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Palomas y gaviotas

En Cádiz tenemos un serio problema con las palomas, esos bichos asquerosos que se han convertido en toda una plaga. En realidad tenemos dos plagas, porque si las palomas ya están hasta en la playa, en contrapartida las gaviotas, igualmente repugnantes, han empezado a anidar en azoteas y tejados de las zonas urbanas. Como será la cosa que la Delegación de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ha puesto en marcha algo denominado “Plan para el control de gaviotas” que incluye, entre otras medidas, nada menos que “la eliminación selectiva mediante armas de fuego de la gaviota patiamarilla en los principales puntos de alimentación de estas aves”. Si la Consejería de Medio Ambiente ha contemplado la posibilidad de liarse a tiros con las gaviotas, muy mal tiene que estar la cosa.

Con las palomas no se atreven por aquello de que, al ser símbolos de la paz y todo eso, estaría feo liarse a tiros con ellas. Quedaría verdaderamente raro que, mientras enviamos al ejército a “misiones de paz”, juguemos al pim-pam-pum con las palomas. Pero que no se confíen estos bicharracos porque afortunadamente hay maneras políticamente correctas de acabar con ellas. Y la mejor de todas, como nos enseñó la ex-ministra de Sanidad, es matarlas preocupándonos por su salud, con lo que nuestra imagen queda totalmente a salvo. Para que las palomas no se vuelvan obesas y vuelen gráciles sobre las azoteas de Cádiz, a partir de ahora las vamos a someter a un estricto régimen alimenticio, a ver si conseguimos que se aburran y emigren a otro sitio.

El Ayuntamiento de Cádiz ha prohibido que se arroje arroz a los novios en las bodas, porque quiere contribuir de esta forma a detener la proliferación de las palomas. Y también, dicen, porque se han producido algunos accidentes con los invitados rodando por el suelo a resultas de pisar algún granito de arroz.

Yo vivo a dos pasos de una iglesia, y además con la desgracia de que una loca viene todas las mañanas y vacía una bolsa de grano en la acera de enfrente de mi casa. Estoy rodeada de una bandada de palomas que dejan en pañales al mismísimo Ronaldo. Sobrealimentadas como estaban por el arroz de las bodas y el grano de la loca, se lanzaron sobre los preciosos geranios de mi balcón, que estaban para hacerles una foto, y me los dejaron hechos una pena. Eso ya no es hambre, es vicio, que diría mi abuela. Lo que mi abuela no sabía es que existe una enfermedad, llamada síndrome de Prader Willi, (lo que se aprende viendo CSI) que consiste en que no se puede parar de comer por un defecto en el hipotálamo de forma que no existe la sensación de saciedad. Yo estoy convencida de que las palomas de Cádiz tienen este síndrome, porque de otra manera lo de mis geranios no tiene explicación.

Aunque, pensándolo bien, quizás la explicación esté en otra noticia que leo en el periódico de hoy y es que han detenido a una señora de 72 años por tener en su casa un montón de plantas de marihuana. La señora alegó que tiene las plantas para dar de comer a sus pájaros. Estas cosas sólo pasan en Cádiz. Aunque, ¿será verdad y resulta que las palomas de mi barrio iban a mi balcón como el que acude al camello de la esquina? Vicio y nada más que vicio, que diría mi abuela de nuevo.

Luego tenemos en Cádiz otro tipo de viciosos, que son los viciosos del Carnaval. No se conforman con los días correspondientes, ni con el mes largo que dura el concurso de agrupaciones carnavalescas, sino que en cuanto que entras en el coche de alguno, sea mayo o agosto, empieza a sonar el repertorio completo del último año. Esta gente ya hace algún tiempo que se adelantó a lo de la prohibición del arroz, y empezó a sustituirlo en las bodas por papelillos (confetti, para los no gaditanos). El “todo el año es Carnaval” llevado hasta el extremo. Y una cruz para los que tienen que barrer las puertas de las iglesias después de las bodas, porque los papelillos se agarran al suelo mucho más que el arroz.

Por lo menos mi abuela no sufriría si lo viera, como sufría viendo el arroz por los suelos. Y se hubiera ahorrado contar un millón de veces aquella historia de que en la posguerra, aunque tuvieras dinero para comprar comida faltaba muchas veces la comida que comprar. Y cómo ella compró acciones de una arrocera sevillana porque, además de los dividendos, que era lo menos importante, todos los años enviaban a los accionistas varios sacos de arroz.

Yo, de momento, ya me siento con autoridad moral para denunciar al Ayuntamiento a la loca del grano. Y estoy contemplando la posibilidad de emprenderla a tiros con las palomas. Si me dicen algo, siempre podré decir que estaba disparando a las gaviotas y una paloma idiota se metió por medio.

P.D. La ilustración perfecta para mi post

  1. 8 Noviembre 2007 a las 11:40 pm | #1

    Desde que sufrí cierto ataque de una gaviota de niña (que ni idea de que vio en mi… pero me costó dos puntos sobre la frente y a punto de costarme un ojo) siento cierto pánico hacia esos bichejos y por su parecido, algo similar por las palomas, muy bonitas, eso si, en fotos, pero lejos de mi entorno.

    Si necesitas testigos por al palomicidio, me ofrezco voluntaria, yo también diré que la gili de la paloma se cruzó por medio.

    Besos de una maia.

  2. 8 Noviembre 2007 a las 11:44 pm | #2

    Wen: Ahora mismo quedas integrada en la brigada anti-palomas. Eso sí, como los hoplitas de la antigua Grecia, cada cual tiene que poner sus propias armas, que para eso no tenemos presupuesto.

  3. Raquel
    8 Noviembre 2007 a las 11:45 pm | #3

    Tú mientras no te líes a tiros con los novios… todo irá bien.

  4. 9 Noviembre 2007 a las 7:35 am | #4

    Y olé.
    Las palomas son repulsivas, ciertamente. En algunos sitios, en Madrid, hay halcones para tratar de controlarlas, y parece que, si bien no acaban con ellas, que son como ratas con alas, las mantienen a raya.
    No sabes la alegría que me da que menciones lo del carnaval. Creía que era como lo del cambio climático (ja, ja, ja!): una cosa de la que nadie se atreve a dudar.
    Yo no soporto los carnavales de ningún sitio. Pero los de Cái, últimamente, se me atragantan más que ningún otro. Yo creí que no podría detestar ninguna cosa más de lo que detestaba los carnavales canarios, pero las chirigotas han conseguido superar el límite de mi aguante.
    NO me hacen gracia. Ninguna gracia. Las encuentro ordinarias, facilonas y faltas de verdadero sentido del humor, que es muy distinto del sentido del chiste. En fin, qué desahogo…

    Bueno, Koti, te mando besos y un paquetito de arroz envenenado, a ver si así…

  5. 9 Noviembre 2007 a las 8:02 am | #5

    A mí no me perjudican casi nada esos bichejos símbolos de la paz, pero me solidarizo al 100% con la brigada antipalomil. De chico se me daba bien lo de dar pedrás (pedradas para los estudiados), tanto que una vez maté una pobre golondrina por accidente (tiré la piedra al aire), así que en un tris estoy en Cai pa lo quen carte …

    Mil besos

  6. 9 Noviembre 2007 a las 12:27 pm | #6

    Por estos lares también tenemos a los viciosos del carnaval, con absoluto apoyo oficial, incluso por encima de las decisiones judiciales. Pero es que parece que el carnaval es una de las señas de identidad y parte constitutiva de los sacros derechos del pueblo. Yo el carnaval es que no lo soporto; pero eso no se puede decir. Menos mal que no vivo en el meollo; por mi zona, afortunadamente, tampoco hay muchas palomas (que, pro cierto, éstas y las gaviotas también son abundantes por aquí). Va a resultar que Cadiz y Santa Cruz, además del Atlántico, comparten bastantes cosas. Un beso.

  7. 9 Noviembre 2007 a las 2:20 pm | #7

    Raquel: De momento no se me ha pasado por la cabeza dispararle a los novios, aunque algunos, por los atuendos, representan una agresión para la vista que no debería quedar impune. Si me da la vena pistolera me conformaré con ir quitando de en medio a las palomas.

    Wolffo y Miroslav: Se ve que he tocado un asunto sensible para vosotros, porque lo del Carnaval en el post era un tema bastante tangencial y secundario, y los dos lo habéis convertido en el meollo de vuestro comentario. Si a los dos os fastidia, tratad de imaginar lo que representa vivir en el centro de todo el jolgorio. Cuento con vuestra comprensión y solidaridad, ¿verdad? ¿Me daríais asilo durante unos días en el próximo febrero?

    Franfri: Un especialista siempre es bienvenido. Quedas reclutado en este momento.

  8. 9 Noviembre 2007 a las 2:49 pm | #8

    Joe … pues a mi me dan pena las pobres palomas y gaviotas …

    No sé … es la vida que las ha tocado vivir a las pobres. Aunque entiendo perfectamente el problema que suponen.

    A mi desde luego no me molestan … supongo que si lo hicieran pensaría de distinta manera.

    Un besito, koti. Pasa un buen fin de semana.

  9. PrincesadelGuisante
    9 Noviembre 2007 a las 5:40 pm | #9

    en mi ciudad hace tiempo que las palomas son una plaga. Eso hace que muchos balcones y terrazas se vean adornados con cedés colgantes, o con molinillos de viento; en los edificios públicos han puesto pinchos. Yo misma puse unos molinillos en mis ventanas, pero tengo que decir que a mí no me sirvieron de nada, y que las palomas no sólo molestaban fuera, sino que en una ocasión, en la que afortunadamente no estaba yo en casa, sortearon los molinillos-trampa y se metieron en dos habitaciones; sólo puedo decir que las de aquí también están sobrealimentadas, por el rastro que dejaron en el escaso cuarto de hora que tardaron en desalojarlas. Después de este episodio, mi escasa simpatía previa por ellas decreció, y nos decidimos a disparar unos garbanzos con una pistola de aire comprimido, como para hacer daño pero sin matar… Ya he dicho que estaban sobrealimentadas, así que ni cosquillas les hacían los proyectiles.
    El ayuntamiento propuso capturarlas y llevarlas a palomares, en el campo, en construcciones típicas, pero eso, por algún extraño motivo, no les parece bien a los ecologistas autóctonos, a los que les importan más las jodías palomitas que mi bienestar. Por la época de los molinillos, yo propuse en el blog que alguien inventase unos pañales para los bichos, pero esto prosperó menos que lo de los palomares, supongo que porque aunque se hubiera logrado un fabricante, a ver quién se prestaba a cambiar a los animalitos.
    Lo del arroz, fíjate, a mí me contaron que a las palomas les hacía daño, porque se hinchaba, o no podían digerirlo, o no sé qué, y más de una vez he tenido que vencer la tentación de sembrar toda la calle, pero me alegro de no haberlo hecho, que igual es verdad que las alimenta y lo de que las revienta es una leyenda urbana.
    De momento, pasear por el centro es hacerlo sobre aceras alfombradas de caca y plumas de paloma. Una delicia.
    Claro que después de leerte, no sabes cómo me alegra que aquí no haya gaviotas…

  10. 9 Noviembre 2007 a las 9:07 pm | #10

    Cuando yo era pequeño las palomas eran un manjar exquisito. Caldo de paloma para un enfermo era bálsamo de milagro. Se me hace la boca agua recordarlo.

    La forma de obtener una paloma para comer era que el abuelo sacrificara una de su palomar privativo, o bien que mi madre armara la ratonera grande en la azotea con granos de millo. También se le ponía una trampa con una caja de naranjas y unos cordeles.

    Sin embargo hoy día nadie se comería una paloma, y las llaman ratas voladoras.
    Reconozco que hace mucho mucho tiempo que no veo una paloma.
    Sin embargo, estoy sufriendo con los mirlos. Los mirlos me cagan la parabólica. Justo hace una hora estuve yo con el trapo restregando un recuerdo de ese funesto y estéril pájaro negro (estéril porque no es útil, no porque no se reproduzca, que eso lo hace como conejos).

    El departamento de Medio Ambiente de esta Isla, hace unos años, contrató a una chica “caza pájaros” para que eliminara los mirlos exóticos. Era una chica muy rara, con un gran lunar en el centro de la frente. A mí me daban asco sus manos, pues me las imaginaba pringadas de pájaros muertos y de cebos inmundos…

  11. 9 Noviembre 2007 a las 9:08 pm | #11

    Por cierto, hay un cañón para pillar gaviotas, pero no lanza balas, sino una red (supongo que luego, para matarlas, las echarán a una olla de agua hirviendo)

  12. 9 Noviembre 2007 a las 9:31 pm | #12

    Mid: A ti lo que te pasa es que eres un sentimental. Que sepas que la naturaleza no es una peli de Disney, sino una lucha feroz. Así que eso de exterminar al que nos da el coñazo es lo más natural del mundo. Piensa en lo que hubieras hecho esa noche nefasta con tu jefe, y calcula.

    Princesa: Veo que me comprendes. Eso de los garbanzos para “hacer daño sin matar” me ha dejado impactada. Y el hecho de que los proyectiles no les hiciesen nada me confirma que en este caso no procede misericordia alguna.

    Johnny: Uff, los mirlos. También tienen tela. Por aquí se dice eso de “cagar como un mirlo” así que supongo que son el no va más del asunto. En cuanto al caldo de paloma, si vieras el mal aspecto que tienen las palomas de aquí, te imaginarás que el caldo debe salir bastante tóxico. Ideal para librarte de un pariente.

  13. aguardentero
    9 Noviembre 2007 a las 9:37 pm | #13

    dicen que la culpa del daño que causan las palomas la tiene picasso,

    lo cierto es que la palomina es tan peligrosa que hasta las mismas palomas enferman con ella y no es difícil encontrar palomas con las patas destrozadas a causa de andar todo el día pisándola,

    en zaragoza, el pilar que es quizás el edificio más conocido de esta ciudad, sufre el ataque constante y reiterado de las palomas, que llevan de cabeza a los encargados de su conservación y obligan al cabildo a un cuantioso desembolso económico para sufragar l
    a reparación de los daños,

    besos,

  14. 12 Noviembre 2007 a las 6:49 pm | #14

    Las palomas son unas guarras nos pongamos como nos pongamos.

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