El retrato
Hace poco más de un año escribí un post sobre las mujeres de mi familia, en el que esbozaba una teoría sobre por qué la mayoría de ellas fueron unas mujeres muy poco corrientes para su época, independientes, casi todas solteras, grandes viajeras, al margen de las modas dominantes y nada frívolas o insustanciales, sobre todo teniendo en cuenta el ambiente en el que habían sido educadas.
En aquel post hablaba de la tía M., hermana de mi abuelo, que se permitió el lujo de dar calabazas una y otra vez a uno de los hombres más ricos de España por no perder su libertad de movimientos y su independencia. Hoy contaré una historia sobre otra tía M., a la que yo conocí durante gran parte de mi vida, pues murió hace pocos años.
¿Qué haría hoy una chica de 18 años si recibiera una enorme cantidad de dinero de una tía riquísima y pudiera gastárselo en lo que quisiera? Probablemente viajaría, se compraría un coche, montones de ropa y quizás hasta una casa.
Cuando M. tenía 18 años recibió de una tía suya la cantidad de 200.000 pesetas, que ahora parece una tontería pero que en 1928 daba para comprar varias casas, por ejemplo, o una finca en el campo. Cuando en su casa le preguntaron qué iba a hacer con ese dinero, M. contestó que quería que Zuloaga le pintara un retrato. Pensaron que era un capricho que pronto se le olvidaría, y le insistieron una y otra vez, a lo que M. siempre contestaba lo mismo. Le propusieron que invitara a varias amigas a hacer un viaje por Europa, y M. a vueltas con el retrato. Al final se convencieron de que la niña estaba decidida y se pusieron en contacto con Falla, amigo de la familia y gran amigo de Zuloaga, para que hiciera gestiones ante el pintor. Zuloaga se extrañó mucho de que una chica de 18 años estuviera tan empeñada en que le pintara un retrato. Era un pintor famoso, pero lo normal es que fuera un padre o un abuelo quien le pidiera que le pintara un retrato a una hija o una nieta, y que ésta lo considerara una pena de dinero gastado.
Zuloaga aceptó el trabajo pero no se lo puso fácil a M., haciéndole saber que la pintaría en su estudio de París. La chica no se amilanó y buscó la manera de trasladarse a París con otra tía suya que tenía en esa ciudad un piso, para pasar allí los meses necesarios para pintar el retrato.
Cuando M. llegó por primera vez al estudio de Zuloaga, éste le enseñó un buen número de trajes que tenía allí para que eligiera uno para posar, y M. eligió uno azul. Zuloaga intentó convencerla una y otra vez para que eligiera otros vestidos, porque el azul no era un color que se le diera muy bien. Pero M. no había llegado hasta ese momento para dejarse convencer fácilmente, y no cedió. Al final fue el vestido azul.
Las sesiones de posado se prolongaron tres meses, y cuando la pintura estuvo terminada Zuloaga había quedado tan encantado con el retrato que le dijo a M. que había decidido quedárselo para él. Pero ya sabemos que ella, a pesar de su juventud, era tremendamente decidida. Y con una firmeza impropia de una chica de esa edad, sobre todo en una época en la que a las mujeres se las educaba para que fueran dóciles y manejables, no dio ni un paso atrás. La chiquilla de buena familia, pero de ciudad pequeña, frente al gran artista, estuvo firme como una roca.
Zuloaga, que después de varios meses de trato constante con ella ya debía conocerla bien, se resignó a dejar ir la que pensaba que era su obra favorita. Y le pidió un favor: que si podía volver a ver el cuadro alguna vez. M. le dijo que cuantas veces quisiera verlo, lo tenía a su disposición. Así que, de tanto en tanto, Zuloaga anunciaba que se iba a ver “a su novia de Cádiz”, que no era M., sino el retrato. Pasaba varios días en la ciudad, y cada día se acercaba a casa de M. para contemplarlo un rato.
Yo conocí a M. cuando ya era una señora madura, y siempre me pareció una persona extraordinaria. Cultísima, amable, educada, refinada, de conversación interesante. La lógica continuación de aquella chica de 18 años que, con una gran cantidad de dinero entre sus manos, sólo quería tener un retrato pintado por Zuloaga. De todas las poco corrientes mujeres de la familia, aquella a la que yo siempre quise parecerme.
Cuando murió hace unos años dejó en su testamento el retrato de Zuloaga al Museo de Cádiz, y allí está expuesto. Pero sólo unas pocas personas de la familia conocen la historia del cuadro. Ahora vosotros también la sabéis.





Muy interesante la historia de tu tía y muy interesante ella. La próxima vez que vaya por Cádiz ten por seguro que iré a ese Museo y buscaré el retrato. Un beso.
me encantan estas historias tuyas, gracias,
besos,
Koti las mujeres de tu familia se merecen que las honres con un libro, sin duda. (Te insistiré y te insistiré a ver si algún día nos das la sorpresa).
pues me ha encantado la historia, gracias por compartirla con nosotros..
en serio, fantastica..
un beso
Preciosa historia. Un relato lindísimo!
Muchas gracias por contarla!
Besos
Aunque parezca mentira, no paras de sorprendernos con las historias de tus predecesores, la mar de interesantes. No me extraña que tú hayas salido como has salido, yo diría que una digna sucesora de la Tía M. que nos acabas de presentar.
Si yo supiera pintar …
Un besazo
Impresionante la historia. La verdad es que es una inmensa suerte poder contar cosas así de alguien de tu familia.
Un beso.
Interesante esa historia…la próxima vez que vaya al museo me fijaré especialmente en ese cuadro. Besitos Koti.
Impresionante historia e impresionante retrato. Estoy con Amy: esas mujeres se merecen que les dediques un libro.
Besos
Pero Koti, qué historia más bonita! Y qué guapa era ella! Tiene una sonrisa picarona y una expresión de viveza en la mirada. Tenía que ser una persona muy interesante tu tía…
Un beso enorme
Y me encantan el vestido y los zapatos.
Extraordinaria mujer, bonito cuadro y hermosa historia…
Con esos genes…
Magnífica historia. Ahora tengo un nuevo aliciente para conocer Cádiz, te aseguro que iré a ver el retrato. Un abrazo.
¡¡Joer niña como me ha gustado tu historia!!
Recuerdo que cuando era pequeño e iba de la mano con mi padre al rastro de Madrid, muchas veces me señalaba a una señora muy mayor vendiendo en un puestecillo pequeño tabaco y cerillas.
-¿Ves esa cerillera?- Me decia- Pues es la señora que sale en los billetes de 100 pesetas.
Y efectivamente, era la mujer morena pintado por Julio Romero de Torres en varios cuadros, que además de musa, creo que fue amante suya.
Seguro que tienes más historias bonitas que contarnos. Un beso.
Una mujer de ovarios tu tía. Ojalá en su momento hubiera habido más así, a lo mejor incluso se habrían evitado muchas cosas.
Saludines guapa
Veo que hay tal unanimidad en los comentarios que sólo diré que me alegra muchísimo que os haya gustado la historia. Como no tengo el talento de Nanny, de Miroslav o de Wolffo para inventar historias, sólo me cabe esperar tener de vez en cuando un momento afortunado para elegir una historia real que merezca la pena ser contada, y que coincida con un momento inspirado en la manera de contarlas.
Quiero añadir, Zafferano, que M. no era guapa. Es cierto que en el cuadro tiene una cara muy graciosa (más si la ves de cerca), pero es que a los 18 años no hay chica fea. Cuando yo nací ella tenía 49 años, así que la conocí muy distinta. Era alta y delgadísima, porque comía como un pajarito, todo lo contrario al tipo de mujer que estaba de moda en su tiempo. Pero iba siempre estupendamente arreglada y tenía un aspecto muy elegante, que era lo que se te quedaba clavado de ella.
No cabe duda de que la historia da para un guión de cine, incluso para una novela. Eso sí: como no puede haber película ni novela sin historia de amor de por medio, habría que forzar un poco el asunto: con tanto mirar y remirar el cuadro, al final Zuloaga se acaba enamorando de la tía M, pero ella no lo acepta y crece la desesperación del artista, que paralalamente está trabajando en un cuadro análogo al de la tía M vestida de azul… pero sin vestido (esto es, la tía M vestida y la tía M desnuda).
Veo que los zapatos de aquella época en nada se diferenciaban de los actuales: peligrosas puntas afiladas…
Me ha gustado mucho, gracias, lo he disfrutado un montón. La comentaré entre mis amistades, me hará ganar respeto. Los que saben buenas historias tienen el respeto de los demás.
PD: ¿Falla no quiso pintárselo?
¡Qué gran historia, KotiMari!
Por empezar con un comentario frívolo diré que, sin ninguna duda, eres más guapa que tu tía Eme, incluso a sus 18 años.
A mí no suelen interesarme los retratos, salvo si conozco al retratado, en cuyo caso, busco detalles reveladores, guiños y otras cosas que el pintor haya tenido a bien añadir al cuadro.
Debo decir que me sorprende mucho que tú, que pareces digna sobrina de tu tía Eme, no me hayas encargado una canción con los 10 millones de euros que te han sido legados a la muerte de tu tía de América. Debes saber que, si falta hiciera, te haría la canción gratis total, pero que, como sé que no te gusta deber favores, te cobraré sólo un mísero y testimonial millón de pavos. Porque, es eso lo que te retiene, ¿verdad? el pensar que mi inmenso talento no está en venta.. Mujer, entre tú y yo…
Te escribo a los sones traviesos y un poco irreverentes de Bach, concretamente la Suite nº 2 BWV 1067 – 7. Badinerie. Que ¿por qué? Porque una preciosa y simpática señora que es más guapa que su tía la famosa, a la que Zuloaga pintó, me ha hecho la gracia de seleccionarme piezas y más piezas de múisica eterna y llevo la tarde entera así.
Gracias, encanto, eres un bombón.
Johnny: Es que en moda ya está todo inventado y se vuelven a sacar las mismas cosas una y otra vez. Cuando en una tienda quiero desconcertar a una dependienta jovencilla, siempre le digo lo mismo: “Tenga en cuenta que lo que para usted es muy moderno, para mí es una antigualla”. Y se quedan con los ojos a cuadros.
Buch: ¡Has vuelto! Besos de bienvenida. Y no digas tonterías, que tú con tus historias fantásticas no necesitas las de nadie más.
Wolffo: Pues sí, a punto he estado varias veces de encargarte algo, un concierto para guitarra de doce cuerdas y orquesta, por ejemplo. Pero siempre me ha parado el pensar que hablar de dinero entre nosotros podría estropear nuestra bonita amistad. Creo que sería mejor que hablara directamente con tu representante. Así no mancharíamos nuestra relación con el vil metal.
Y tómatelo con calma y varía un poco, hombre, que una sobredosis de Bach puede ser mortal.
¿sobredosis de Bach o de Buch?
De Bach, Buch, que Wolffo y yo estamos hablando de otra cosa.
Soy alfabético, y sigo ese orden.
Pero, de todas formas, discrepo: una sobredosis de Bach sería vital.
Y una de Buch sí que sería mortal de necesidad.
Kisses.