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Archivo para Febrero 2008

El feminismo de Visa

28 Febrero 2008 kotinussa 20 comentarios

Visa ha sacado una nueva tarjeta de crédito. Se llama simplemente “Visa Mujer” y, cómo no, está decorada con florecitas. Según la publicidad es “una exclusiva tarjeta diseñada por y para mujeres”. “Especialmente pensada para que puedas cubrir tus gastos y disfrutar de tus pequeños caprichos todos los días ¡por un poco menos!”. Ofrece descuentos que son: 3% en peluquerías, salones de belleza y masajes; 2% en zapaterías y 1% en droguerías, perfumerías y farmacias. No hay descuentos para otro tipo de gastos.

Dejando a un lado que Visa considera, de entrada, que los caprichos de las mujeres son “pequeños”, resulta que hoy he comido en un restaurante y luego me he comprado un reproductor de dvd portátil, unos auriculares y una funda de cuero para mi iPod. En estas cosillas me he gastado 290 euros, pero si tuviera esa tarjeta no hubiera podido obtener ni uno de esos descuentos. A ver cuando sacan una tarjeta para machotes que me pueda ser de utilidad.

Y por si fuera poco, casi se me salen los ojos de las órbitas cuando veo, en el Corte Inglés, varios carteles anunciando que se ha instalado un consultorio esotérico en la primera planta (no es broma, palabra de Kotinussa). Menos mal que los ojos finalmente siguieron en su sitio, porque tampoco hay descuentos para oculistas.

Está claro que para Visa no soy lo suficientemente mujer.

 

Tal día como hoy, hace un año: “Generosidad “

Pato del Año

16 Febrero 2008 kotinussa 16 comentarios

Los Premios Goya y sus temas relacionados continuan ocasionándome tales sobresaltos que creo que me están afectando más que la campaña electoral. Lo último ha sido enterarme de que los premiados tienen que pagar mil euros por llevarse el cabezón a casa. Si no pagas, después de hacerte la foto lo guardan en la alacena a ver si el premiado del año que viene tiene la suficiente vanidad como para pagar. Y no dudo de que todos pagarán. Buenos son. Aunque luego digan que lo usarán para sujetar las puertas abiertas o que lo pondrán en el cuarto de baño, que es algo que queda lo suficientemente despreciativo como para resultar guay, pero sin llegar a atreverse a no ir a recogerlo, como han hecho otros actores con los Oscar e incluso con los Nobel. Estos paniaguados del cine español intentan fingir que desprecian todo eso (buena muestra son las caras de asco con las que algunos entran en la gala, sobre todo los hombres), e incluso hacen el paripé de que no pensaban ganar nada y por eso ni siquiera se han preparado cuatro frases apropiadas, aunque todos esconden un papelito en la mano con unas palabritas que llevan componiendo penosamente desde un mes antes.

Después de los Goya tuvimos los Premios TP, más cutres todavía, con Ana Obregón y Terelu Campos haciendo el ridículo más espantoso en el escenario; con una presentación insoportable de El Gran Wyoming, del que alguien escribió con mucha gracia que parecía que estaba recitando las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique; con un decorado y una escenografía que parecía recuperada de los primeros tiempos de la tele, y con comentadas sospechas de tongo. Porque resulta que la cadena que emitía (la Sexta), se llevó un inusitado número de premios en relación al número de espectadores que tiene, lo que no cuadra en absoluto porque precisamente se supone que son los espectadores los que otorgan estos premios.

A esas alturas ya envidiaba yo la suerte de los norteamericanos, que por la huelga de los guionistas se quedaron sin el espectáculo (que no sin el reparto de premios) de los Globos de Oro y parecía que se iban a quedar también sin el de los Oscar. Y no porque servidora vea lo de los Goya y los TP, pero es que como española me duele que quede constancia para los tiempos venideros de que las actrices españolas carecen completamente de sentido del ridículo a la hora de vestir, de que los actores españoles ni se peinan ni se lavan, y de que la gente del cine en España no sabe decir más de seis palabras, de las que tres son “joder”, “hostia” y “mogollón”. Por si alguien piensa que exagero, puede leer unas divertidísimas crónicas de lo que fueron las galas Goya de los años 2004, 2005, 2006, 2007 (una y otra) y 2008.

La noticia de que la huelga de guionistas en Estados Unidos ha terminado me reconforta un poco. Mal de muchos, consuelo de tontos. Bueno, por lo menos que no seamos nosotros los únicos que hagamos el ridículo. Algunos norteamericanos (diez o doce) también desearán que se los trague la tierra.

Pero no podía ser verdad tanta dicha. Definitivamente, pasaremos a la posteridad como los más gilipuertas, porque en un alarde de “y yo más”, acabamos de elegir al “Ave del año”.

Lo que oyen. El pato colorado acaba de ser elegido el “Ave del año”, y más o menos con los mismos criterios con los que se da el premio a la mejor película española. ¿Que a “La Soledad” la ha visto cuatro gatos? Pues le damos el premio al pato colorado, que son tan pocos los que quedan que ni sabíamos que existían. Yo tenía idea de que se elegía “Coche del año” al más vendido, se llamaba la “Boda del año” a la más popular y cotilleada… Pues lo del “Ave del año” tiene que ser como una especie de homenaje póstumo, porque se le da a la que le quedan tres telediarios. Puede ser como lo de Alfrendo Landa recogiendo el Goya de Honor, que después de oirlo balbucear incoherencias durante 10 minutos, todo el mundo pensó que le había dado un ataque cerebral allí mismo y se iba a caer redondo. Menos mal que el falso directo con media hora de retardo eliminó piadosamente el episodio.

Todavía no se ha anunciado cuándo y dónde será la gala, pero me imagino que por una vez dejarán en paz a Corbacho y, por coherencia, elegirán a la Gallina Caponata para presentarla, aunque me parece que Enma Cohen ya no cabe dentro del disfraz. Que no me meto con las gordas, ojo, sólo constato el hecho de que Enma ha triplicado su volumen en los últimos veinte años. Pero no hay mal que por bien no venga. Sería una oportunidad para que una de esas actrices españolas, a las que tan desagradable resulta ver incluso cuando están arregladitas, como Antonia San Juan o Blanca Portillo, salgan al escenario sin asustar a los niños que puedan estar viendo el espectáculo.

 

Tal día como hoy, hace un año: Preguntas (no retóricas)

Categorías:Cosas que me dan risa

Estrés y tomates

11 Febrero 2008 kotinussa 16 comentarios
España tiene un gran número de fiestas populares que me hacen desear la reinstauración de la pena de galeras para aquellos individuos que las inventaron. Pero una de ellas, concretamente, me ofende de tal modo que me niego a ver cualquier foto o imagen de televisión: la tomatina. Me da igual que los cien mil kilos de tomates utilizados hayan sido convenientemente pagados a los esforzados agricultores que los cultivaron. Ver a una turba de salvajes destrozar y pisotear cien mil kilos de comida es algo que me hiere profundamente.

La concejala de Fiestas, Feria, Cultura (?) y Deporte de Buñol, Pilar Garrigues, asegura que “va estupendamente para quitar el estrés y es muy recomendable para el pelo”. Claro, por eso en cualquier peluquería te hacen tratamientos de tomate. Como no tenemos otra alternativa para llevar el pelo sedoso y brillante, no tenemos más remedio que dar ese espectáculo de barbarie e insensibilidad. Y, sobre todo, porque a esas manadas de imberbes que se acercan cada año a ese pueblo se les ve realmente muy estresados.

Si la concejala ha leído estos días las noticias se habrá enterado de algo que le desmonta toda su teoría: los que se estresan son los tomates, y no me extraña teniendo en cuenta que tienen que compartir el planeta con especies animales tan primitivas como los humanos. En la Universidad Blaise-Pascal de Clermont Ferrand han descubierto que las ondas electromagnéticas de los teléfonos móviles provocan el estrés a las tomateras, que interpretan las ondas como un peligro (como si se tratara de sequía o heladas) y se ponen mustias y enfermas. Creo que el estudio todavía no ha podido precisar si cualquier llamada las saca de quicio o sólo se ponen pochas cuando oyen como al labrador le encargan una tonelada de tomates para la tomatina.

Y es que las hortalizas son como las personas. Por lo menos eso aseguran agricultores de Vizcaya que abogan por no mimar demasiado a las plantas. “Si la planta se siente demasiado a gusto, demasiado cómoda, sólo echa hojas. Pero si siente cercano el final, intenta reproducirse, florece.” Así que ya sabéis, eso que hemos escuchado siempre de hablarle a las plantas, pero con un matiz ligeramente diferente. Cuando tengáis una maceta que se resiste a echar flores le susurráis con voz amenazante, de psicópata: “Te voy a hacer cachitos, te voy a clavar alfileres, te voy a quemar con cigarrillos…” Y la planta, de puro terror, echará unas flores preciosas.

Y como siempre, los andaluces llevando la contra. En Láchar, en la vega de Granada, los agricultores les ponen música de Beethoven, Mozart y Vivaldi a los tomates. Al final, no tengo claro si los tomates de Láchar crecen más porque se sienten mimados, o porque, como los tomates vascos, están de los nervios y han decidido acelerar el final de su vida después de escuchar todo el día esa música por los altavoces de los invernaderos. Porque ¿le ha preguntado alguien a los tomates sobre sus gustos musicales?

En ocasiones, hago negocios con muertos

7 Febrero 2008 kotinussa 14 comentarios

Debe ser complicadísimo hacer negocios con un muerto. Por muchas razones, porque ¿qué le ofreces a un muerto que le pueda interesar? ¿Cómo te pones de acuerdo en plazos y vencimientos con alguien para quien el tiempo ya no tiene sentido?

Por eso pido un poco de comprensión para la consejera de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, que en 2006 y 2007 declaró en las Cortes autonómicas estar negociando con dos monjas del monasterio de Sijena para el regreso a Aragón de una serie de obras de arte que se encuentran en depósito en museos catalanes. Y resulta que las interfectas habían fallecido en 1998 y 2000, respectivamente. Reconozcamos que esta señora está metida en una negociación muy ardua y no le tomemos en cuenta las mentirijillas. Porque un poquito sí ha mentido, ya que en 2007 dijo estar en contacto con un representante de las ya difuntas, que según ella estaban vivas, pero luego ha reconocido que para esa fecha ya hacía dos años que tampoco estaba en contacto con el supuesto representante, al que por otra parte no ha identificado.

¿Estará la legislación española preparada para asumir esos casos? ¿Qué comisión cobrará un médium por hacer de intermediario en un negocio?

Los catalanes, mientras tanto, están que se frotan las manos, porque sólo las personas que hicieron el depósito pueden retirarlo. Y como la Generalitat no tiene mediums en plantilla, los ectoplasmas no pueden comunicarse con los museos para confirmar que quieren que las obras vuelvan a Aragón.

Los aragoneses, mientras tanto, han pasado a ser la comunidad que más antidepresivos consume (en relación a su población, por supuesto). Más de 2.300 cajas diarias se venden en las farmacias. Visto lo visto, me parece lógico y natural.

(Gracias, Aguar, por comentarme la noticia)

 

 

Tal día como hoy, hace un año: Mi banco me ama, mi banco me mima

Sigamos con los Goya…

5 Febrero 2008 kotinussa 10 comentarios

Sigamos con la gala de los Goya, que no imaginaba yo que iba a dar tanto de sí.

Una de las cosas que más me impactó fue el detalle de los profesionales del micro, preguntando a todas las mujeres lo mismo: “Y tú, ¿de qué vas vestida?” Las criaturas, en su profunda ignorancia del castellano, querían preguntar en realidad quién era el autor del diseño vestido por las interrogadas. Ellas, tan ignorantes como los periodistas, comprendían a la primera la pregunta y contestaban “De Max Mara (o de Sybilla, o de quién fuera)”. La única que estuvo a la altura fue Neus Asensi, comentando que iba de bola de discoteca. Y era verdad, pues llevaba un vestidito plateado dos tallas inferior a la suya que la hacía parecer totalmente dicho artilugio.

Por una vez me hubiera encantado estar allí, y que me preguntaran micrófono en mano:

-Y tú ¿de qué vas vestida?
-Pues mira, voy vestida de persona. Como es carnaval tenía preparado también el traje de candelabro de “La bella y la bestia”, pero al final lo deseché porque con la lluvia se me estarían apagando las velas todo el tiempo.
-Jajaja (risita de “qué cachonda es esta tía”). Que de quién es tu traje…
-¡Ah! Es mío, te lo prometo. Pagado religiosamente al pasar por caja. No como todas estas petardas, que van de prestado.
-Jejeje (risa nerviosa). Quiero decir que quién lo ha diseñado.
-Pues ni idea. Y si lo supiera tampoco te lo diría, que no me da la gana de hacerle publicidad gratis a nadie.

¡Ay, lo que me hubiera gustado!

 

Tal día como hoy, hace un año: Amapola, lindísima Amapola

Recuerda que eres mortal

4 Febrero 2008 kotinussa 13 comentarios

Hoy me he enterado de que los organizadores de la gala de los premios Goya han pagado 10 euros por cabeza a las personas que se pusieron en la puerta a esperar que pasaran los invitados por la alfombra para vitorearlos. Así lo confesaba una señora ante una cámara y un micro de la televisión a la pregunta de un reportero. Es decir, que no son admiradores espontáneos, sino gente tan necesitada como para plantarse bajo la lluvia a cambio de 10 euros, a aplaudir cuando les indiquen.

No sé por qué me invade la ligera sospecha de que en la gala de los Oscar o en el Festival de Venecia no tienen que recurrir a estas maniobras para que la entrada luzca un poco animada.

Para mí ya estaba más claro que el agua que no es lo mismo ver pasar a Alberto San Juan que a Paul Newman. Incluso teniendo en cuenta que Alberto San Juan tiene 40 años y Paul Newman 83. Ni siquiera dos Alberto San Juan hacen por un Paul Newman. Por no hablar del resto, que el 90% de los asistentes son perfectamente desconocidos para el gran público, y alegran tan poco la vista como Alberto San Juan.

Se me viene a la cabeza una comparación odiosa, como todas las comparaciones. A los generales romanos, cuando celebraban un triunfo, les colocaban a la espalda un sujeto que les iba repitiendo aquello de “Recuerda que eres mortal”, para que no se envanecieran demasiado. A estos actorcillos españoles y demás adláteres les ponen admiradores de pega para lo contrario, para que se crean y nos creamos que son conocidos, admirados y populares.

 

Tal día como hoy, hace un año: ¿Verdad o mentira?

Bee, el corderito travieso

2 Febrero 2008 kotinussa 19 comentarios

Cuando yo era pequeña no se publicaban tantísimos libros como ahora. Ni para mayores ni para niños. La sección de libros infantiles en cualquier librería era bastante pequeña y, desde luego, los libros tenían un aspecto muy diferente. No había libros impermeables que se pudieran mojar, ni libros consistentes en seis páginas de cartón de cinco milímetros de espesor cada una, ni libros con sonidos, ni libros de pegatinas, ni libros-juego. Los libros eran nada más que libros, para niños que supieran leer y que usaran los libros como se usaba normalmente un libro. No eran para mojarlos o recortarlos. No se hacían para que un bestia destrozón de dos años pudiera hacer añicos con él un juguete de otro hermano (sin peligro para el libro). Los tratabas con cuidado, y los guardabas durante años, completando colecciones que luego pasaban a tus hermanos más pequeños.

Ahora los niños tienen libros en sus manos antes de que sepan siquiera hablar. Pueden abrirle la cabeza al compañero de guardería con esos tochos de cartón de seis páginas, pueden tirarlos dentro de la piscina con la alegre inconsciencia de quien no sabe lo que está haciendo ni para qué sirve ese artefacto que le han puesto en las manos. Ahora los niños tienen muchos libros, aunque les han perdido todo el respeto. La sobreabundancia de libros y el hecho de que no haga falta saber leer para jugar con ellos ha traído ese resultado inesperado. Los niños meten los libros en el agua, pero no los leen. No me extraña. ¿Cómo va a dedicarse a leer en la piscina un niño que no es capaz de leer en la cama? ¿Por qué tratar un libro con cuidado si desde que tienen un año se han acostumbrado a tratarlos a golpes porque a esa edad no los distinguen de cualquier otro juguete?

Puede que de pequeños los libros les hagan cierta gracia, pero enseguida se les pasa. Siempre que se pueda y no haya que devolverlos a los colegios a fin de curso se organizan grandes juergas para quemarlos en hogueras celebradas con risotadas y bailes. Y, por supuesto, antes que leer uno se preguntará si no se ha hecho todavía la película, por si se puede evitar la desagradable obligación.

Yo también tuve mi primer cuento antes de saber leer. Pero precisamente porque todavía no sabía leer no lo dejaban en mis manos para que lo pintarrajeara o arrancara sus páginas, y de paso aprendiera que para eso servían los libros. No era nada del otro mundo, uno de esos cuentos troquelados que valían cuatro gordas, con unas tapas de cartulina muy fina que no resistían nada. Pero tenía unos dibujos preciosos, de Ferrándiz. Se llamaba “Bee, el corderito travieso”, y estaba escrito en verso. Mi abuelo me lo leía una y otra vez, y de tanta repetición y ayudada por la rima, me lo aprendí de memoria. Era capaz de recitarlo como un loro, aunque siempre decía “Doña rama” en vez de “Doña rana”.

Un elemento importante de la historia era un cencerrito que Bee llevaba colgado del cuello, gracias al cual salvó la vida. Y del cuello del corderito dibujado en la portada colgaba, con una cintita de raso rojo, un cencerrito plateado de verdad. Ya estaba en la universidad y todavía conservaba mi cuento, con su cintita en el mismo sitio y su cencerrito intacto, con sus páginas sin pintar ni arrugar.

Entonces, en una mudanza, Bee se perdió. Hubiera preferido mil veces que se hubiera perdido mi tocadiscos o cualquier otra cosa valiosa que yo tuviera entonces, que no debían ser muchas porque no puedo recordar ninguna. Pero fue Bee el que se perdió. Y durante muchos años pensé que era algo irrecuperable, hasta que en 1989 vi otro ejemplar en una tienda. Un año antes habían vuelto a publicarlo y no era exactamente como el mío, porque no llevaba cencerrito, pero por lo demás era idéntico, con el mismo tamaño, tipo de letra y dibujos. Ni que decir tiene que lo compré inmediatamente (el segundo Bee costó 95 pesetas, según la etiqueta que todavía tiene puesta), y aquí lo tengo en mi librería, justo a mi lado.

La moraleja del cuento de Bee era “Lo que no quieras para ti, no quieras para los demás”. Y la que a mí me sugieren las librerías de hoy es que si haces libros que se puedan tirar al agua o al suelo, es allí donde acabarán.

Tal día como hoy, hace un año: Catálogo de manías

Categorías:Cosas mías