que no. El post un 8, Kott, pero no te duermas en los laureles…

  12. 4 Febrero 2008 a las 4:35 pm | #12

    Wolff, ¿Como era la colección esa que había una chica polaca, Katia, que pensábamos que era guapísima, y otro que se llamaba gafotas…¿gafotas? ¿Te acuerdas?

  13. 4 Febrero 2008 a las 6:27 pm | #13

    Vaya con El Camino, qué casualidad, esta misma mañana comentaba con unas amigas, a razón de que una comentaba que su sobrinito le había preguntado a su mamá si el mundo se iba a acabar, que me gustó mucho cuando uno de los niños protagonistas le preguntaba a El Mochuelo, mientras admiraban la noche estrellada, que por qué no se caían las estrellas, a lo que, tras meditarlo, le respondió: “No me hagas esas preguntas, que me mareo”.

    Recuerdo con mucho cariño ese libro.

  14. 4 Febrero 2008 a las 8:25 pm | #14

    Aguar: Yo ya no estoy muy segura de lo que soy. A veces parece simplemente que soy una cascarrabias pero te digo que, una vez más, las apariencias engañan.

    Princesa del Guisante: Es verdad que los libros duraban mucho. Yo todavía tengo algunos libros de los que usó en el colegio mi abuela (que nació en 1895). Y la mayoría de los libros de mi padre y sus hermanos cuando niños los he conocido ya siendo yo mayor, en perfecto estado. Y eso que no estaban hechos pensando en que duraran. Sin embargo, ni mis ahijados ni mis alumnos conservan libros de hace sólo unos pocos años. Y cuando les pregunto si no les hubiera gustado guardarlos, no lo comprenden. Piensan que cumplieron su misión y sólo procedía tirarlos. A eso me refería con el poco respeto o el desprecio.

    Mari Carmen: Pues sí, mis alumnos queman los libros de texto con gran jolgorio cuando ya no los necesitan. Ni siquiera se plantean reciclarlos como papel usado, sino que los queman para dejar clara su repugnancia y su odio.

    Lukre: Está claro que te gustaban los perros desde pequeñita. En cambio, lo mío con los corderos no ha tenido continuidad, jejeje.

    Nanny: A mí me leían libros infantiles cuando yo no sabía leer. Pero cuando aprendí y tomé el mando también leí en seguida libros para mayores que había en mi casa y en la biblioteca del colegio. Y, por supuesto, todos esos tebeos que nombras los compraba semanalmente. Y luego los encuadernaba en tomos gordos, para que se conservaran intactos.

    Johnny: Tus comentarios, cada vez más surrealistas. Aunque pienso que ya no puedes sorprenderme, siempre lo consigues.

    Wolffo: No me refería a libros lujosos ni valiosos por su edición. Yo cuidaba con esmero libros muy corrientes. Por otra parte, tu maniobra con tu padre me parece mundial. Apuntabas maneras desde chiquito.

    Illyakin: Probablemente tu niño no es representativo de lo que abunda por ahí, porque tú también serás distinta a la mayoría de padres. Y a mí Mafalda me sigue encantando. Por aquí la tengo.

    Grace: Me alegra mucho verte por aquí. Espero que reemprendas tu blog cuanto antes.

    Buch: ¿Qué es eso de puntuarme los post? ¡Habrase visto descaro!

  15. 5 Febrero 2008 a las 9:55 am | #15

    ¡Venga, 8,5 y no discutamos más!

  16. maria
    2 Junio 2008 a las 8:33 pm | #16

    Mi primer libro de cuentos tambien fue “Bee el corderito trqvieso”. Me lo sabia,de tanto leerlo,de memoria No lo perdi en ninguna mudanza, mi sobrina se lo llevo al igual que los cuentos de Mary ili en biscuter, Heba en Holanda, rosita Golosa y no se cuantos mas.. Al principio me los leian mis padres y hermanos, pero creo que aprendí a leer sin costarme trabajo para disfrutar de todos estos cuentos. Los cogia todos y me sentaba en el descansillo de la escalera de mi casa de Boñar para leer los cuentos, uno detras de otro. Os cuento, aún hoy entro en internet a buscarlos y una cosa curiosa, mi profesion es la docencia, en muchos momentos, las moralejas que venian en ellos me inspiran en la clase.

  17. MERCEDES
    3 Junio 2008 a las 6:48 pm | #17

    Me encantaria saber como conseguiste el libro ya que mi historia es muy parecida a la tuya con la exepcion de que yo consegui otro por Internet pero no en muy buen estado, tengo dos niñas pequeñas y megustaria que cada una pudiera tener el suyo .

    Te agradeceria que me informases

    Mil gracias

  18. o0tanzaniano0
    14 Noviembre 2008 a las 9:02 pm | #18

    sabes que?

    tengo la 8ª edicion de Bee el corderito travieso,
    se lo regalo mi tia a mi madre, de mi madre paso a mi hermano mayor, y ahra (bueno ya no estoy en edad de leerlo)
    pero en este mismo instante esta a mi lado en un arranque de melancolia XD
    me dio por buscarlo, y casualidades de la vida, he encontrado este blog XD
    bueno no se…
    solo aportar un pelin de la historia a la basta e infinita red!
    :)

    muchos besos:_

    Ä

  19. ROSAAZUL
    5 Mayo 2009 a las 6:47 pm | #19

    Hola, buscando en esta maraña de datos y archivos que es el internet nuestro de cada dia te he encontrado a ti y he sido muy feliz.
    digo esto porque llevo muchos años buscando la historia de bee el corderito travieso, mi madre me la solia contar de pequeña pero nunca recordo el final…te agradecediria enormemente si porfavor me la pudieras mandar me harias muy feliz y harias tambien muy feliz a mi madre que siempre la pobre se quedaba a medias,GRACIAS.
    UN SALUDO

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