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¿Qué salvarías?

Leo que muchos de los afectados por los incendios de California, con el humo y la ceniza ya invadiendo sus casas, se han jugado la vida por salvar cosas como el uniforme que el abuelito usó en la Segunda Guerra Mundial, las mantitas de la cuna de cuando los niños eran pequeños o la mantequera de la bisabuela. Y prácticamente el 100% de las personas que comentan la noticia insisten en que si tuvieran que salvar una cosa de su casa en llamas tienen muy claro que elegirían las fotografías y nada más. Porque, dicen, todo lo demás, sobre todo la documentación, puede obtenerse de nuevo.

Una de dos. O estas personas no se han tenido que ocupar nunca de rehacer toda su vida de ventanilla en ventanilla, o esto es una prueba más de que yo, al igual que Superman, aterricé en la playa de la Caleta en una cunita procedente de una galaxia lejana, y por eso mismo de mi procedencia extraterrestre me siento tan diferente de la inmensa mayoría del género humano.

Aunque no soy de esas personas que se ponen siempre en lo peor, hace ya muchos años que pensé en la posibilidad de un incendio en casa. Desde entonces tengo mis cosas ordenadas de forma que en unos pocos segundos puedo poner a salvo carnets de identidad, pasaportes, tarjetas de la Seguridad Social, Libro de Familia, escrituras, contratos, pólizas de seguro, títulos, dinero, tarjetas de crédito, talonarios de cheques, libretas de ahorro y esas pocas cosas cuya posesión nos hacen posible la vida tal como la tenemos organizada. Tendría incluso tiempo de echar mano a mi cañón de vídeo, a mi portátil y a mis copias de seguridad, por aquello de que me daría tanta pereza reconstruir el trabajo de investigación de muchos años que dudo que lo emprendiera de nuevo, aunque fuera posible. Y si todavía me sobrara tiempo recogería en un pis-pas algunos objetos valiosos de pequeño tamaño que hay en mi casa. Pero tengo clarísimo que no perdería ni un segundo en recoger fotografías.

Posiblemente se me catalogue de poco sentimental o materialista. No estoy de acuerdo. Pero, en todo caso, no puedo compartir el fanatismo y la dependencia que mucha gente ha desarrollado por las fotografías. Hacen fotos continuamente, de las situaciones más insulsas o prescindibles. No pueden concebir la vida sin un móvil con el que puedan hacer fotos, porque en cualquier situación sienten la necesidad de inmortalizar los momentos más insustanciales y zonzos (me encanta esta palabra).

Es cierto que muchas de las cosas que yo me llevaría se pueden conseguir de nuevo. Pero esas personas que manifiestan no poder vivir sin sus fotos seguramente ignoran que se pueden tardar varios años en volver a reunir toda esa documentación. Por ejemplo, el que te expidan de nuevo un título universitario es algo bastante complicado, tarda mucho e incluso tiene que publicarse en el BOE. No se trata, como algunos parecen creer por los comentarios antes mencionados, de ir a la Secretaría de la Facultad y pedir que te hagan un nuevo papelito para recogerlo días después, como si fuera un certificado. Y, mientras tanto, cientos de funcionarios se encogerían de hombros ante tu desesperada necesidad de tal o cual documento, sin ablandarse cuando les enseñaras la foto de la despedida de soltero de tu hermano, la mili de tu abuelo, tu primer cumpleaños o aquel día en que tu madre se vistió de mantilla.

Por la reciente muerte de mi padre mi hermano y yo nos estamos teniendo que ocupar de algunas gestiones insoslayables, y teniendo en cuenta las vueltas que hay que dar, incluso tratándose de una persona tremendamente ordenada que tenía todos sus asuntos arreglados a la perfección, no quiero ni pensar lo que podría ser quedarte sin nada por un incendio. Hemos tardado dos semanas exactas en poder tener un certificado de defunción. Ahora tardaremos varios días más en tener actualizado el libro de familia. Sólo entonces podremos empezar a gestionar la pensión de viudedad de mi madre. Ya fuimos al notario para enterarnos de los papeles que necesitábamos reunir. Pedimos al banco unos certificados que, a su vez, han tenido que pedir a la oficina central en Madrid. A partir de ahí en la notaría solicitarán por nosotros un certificado de últimas voluntades y comenzarán los trámites relacionados con la herencia. Y menos mal que existía un testamento perfectamente claro y sencillo de cumplir que ninguno de los herederos va a discutir. Inventando una venta que nunca existió y falsificando una firma nos hemos librado de un año de papeleo para que mi hermano pudiese poner a su nombre el coche de mi padre. Y, por supuesto, las gestiones nos llevan de un extremo a otro de la ciudad y además sólo se pueden realizar en las mañanas de lunes a viernes (lo de la pensión de viudedad ni siquiera eso, porque en las oficinas de la Seguridad Social están en huelga indefinida los lunes, martes y miércoles). Teniendo en cuenta que ninguno de los dos podemos pedir permiso en el trabajo para estos asuntos, ya se puede suponer los malabarismos que estamos haciendo.

Con colas kilométricas para renovar el DNI, de forma que si llegas a las 7 de la mañana ya se han agotado los números que dan para todo el día, y esto sólo por poner un ejemplo, y teniendo en cuenta que para obtener el documento A te piden una fotocopia compulsada del B, al mismo tiempo que para conseguir el B tienes que presentar el A y el C, suponiendo que tengas el C, lo cual en el caso del incendio sería mucho suponer, me gustaría ver qué carita se les quedaba a los que salvaron las fotos dejando atrás todas esas tonterías innecesarias, cuando no pudieran conducir un coche, cobrar un cheque o vender una casa hasta Dios sabe cuándo. Y ni siquiera poder sacar un libro de la biblioteca pública para amenizar las horas de cola.

  1. 28 Octubre 2007 a las 5:16 pm | #1

    La verdad, yo dudo también que me parara a salvar las fotografías. En realidad ni tan siquiera sé si me acordaría de coger algo de casa antes de salir de casa a toda pastilla. Nunca me lo había planteado pero estoy por copiarte la idea y mantener toda la documentación bien al alcance para poder llevarla en caso de que algo así ocurriera porque, tienes razón, lo realmente necesario para luego seguir es la documentación, pero es que yo siempre he pensado que la gente se pasa de sentimentaloide.

    Besos

  2. lukre
    28 Octubre 2007 a las 8:38 pm | #2

    pues quizas, dicen eso porque en EEUU las cosas se pueden pedir por correo ordinario.
    Es otro sistema.
    Igual,, pensare en que llevaRIA. Alguna vez alguien me dijo, elije tres cosas que te llevarias a una isla desierta, y no supe que contestar.
    ME lo pensare, ya te dire algo..
    un beso

  3. 28 Octubre 2007 a las 9:17 pm | #3

    La verdad, sólo de ponerme a pensar en qué me llevaría en caso de incendio me da pereza. En todo caso, espero no sufrir ningún incendio antes de acabar la eterna tarea de ordenar mi casa y mis posesiones. Para entonces, si sigo vivo, creo que tendré claras mis prioridades en cuanto a los bienes materiales. Si llega antes, pues que el azar decida. Un beso.

  4. 28 Octubre 2007 a las 10:04 pm | #4

    Voy a buscar mi título universitario rápidamente…No sabía que era tan complicado volver a solicitarlo!
    Si quieres que te diga la verdad, en caso de que hoy mi casa se quemara, lo único que me llevaría son los calmantes…

    Muchos besos

  5. 29 Octubre 2007 a las 7:56 am | #5

    Yo me preocuparía de sacar a mi gente, entre las que incluyo a mi Boris, mi perro. Lo demás, ya se vería. Depende de cienes y cienes de factores.

    Lo que estoy seguro que no cogería son las libretas del banco.

    Si te hace falta, me llamas y voy a ayudarte, que a lo tonto, a lo tonto, sacarías más cosas de las que podrías sacar sin jugarte el pellejo …

    Un beso bombero

  6. 29 Octubre 2007 a las 8:28 am | #6

    La gente tiene demasiado apego por las cosas materiales, es esta puta sociedad capitalista y neoliberal que nos aliena y nos ciega con su cambio climático.
    Yo salvaría mi culo, mi cartera, el disco duro del ordenador y mis guitarras (las 6), y las cazuelas de barro, y un buen cuchillo de cocina, y el microondas y las toallas viejas que son más suaves, y los siete pares de calcetines negros que tienen escritos los días de la semana en distintos colores, y mi albornoz azul marino, y el chándal del real madrid, y las armónicas y la mesa de mezclas, y con la mano que me quedara libre, los condones, el jamón, mis mandarinos, los laureles que empiezan a cabecear, mi colección de vinilos (singles y LP’s), una foto dedicada del Niño de la Capea, un cuadro pintado por Buch, – cariocas policromados sobre papel cuadriculado- titulado “El ocaso de Zubizarreta”, una ambiciosa escultura mía realizada en madera de Germán, el extraordinario centrocampista de la Unión Deportiva Las Palmas de los años 70 que no entregué, por ser excesivamente buena y artística, a mi profesor de Pretecnología en séptimo de EGB, y creo que con eso, aparte de lo que me cupiese en el camión de mudanzas que me compré por e-bay para por siaca y que está aparcado junto a mi casa. Eso es todo lo que yo salvaría.

    ¿De verdad tienes un plan de evacuación de papeles en caso de incendio?
    Cada día te admiro más…

  7. 29 Octubre 2007 a las 8:43 am | #7

    Yo soy de los que salvarían las fotos, hace tiempo pensé en la posibilidad de un incendio y me dio por digitalizar todas las fotos que hay en casa, las tengo en cd´s y tengo dos copias, por si las moscas.
    Las cosas materiales se pueden volver a comprar, excepto mis colecciones de trastos viejos, pero los recuerdos no.
    Besos

  8. Eva Rodríguez
    29 Octubre 2007 a las 10:38 am | #8

    Fácil: mi lápiz USB donde está todo lo que escribo, incluidas cosas que aún no he publicado y que, por tanto, no habría manera de reconstruir si se perdiesen.

    Fotos… apenas las tengo. Saco alguna con la cámara digital a veces pero nunca me he molestado en revelarlas. No suelo tener fotos por casa.

  9. 29 Octubre 2007 a las 11:21 pm | #9

    Bueno, veo que hay de todo: sentimentales, prácticos, chuflones y también de los que no se plantean la situación. Como la vida misma. Un beso a todos.

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