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Archivo para Enero 2008

Los linces también quieren “cheque bebé”

27 Enero 2008 kotinussa 18 comentarios

A partir de ahora, la expresión “Fulanito es un lince” va a comenzar a tener otro significado, gracias a una pareja de linces de Doñana que se ha apareado sesenta y cinco veces en cinco días.

¡Qué asco de vida! Saliega y Jub baten un record y los que se ponen las medallas son los políticos. Han sido tantos los millones de euros que se han gastado en los últimos años en el “Programa de cría en cautividad del lince ibérico”, que se han apresurado a ofrecernos detalles de las sesenta y cinco cópulas, para que nos convenzamos de que es un dinero bien gastado.

No hay duda de que los bichos son unos linces. Y además, andaluces, que en este asunto son los más espabilados. “Ahí hay dinero“, se han dicho. “Si ven que nos aplicamos, seguirán echando millones al tema“. Y se han puesto a ello como unos posesos. Todo sea por la subvención.

Al principio les daba un poco de cosa la falta de intimidad, pero se lo pensaron bien y llegaron a la conclusión de que los de Gran Hermano hacen lo mismo por mucho menos dinero. Así que a olvidarse de que las cámaras están ahí, que no está la vida como para ponerse con melindres.

Sólo falta saber cuál será el importe del cheque-bebé para linces.

Categorías:Cosas que me dan risa

Paridad de paridades, todo es paridad

24 Enero 2008 kotinussa 20 comentarios

Esta tarde he tenido un claustro en el instituto. Resulta que hay que elegir director para el año que viene, y el proceso es tremendamente engorroso. Para que os hagáis una idea, os lo resumo rápidamente.

Se ha presentado una sola candidatura, pero aunque la cosa esté muy clara, la complicación persiste. La persona que se ha presentado ha debido aportar un proyecto. Ahora hay que formar una comisión que bareme el proyecto. Esa comisión tiene que estar formada por profesores, padres, alumnos y personal no docente, todos ellos ya previamente miembros del Consejo Escolar. Esta tarde los profesores teníamos que reunirnos para decidir cuáles de los profesores que están ya en el consejo escolar estarán en esta comisión. Así que hubo de convocarse un claustro extraordinario para que, entre los seis profesores disponibles, eligiéramos a cuatro. Cada uno podía votar a cuatro personas, pero no se elegía a los cuatro más votados, sino a los dos profesores más votados y a las dos profesoras más votadas. Para que haya paridad. Y eso sólo para determinar qué profesores estarán en una comisión que baremará los proyectos presentados por los candidatos a director. Al acabar ese claustro yo pude irme por fin a casa (llegué al instituto a las 8′15 de la mañana), pero había compañeros que aún debían quedarse para una reunión del Consejo Escolar.

Os ahorro los demás pasos del proceso porque no quiero levantaros dolor de cabeza, pero aunque sea sólo conociendo este detalle convendréis conmigo en que nos obligan a dedicar una cantidad enorme de tiempo y energías a la burocracia más estúpida que imaginarse pueda. Y todo el mundo comprenderá fácilmente por qué estamos muchas veces tan agotados. Eso sí, agotados con absoluta paridad. Agotados y agotadas.

Claro que en esto de la paridad siempre se puede ir más allá. El Instituto Andaluz de la Mujer ha elaborado un manual titulado “Nuevas formas de jugar”, en el que se reelaboran las reglas de los juegos tradicionales, para conseguir la paridad de sexo en los juegos de los escolares. El manual se ha enviado a cientos de centros de Primaria, Secundaria y Bachillerato. Esto último ya me ha dejado un poco petrificada. Nuestros políticos deben vivir en los mundos de Yupi si piensan que los estudiantes de ESO y Bachillerato juegan a la gallina ciega o a pase misí.

Vamos al meollo de la cuestión. Y para que no se piense que exagero, quien quiera puede descargarse el manual en pdf y comprobar personalmente todo lo que cuento. Eso sí, como no me gustaría que os entraran ganas de vomitar, os puedo ahorrar toda la bazofia políticamente correcta e imbeciloide contando lo fundamental.

En el manual se explica como “transformar” once juegos, desde la gallina ciega a la carrera de sacos o el juego de la silla. Prácticamente en todos ellos se indica que se elimina la posibilidad de que alguien gane. No debe haber ganadores. Por ejemplo, en el juego de la silla no se elimina a nadie. Todos siguen jugando hasta el final.

Todo debe ser a base de parejas de chico y chica. En las carreras de sacos deben ir dos en cada saco, en la comba deben saltar a la vez niño y niña. Increíble pero cierto.

No puede haber líderes. Cuando sea necesaria una actuación individual, deben ir alternándose chico y chica. En el juego de las palabras encadenadas hay que lograr que las palabras elegidas por los participantes sean tales que “hagan visibles a las mujeres”. Y así todo.

Luego, por supuesto, hay que hacer una especie de terapia de grupo con los niños, que tienen que explicar cómo se han sentido, y preguntarles qué versión del juego prefieren. Por supuesto, en caso de que los chicos o las chicas expresen que prefieren jugar como antes, o que les gusta ganar, hay que hacerles comprender que son unos monstruos que no tienen sitio en nuestra perfecta y paritaria sociedad.

Por último, hay unas fichas para evaluar todo: desde reflexionar si el nombre tradicional del juego incita a que participen en él sólo niños o sólo niñas (el siguiente paso será cambiarle el nombre, supongo), hasta analizar si las niñas visten ropas adecuadas para ciertos juegos (proscribiendo a continuación los trajecitos y cambiándoles las sandalias por botas de futbolista, por ejemplo). Hay que identificar quiénes oponen más resistencia a participar en el juego, para doblegarlos convenientemente; disolver los grupos de amigos y de amigas, y forzarlos a mezclarse; “trabajar sobre sus emociones y afectos”…

En fin, el manual es un aterrador libro de instrucciones de cómo imponer una ideología en los niños, a los que se llega a culpabilizar por el hecho de querer competir, ganar en un juego o estar con amigos del mismo sexo.

Mientras tanto, los auténticos problemas de Andalucía no parecen preocupar a nadie. Aunque, pensándolo bien, los auténticos problemas de Andalucía son sus políticos. Y políticas.

Ponga un síndrome en su vida (II)

23 Enero 2008 kotinussa 11 comentarios

Estaba yo la mar de satisfecha porque, después de muchos meses, había logrado cambiar de médico. En lugar de la que tenía desde hace años y con la que me sentía muy mal atendida, había logrado cambiarme a otro que es conocido de la familia desde hace muchos años, y estaba convencida de que me atendería mucho mejor.

Pero he aquí que hoy un amigo me cuenta que existe el llamado “síndrome del recomendado”. Consiste en que cuánta más relación de amistad o parentesco existe entre el médico y el paciente, más posibilidades hay de que aquél meta la pata. Basta que te quieras esmerar con una persona para que las cosas se tuerzan.

En fin, que cuando mi nuevo médico me recete algo le preguntaré si se lo recetaría también a su mayor enemigo. Y si me dice que sí, entonces me quedaré tranquila.

 

Hace un año: La importancia de ser una iguana (aunque no se llame Ernesto)

El escarabajo Sísifo, q.e.p.d.

21 Enero 2008 kotinussa 26 comentarios
Desde mi época del Museo estoy en la lista de personas a las que la Consejería de Cultura envía invitaciones para todos los eventos que organiza, de forma que constantemente me llegan invitaciones para presentaciones de libros, inauguraciones de exposiciones, ciclos de conferencias, etc. La mayoría de estos actos se celebran por la mañana en días laborables, lo que me causa bastante envidia, porque eso supone que las personas que asisten obligatoriamente a todos estos eventos tienen un trabajo que pueden abandonar sin problemas para pasearse por estos lugares.

Dejando de lado los actos que se celebran por la mañana (me imagino la cara que puede poner mi jefe de estudios si le anunciara que no voy a ir a clase para asistir a la inauguración de una exposición, por mucho entusiasmo con que requiera mi presencia la Consejera de Cultura), hay otro grupo de actividades que son inmediatamente descartadas por la ausencia de interés por mi parte. Al final, quedan muy poquitas cosas. A veces me veo comprometida a asistir por amistad con alguien, como me ocurrió con una conferencia hace varias semanas.

El caso es que me vi, sin mucho entusiasmo, en un bonito salón de actos, acompañada por una amiga a la que me costó bastante convencer, sentadas ambas junto al pasillo, lo más cerca posible de la puerta, por si acaso la charla se nos hacía tan pesada que decidíamos marcharnos a la mitad. Como era de prever, a los diez minutos la mente de ambas viajaba a miles de kilómetros de distancia, totalmente descolgada del tema que se exponía (más cercano al tema de la creación de empresas que a otra cosa). Debo decir, en nuestro descargo, que a mucha gente le pasaba lo mismo, y a nuestro alrededor unas cuantas personas jugaban con su teléfono móvil.

De repente, Isabel me da un codazo y me señala hacia el suelo. Un escarabajo empujaba trabajosamente una gran bola de pelusas. A partir de ese momento las dos nos olvidamos totalmente de la conferencia y nos dedicamos a seguir las evoluciones del bicho. En seguida le pusimos nombre, porque nos recordaba al pobre Sísifo empujando la piedra por la ladera de la montaña. Y en seguida nos dimos cuenta también de que Sísifo parecía haber perdido el norte. Lo mismo avanzaba unos pasitos hacia la puerta, que inmediatamente giraba hacia la derecha y avanzaba otro poco más, para hacer un giro de 45 grados y seguir un ratito más antes de volver sobre sus pasos de nuevo. Estuvo por lo menos media hora sin parar, pero sin salir de un metro cuadrado.

No sé si la pelota de pelusas pesaba mucho: el tamaño era enorme, pero parecía poco densa. No sé si el pobre Sísifo no tenía fuerzas suficientes: me declaro completamente incapaz de distinguir un escarabajo mozuelo de otro de la tercera edad. El caso es que daban ganas de echarle una mano. Isabel y yo nos planteamos ayudarlo un poquito, cogiéndolo con el tríptico de cartulina que nos habían dado y trasladándolo con su bola. Pero ¿hacia dónde quería ir Sísifo en realidad? Su trayectoria errática nos despistaba totalmente. Hubiera sido una faena que, queriendo ayudar, lo depositáramos lejos de su destino.

Y, de repente, la tragedia. Una señora gorda que estaba sentada por delante se levanta y se dirige hacia la salida. Isabel y yo vimos como la trayectoria de la señora iba a entrar en colisión con Sísifo sin remedio. Sin hacer ruido, nuestro cerebro gritaba “¡No! ¡No! ¡Noooooo!”. Las dos nos agarramos de la mano y nuestros dedos crispados demostraban que no confiábamos en absoluto en la supervivencia de Sísifo después del encontronazo.

La señora pisó a Sísifo, produciendo ese ruido tan característico. Ella ni se dio cuenta. Isabel y yo no nos atrevíamos a mirar al suelo, y fijamos nuestra vista obstinadamente en el conferenciante, que de habernos tenido más cerca seguramente se hubiera emocionado ante la perspectiva de que su documentada conferencia nos produjera un efecto tan intenso como para explicar los lagrimones que asomaban a nuestros ojos.

Al final, miramos. Esperábamos encontrarnos con una masa amorfa y asombrosamente descubrimos que Sísifo todavía estaba vivo. Se movía trabajosamente, arrastrando las tripas por el suelo, sin interés ya en la bola de pelusas. Pero aquello no tenía buena pinta, por lo que decidimos aplicarle la eutanasia para que dejara de sufrir. Entonces comenzó un rato de discusión, a ver cuál de las dos le arreaba el pisotón de gracia. Como Isabel era la que estaba sentada en el lado del pasillo, yo argumentaba que ella era la indicada, pues yo debería levantarme y se notaría más, mientras que ella no tendría ni siquiera que levantarse. Isabel contraatacaba diciendo que igualmente raro se vería que de pronto una pierna sola se proyectara sobre el pasillo. En esto atenuaron las luces de la sala para proyectar unos gráficos. ¡Ahora o nunca!, nos dijimos. Cogimos rápidamente nuestras cosas y nos fuimos hacia la puerta, eutanasiando de paso a Sísifo sin que se notara mucho.

Hay que ver las cosas que te ves obligada a hacer sólo por estar en una lista de protocolo.

Categorías:Cosas mías

El cuadrado de las Gadeira

19 Enero 2008 kotinussa 6 comentarios
La gente es muy rara. Los mismos que en su vida diaria exigen que la ciencia y la tecnología respalden hasta el más nimio detalle están dispuestos a hacer ricos a aquellos que muestran un total desprecio a la ciencia difundiendo patrañas y cuentos chinos. Por eso hay gente que se hace multimillonaria por este método, como le ocurrió a un engañabobos llamado Berlitz que en 1974 se inventó la patraña de “El triángulo de las Bermudas”, vendiendo 18 millones de libros.

Yo estoy muy enfadada porque la que se debió hacer millonaria con ese asunto era yo. En 1975, sólo un año después de la publicación del libro de Berlitz, se descubrió que todo era una pamema, desmontando cada uno de los casos que aparecían en dicho libro. Fue muy fácil porque en realidad, entre Florida, Cuba y las Bermudas no hay ningún triángulo extraño. En realidad es un cuadrado y está situado en las Gadeira. Concretamente, en el centro de mi casa. Berlitz, que no quería compartir las ganancias con nadie, para disimular, convirtió el cuadrado en triángulo y lo trasladó a muchos kilómetros. Me siento como una de esas personas que compran a medias con un amigo un décimo de lotería y cuando les toca el gordo de Navidad el amigo dice que el décimo es sólo suyo.

Porque, sépanlo todos, en mi casa existe una habitación de aspecto bastante normal, cuadrada, con un gran ventanal. Pero no nos debemos dejar engañar por su apariencia inocente, pues extrañas energías actúan sobre ella, de forma que en su interior no se puede sintonizar ninguna emisora de radio, ni hacer o recibir una llamada de teléfono móvil o enviar un mensaje. He desechado ya la posibilidad de que todo sea debido a que la casa esté construida sobre un cementerio fenicio u otras causas semejantes, como bien nos enseñan documentados programas de radio y televisión, especializados en “misterios”, pero actualmente estoy dándole vueltas a la idea de que se trate de un agujero negro. Incluso podría explicar la desaparición de la Atlántida.

Poco a poco voy descubriendo aplicaciones prácticas a este extraño suceso que me ha tocado vivir. Si pronto descubrí que la habitación parece ser impenetrable a las ondas electromagnéticas, últimamente me he dado cuenta de que también estoy protegida frente a unas ondas mucho más peligrosas para la salud, las ondas carnavalescas. Cada año, a pesar de vivir en lo que podríamos denominar el cogollo del asunto, con sólo cerrar una puerta quedo totalmente aislada del inmenso follón que se origina en la calle. Creo que solamente esta característica ya multiplica por 10 ó 12 el valor de mi casa.

De momento creo que os puedo ofrecer incluso la posibilidad de refugiaros allí en caso de una guerra nuclear. Si llega el caso, recordad, la contraseña para pasar es golpear con los nudillos en la puerta: toc, toc, toc, (pausa), toc, toc. Y el que vaya llegando que se traiga alguna botellita de algo y cosillas para picar.

Hace un año: El ministro, la reina y la papafrita

Categorías:Cosas mías

Chunda, chunda, tachunda, chunda, chunda…

12 Enero 2008 kotinussa 15 comentarios
Parece ser que no todo está perdido, afortunadamente. Entre la gente normal, que no entre los que dirigen ciertos cotarros, hay más sentido común de lo que parece. O por lo menos eso es lo que se desprende de la lectura de los numerosísimos mensajes en foros y de los artículos de prácticamente todos los diarios digitales sobre la memez de la letra que le quieren poner a la Marcha Real.

Es, desde luego, muy significativo que los más (y parece ser que los únicos) empeñados en este asunto sean el COE y la SGAE. Que yo me haya enterado, nadie más apoya esta iniciativa. Los primeros porque piensan (por decir algo) que los deportistas españoles se encuentran en verdadera inferioridad ante otros países al no poder mascullar algunas palabras mientras suena la Marcha Real al inicio de las competiciones internacionales. Y los segundos porque sus posibilidades de trinque se multiplican por millones. Cada vez que suene, a cobrar, aunque sea en una convención de sordomudos y no lo cante nadie.

En cuanto a los deportistas, teniendo en cuenta la fluidez verbal que demuestra la mayoría de ellos cada vez que les ponen un micrófono delante, dudo mucho que sean capaces de aprenderse las cuatro frases, así que al final me temo que todo este esfuerzo será para nada. Por otro lado, me parece que justificar la necesidad por ellos supone darles a estas criaturas una importancia excesiva si tenemos en cuenta que estamos hablando de uno de los símbolos de la nación. Como si el himno sólo existiera para usarlo en las competiciones deportivas. De aquí a nada puede salir un diseñador exigiendo que se cambien los colores de la bandera porque quedan muy horteras en la equipación de los deportistas españoles, sustituyendo el rojo y el amarillo por algo así como “blanco roto”, “azul genciana” y “tierra de Siena”, combinación mucho más entonada y “cool”. Y para las ocasiones extraordinarias se podría sustituir el escudo bordado o estampado por cristales de Swarosky. Si Carmen Calvo continuara siendo menistra de Kultura, eso ya se hubiera hecho, por supuesto, encargándolo a un diseñador español, las cosas como son.

Volvamos al himno. La letra (llamemos piadosamente eso a las cuatro frases que la componen) no se acomoda a la música ni con calzador: particularmente la cuarta frase no hay quien la encaje, incluso pronunciando democracía, con acento en la “i”. Es una cursilada, con sus verdes valles y su cielo azul. Una simpleza. Da miedo pensar cómo serían las siete mil propuestas restantes, si esta ha sido la ganadora. Y la opinión general es que si se cambiara la palabra España por Ghana daría lo mismo, porque no hay nada en la letra que parezca identificar a la nación de la que se habla. Casi todo el mundo está de acuerdo en dos cosas. Por una parte en que la letra es horrible. Por otra, que eso no se arreglaría con otra letra, pues la realidad es que al himno no le hace falta letra alguna. Por lo menos, hasta el momento en que los deportistas (sobre todo futbolistas) han hablado del profundo trauma que tienen a causa de esta carencia (será por eso por lo que la selección española no gana nunca), a nadie le preocupaba la ausencia de letra.

Pero en este país que sobrevalora ciertas capacidades mientras menosprecia otras, una deportista ya ha anunciado, en una especie de golpe de estado, que la nueva letra será repartida en los asientos del estadio de La Rosaleda el 6 de febrero, en el partido de fútbol España-Francia. «Esté o no aprobada por las Cortes, si una persona decide o cree oportuno cantar esta letra, la puede cantar. Eso no hay nada que lo pueda impedir». Y me temo que el pueblo soberano, mal informado y en la creencia errónea tan habitual de la supuesta superioridad moral de algunas personas sólo porque sean deportistas, puede creer que eso ya cuenta con respaldo oficial.

A ver, Teresa Zabel, que tendrás muchas medallas pero como la mayoría de tus colegas no comprendes el vocabulario básico del castellano: la Marcha Real es una marcha, como su propio nombre indica (me siento como en “Barrio Sésamo”). Es decir, “pieza de música, de ritmo muy determinado, destinada a indicar el paso reglamentario de la tropa, o de un numeroso cortejo en ciertas solemnidades”. No es algo para cantar, sino para marcar el paso. Podemos plantearnos cambiar el actual himno nacional por otra composición que no sea una marcha, pero ponerle letra a una marcha es como usar una estantería para sentarse. Posible, pero estúpido.

De momento, casi todos los políticos están en contra. Llamazares dice que es casi un plagio de la que escribió Pemán. Catalanes y vascos dicen que ellos ya tienen sus himnos y que nadie espere que esto lo canten o se lo aprendan. Chaves ha dicho que la letra es vulgar y sin imaginación. Rajoy y la vicepresidenta, que España es un país muy complejo y que por eso tendrían que ser las Cortes las que aprobaran la posible letra, y no quienes lo han hecho. Vamos, lo que faltaba. En vísperas de elecciones otro debate político para calentar el ambientillo.

Actualización: El presidente del COE, uno de los promotores de la cosa, hace declaraciones contradictorias en menos de una semana. Primero dice que el apoyo popular a la letra elegida ha sido tan grande que eso le indica que han estado acertados. A continuación, anuncia que aquí no ha pasado nada, que el señor parado de 50 años de un pueblo de Guadalajara puede volver al anonimato, que nos podemos olvidar de la letra y que se suspende la gala donde Plácido Domingo iba a cantar el himno. Ejemplo de coherencia y de lógica aplastante donde los haya.

Adrenalina

6 Enero 2008 kotinussa 17 comentarios
Han suspendido el rally Lisboa-Dakar. Mientras me dispongo a leer la noticia, me digo que por fín hay alguien con sentido común en esa pandilla de pijos descerebrados. Sólo me queda averiguar quién ha sido.

Pues no, no han sido los participantes, que al fin y al cabo llevan incrustada en las meninges la idea de que la vida sólo merece la pena si pones todo de tu parte para tener el 95% de posibilidades de acabarla bruscamente antes de lo normal. Por el contrario, todos declaran estar muy entristecidos por la decisión. Ahora, para paliar el aburrimiento y la insufrible monotonía que les amenaza durante todo el año, van a tener que subirse a un campanario de un pueblo de la España profunda y tirarse de cabeza mientras los mozos del pueblo intentan acertarles con sus escopetas de caza.

Tampoco ha sido la organización, cansada de críticas o simplemente preocupada por la posibilidad de que los participantes corran un riesgo extremo. Han sido las aseguradoras. El peligro de atentado terrorista es tan alto que sería un mal negocio. Al final no ha sido el sentido común, sino el dinero, el que ha dejado en casa a todos esos “héroes”.

Y es que eso del sentido común no podía ser, ¡cómo se me había ocurrido! Si nos vamos en masa al Caribe en plena época de huracanes, para después poner como chupa de dómine a las agencias que nos vendieron el viaje o al gobierno español, que no envió a dos docenas de aviones del ejército para evacuar a los cientos de gilipollas españoles que se empeñaron en hacer oídos sordos a las recomendaciones. Si, cuando en una estación de esquí se anuncia un alto riesgo de aludes, unos cuantos esquiadores se pasan por el forro la prohibición de salirse de las pistas para después poder contárselo a los amigos justificándolo encima con “su necesidad de adrenalina”, como si fuera un medicamento prescrito por el médico. Si nos echamos a la montaña pertrechados con el equipo de escalada de la Señorita Pepis, sin haber estudiado la ruta y sus dificultades, sin estar en forma o sin haber consultado siquiera el parte meteorológico. Si nos internamos alegremente en cuevas que son una trampa mortal, a forzar sifones o lo que se encarte. No importa que luego unos guardias civiles que ganan una miseria se tengan que jugar la vida en rescates peligrosísimos, o que a las arcas públicas les cueste varias decenas de miles de euros sacarnos del apuro.

Y cuando al imbécil de turno lo están metiendo en una ambulancia, todavía tiene morro para pararse un segundo delante de la cámara del telediario y declarar que en cuanto le den el alta lo vuelve a intentar, aunque sea sólo para “honrar la memoria de su compañero Luis Enrique”, que ha salido ya en una ambulancia anterior directamente a la morgue, porque va fiambre. Mientras tanto, a su alrededor, los setenta especialistas y voluntarios que se han pasado las últimas treinta y seis horas tratando de rescatar su miserable pellejo murmuran juramentos en arameo.

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Actualización: Leo en un periódico del lunes 7 que el Tribunal Supremo ha rechazado que se indemnice a un hombre que había metido un brazo en una jaula donde había tigres de Bengala, con el resultado de que uno de los tigres le arrancó la extremidad. El fulano, que ni era cuidador de los tigres ni estaba haciendo un trabajo que alguien le hubiera encargado, no sólo había demandado al circo, sino también al Ayuntamiento de Vall d’Uxo. La sentencia considera que la causa del accidente se encuentra “en la propia conducta” del hombre, quien, “consciente y deliberadamente”, asumió el riesgo que implicaba una acción “que se revela carente de toda prudencia” y un resultado “previsible y claramente evitable”. A este héroe le ha salido el tiro por la culata. (Johnny, hubiera estado bonito que en vez de un tigre hubiera sido un pelícano, pero no ha podido ser).

Lo que le pido a los Reyes

3 Enero 2008 kotinussa 10 comentarios

Anoche soñé que estaba en Londres. Aunque haya visto lugares y monumentos tan impresionantes que no tengo palabras para describirlos, como ciudad en conjunto, Londres es mi preferida.

Cuando me desperté me di cuenta de que hubiera dado cualquier cosa por estar en Londres en ese momento. He estado allí seis veces, ocho días cada vez. En diferentes épocas del año: en Navidad, con nieve y una preciosa decoración que adorna las calles del centro; en primavera, cuando, ante un pequeñísimo rayito que se abre paso entre las nubes, la gente sonríe y vuelve la cara buscando el sol; en verano, cuando, a pesar de todo, te puede sorprender un chaparrón imprevisto.

Pensando en lo que estaría haciendo si estuviera allí me di cuenta de que, aunque en épocas navideñas siempre digo que no soy de ritos, cada vez que viajo a Londres tengo mis ritos. Cada vez me acerco a Fortnum & Mason, en Picadilly, a darme un caprichito en forma de mermelada o conserva super sofisticada, admirándome cada vez de que me atienda un señor vestido con chaqué. Ya que estoy allí aprovecho para tomarme en la barra de la cafetería un riquísimo “pie” de riñones. Cada vez voy a la Abadía de Westminster, a ver las tumbas y los memoriales de Haendel, Chaucer, Dickens o Shakespeare. Cada vez me acerco a la pequeña iglesia de St. Martin in the Fields, a ver si pillo un ensayo de la orquesta barroca que tiene su sede en esta iglesia. Y cada vez, nada más llegar y dejar las maletas en el hotel (que siempre es el mismo, en Oxford Street, justo delante de Marble Arch y Hyde Park), salgo a dar el mismo paseo: Oxford Street, Regent Street, Haymarket, Trafalgar Square y Whitehall, hasta llegar al Parlamento. Siempre exactamente el mismo paseo. Así que lo reconozco: yo también tengo mis ritos.

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En fin, que ya he decidido lo que le pido a los Reyes: ¡Quiero irme a Londres ya!