La cazadora

M. se separó de su marido hace unos dos años. Sólo conozco la versión de ella, porque es mi compañera de trabajo y la veo cada día, mientras que a él sólo lo conozco de un par de comidas. Por eso reconozco que en esta historia me faltan datos, aunque ella es tan locuaz que, incluso involuntariamente, nos proporciona información constante.

Sé que M. se empeñó en tener un tercer hijo cuando el matrimonio no funcionaba ya bien; sé que unos meses después se metió en la compra de una casa bastante cara que no le hacía ninguna falta; sé que se encaprichó de un perrazo enorme al que su marido no tragaba, porque lo consideraba el complemento indispensable del chalet recién estrenado. No estoy diciendo que todo eso fuera la causa de la separación, y por tanto culpa de ella, pero sí es cierto que cuando el marido se marchó ella se quejaba de que la hubiera dejado con un niño recién nacido, una casa recién comprada y un perrazo enorme que tenía más fuerza que ella, como si ella no hubiera tenido parte en todo eso.

Después de la separación se dedicó a demostrar (o demostrarse a sí misma) que si su marido la había dejado no había sido por falta de atractivo. Y qué mejor manera de hacerlo que intentar batir el record mundial de ligues rápidos. Primero puso cerco a J., un compañero de trabajo que hasta ese momento estaba felizmente casado. Él era el típico hombre tímido y consciente de su poco atractivo. Era introvertido y aburrido y el que una mujer tan mona y tan pizpireta le tirara los tejos lo volvió un poco loco. El asunto fue desagradable porque M. le daba clase al hijo de J., y el chiquillo vio como sus padres empezaban a pelearse a causa de una persona a la que tenía que ver forzosamente en clase cuatro veces a la semana. Finalmente J. dejó a su mujer y se marchó de casa, aunque no se fue a vivir con M. Para entonces ella ya se había aburrido de aquel tipo tan monótono y anodino y lo dejó con un palmo de narices. J. comprendió entonces que había hecho una gran tontería y, aunque le costó un tiempo, finalmente consiguió que su mujer lo aceptara de nuevo.

M. se volcó entonces con uno de los conserjes, decidida a hacer una nueva muesca en su “contador de conquistas”. Pero C. no estaba al nivel de lo que ella consideraba “presentable” para lucirlo por ahí, de forma que nunca reconoció oficialmente que estaban juntos. Una nueva víctima.

Sintiéndose por entonces ya con una reputación que mantener, se metió a la fuerza en el grupo de interinos jovencillos que llegan cada año, y que como viven fuera de su pueblo, alejados de sus amigos, sus familias y sus novias, en inhóspitas casas de alquiler, hacen mucha vida en la calle, haciendo grupo entre ellos. M. se convirtió en el perejil de todas las salsas y estaba en todas las salidas nocturnas que se produjeran. Si alguna vez salían sin ella, aunque fuera a tomar una simple cerveza, les formaba el escándalo.

Como había más o menos diez años de diferencia entre M. y los chicos, decidida a acortar distancias, se metió en el quirófano, se puso tetas nuevas, se hizo una liposucción y se compró un vestuario completo. Los chicos fueron cayendo uno tras otro, aunque sin darle mayor importancia a aquellos revolcones casuales.

Eso no era lo que M. quería, y pronto oteó el horizonte en busca de nueva presa. No tuvo que ir muy lejos, porque en el Departamento de Física y Química estaba P., que se acababa de quedar viudo. Aquel asedio fue una obra maestra, empezando en el mismo velatorio, y P. cayó como un pardillo cuando el nicho de su mujer todavía no tenía la lápida puesta. Pero M. no contaba con los dos hijos de P., un niño de catorce años y, sobre todo, una niña de diecisiete, que rápidamente le pusieron las peras al cuarto a su padre. Otra historia que acaba abruptamente.

El caso es que a M. se le estaban agotando las posibilidades y se encontraba bastante alicaída. Y de pronto ha descubierto el mayor de los territorios de caza posibles: los padres. Con un entusiasmo renovado se ha lanzado al coqueteo descarado con media docena de señores a la vez. No es tonta, no. Es una depredadora nata y los observa cuidadosamente antes de actuar. Lo mismo que la leona observa el rebaño de gacelas a fin de identificar a las más lentas, las más torpes y las más indefensas, M. estudia cuidadosamente las fichas de los alumnos, llenas de datos reveladores: edad, estado civil, profesión, etc. Hace una primera observación en una reunión común con todos los padres y luego ataca sobre seguro. Ahora mismo tiene ya a dos o tres totalmente encandilados, todo el día pidiendo tutorías.

La verdad es que estamos distraidísimos con todo este movimiento. En la sala de profesores hay apuestas y muchas risas. Incluso alguna entrada así, como por equivocación, en el despacho donde M. está de tutoría con algún padre, para informar al resto de los posibles progresos que se estén produciendo. De aquí a un mes alguno cae, me juego lo que sea.

  1. 24 Octubre 2007 a las 9:21 pm | #1

    Lo de tener el tercer hijo cuando el matrimonio ya está empezando a hacer aguas (y cuando la parejita está más o menos crecidita) me va pareciendo una constante o, al menos, un fenómeno tan repetido que merecería algún análisis sociológico. Para que te hagas una idea conozco seis casos cercanos, el más de ellos mi propio hermano. En cuanto al comportamiento de tu compañera, pues que quieres que te diga, divertiros o divertís … ¿o no? Imagino que ya se irá calmando.

    Me alegro de que reaparezcas. Espero que, dentro de lo que cabe, estés bien. Un beso muy grande.

  2. 24 Octubre 2007 a las 10:09 pm | #2

    ¡Vaya! ¡Qué buena idea me has dado!
    En mi próxima tutoría pienso colgar el cartel de “Sólo padres” o “No se admiten madres”.
    Ya veré…

    Besitos

  3. 24 Octubre 2007 a las 10:12 pm | #3

    Bueno, no se puede negar que está disfrutando de lo lindo. Iba a decir que lástima de pobres presas pero, no, más bien lástima de pobres mujeres de las presas.

    En fin, o se calma o se va a quedar sin especímenes para su afición cinegética :D

    Besos (espero que te encuentres bien)

  4. 25 Octubre 2007 a las 12:38 am | #4

    Qué miedo, qué miedo, Koti, que me dan las Vampiresas.
    Menos mal que las huelo a cien leguas y que les pongo tan mala cara que a mí no hay una de esas que me tumbe. Si acaso me tumbaría el perrazo.

    Yo soy capaz de repudiar a una mujer tan solo por poseer uno de esos perros, independientemente del resto de las circuntancias.

    Pero al menos debemos estar de enhorabuena porque las Doña Juanas ya existen junto a los Don Juanes. Yo tengo una vecina Juana, pero no creo que se dedique a eso…

    Supongo que con el Conserje se liaría dentro del cuarto de las tizas…
    con todo ese polvillo blanco.

    Abrazos

  5. 25 Octubre 2007 a las 7:05 am | #5

    Las malas. Yo, reconozco que siento una fascinación que podría llamarse infantil hacia las malas. ¿Es porque yo soy malo? ¡De ninguna manera! Y cualquiera que sepa un poco de Física, como podría explicarnos tu compañero P, del departamento de Física y Química, los polos del mismo signo se repelen. De modo que esta fascinación se justifica, sí y solo sí, yo fuera un polo opuesto de las malas, es decir, porque soy buenín. Siendo buenín, se explica fácilmente esta fascinanción mía por esas mujeres que deciden hacer de su vida la caza perpetua y sin descanso, de igual manera que el cabritillo queda hipnotizado, aunque tembloroso ante la fría mirada de la cobra depredadora e impía. He dicho.

    Te mando un beso, gordo.

  6. 25 Octubre 2007 a las 7:06 am | #6

    Es asombroso lo memos que somos, así, en general, los tíos. Pero basta con que una señora medio guapa, o con un escote apañado, o una falda demasiado corta, nos haga ojitos para caer en sus brazos.
    No digo que estemos dispuestos, como J., a dejar lo que tenemos, pero que levante la mano el que no se daría una alegría si se lo ponen tan a huevo.
    En fin, algunas mujeres son como son y algunos hombres son como son. No es nada extraordinario, pero hay que ver lo que mola leerlo cuando alguien como tú lo cuenta tan requetebien.

    Muchos besos, KotiMari, muchos, muchos, muchos.

  7. 25 Octubre 2007 a las 7:10 am | #7

    Eres única contando las cosas, una maestra (además de profesora).

    Primero, gravísimo error eso de tener hijos para acercar distancias cuando éstas son insoslayables.

    Segundo, valiente vampiresa tenemos entre manos, o tenéis entre las aulas. Está genial eso de que haga lo que le venga en gana o lo salga de … ahí …. aunque un poquillo de miramiento para con las familias de sus presas no estaría mal.

    Tercero, si nos mantienes informados, podríamos crear una porra y apostar, aunque tiene pinta de que no tendría mucho chiste pues todos apostaríamos lo mismo.

    Ve pidiéndome hora para una tutoría, que tengo una duda …

    Mil besos

  8. 25 Octubre 2007 a las 8:28 am | #8

    Pues creo que tu amiga tiene un gran problema de autoestima, no es una conquistadora es una coleccionista de fracasos, los suyos y los que irresponsablemente hace que cometan los demás.
    Si no pone freno a esta obsesión acabará bastante mal, sola y abandonada por todos.
    Invítale a que vea Muerte en Venecia, igual recapacita un poco.

  9. Raquel
    25 Octubre 2007 a las 8:35 am | #9

    Échate a temblar Koti, que como se le acabe el “ganado” masculino, apuesto a que empezará con el femenino, y conociendo sus antecedentes, cualquiera puede caer en sus redes.

  10. Amy
    25 Octubre 2007 a las 8:51 am | #10

    ¿!Y tiene tiempo de cuidar de sus tres niños, de cuidar al perro y hacerse cargo del chalet entre tanta caza?!. Muchos besos Koti.

  11. 25 Octubre 2007 a las 10:36 am | #11

    Descripción magistral donde las haya de arpía: ave rapiña de dos cabezas.

    Y luego digo yo que trabajo en un corral de vecinos, ¡¡¡¡anda ya¡¡¡¡.. donde esté una buena sala de profesores, que se quiten to las tertulias de comadres de mi corralito.

    Besitos guapa.
    Me lo he pasado genial leyéndote¡¡¡

  12. lukre
    25 Octubre 2007 a las 10:59 am | #12

    para mi este post tiene dos lecturas.
    Una que me congratula y alegra… es que ya no tenes la neura de que te descubran si pones un post tan claro.. sobre tus actividades diarias.
    Me alegra…
    y la segunda,, sinceramente menuda loca la tia.. Al final solo es un punto de baja autoestima, si se quiciera un poquito le daria lo mismo si su marido la dejo o no…
    en fin.. a veces envejecer no le sienta bien a todo el mundo
    un beso niña.. a ver si me llamas ein.. aun espero..
    un abrazo

  13. 25 Octubre 2007 a las 12:59 pm | #13

    Sólo por copletar la información, Kott, y de ninguna manera debes pensar que yo tengo un interés personal en este asunto…

    ¿La han quedado bien los arreglos?

  14. 25 Octubre 2007 a las 1:28 pm | #14

    Cuidadín, que al ritmo que va la cosa puede empezar tambien con vosotras, eh? jajajajajaja. Yo por si acaso me iría preparando!!! jajaja.

    Un besito.

  15. 25 Octubre 2007 a las 4:02 pm | #15

    a veces pienso que el genero nos termina alienando.

  16. 25 Octubre 2007 a las 4:37 pm | #16

    Yo tengo una cazadora en mi propia oficina, pero es más triste aún, es de las que calienta el percal sólo por alimentar su pobre ego y cuando se trata de responder a los requerimientos del “calentado” se hace la sueca, pero eso sí, se va a su casa diciendo “jo, mari, como ligo”
    Aunque no escriba os sigo leyendo a todos y volveré un día.
    Saludos.

  17. 26 Octubre 2007 a las 10:18 am | #17

    Pero esta gente no tiene escrúpulos?

    Alucino…

    Muaks!

  18. aguardentero
    26 Octubre 2007 a las 4:44 pm | #18

    al leer el título pensé que ibas a hablar de que modelo de chupa iba a estar de moda esta temporada para ir a pillarla antes de que se agoten, pero resulta que no, la verdad es que yo cazadoras de las que hablas no conozco ninguna,

    besos,

  19. 26 Octubre 2007 a las 10:05 pm | #19

    Miroslav: Pues sí, supongo que ya se irá calmando. De todas formas, el ritmo que lleva no hay quien lo resista mucho tiempo.

    Zafferano: Por si acaso, no te precipites. Mi experiencia es que los padres pueden ser mucho más rollazo a la hora de una tutoría. Siempre me he entendido mejor con las madres.

    Nanny: En realidad no sé si está disfrutando o se ha impuesto esta “obligación” para demostrar algo.

    Johnny: Pues estaba todo el día metida en la Conserjería, que es como un escaparate rodeado de cristales a la entrada del Instituto. Realmente un sitio muy poco discreto, porque se ve desde todos lados.

    Buch: Que sepas que he estado dos veces en la India, y la segunda fue para hacer un cursillo intensivo de mirada de cobra. Me sale perfecta, así que no te pongas a tiro, guapín.

    Y hay que reconocer que está muy mona y que los arreglos le han quedado bien. La chica es resultona, muy menudita, muy morena. Lo malo es cuando abre la boca, porque es chillona y ordinaria.

    Wolffo: Yo en realidad escribo esta historia para advertiros, porque me da mucha aprensión que cualquiera de vosotros vaya a caer en manos de una de estas. Y eso sí que no. Que vosotros estáis en mi territorio de caza y no dejo entrar a ninguna leona de fuera.

    Franfri: Ve entrenándote en plan intensivo, para poder salir corriendo al mínimo peligro, que es muy tremenda.

    Ararat: Tienes toda la razón. Ya dije que estoy convencida de que lo hace todo por demostrar que el marido se equivocó dejándola. Es una pobre infeliz que da lástima.

    Amy: La verdad es que yo también me lo he preguntado. Me parece a mí que los niños pasan mucho tiempo con la muchacha, y además a la abuela también la tiene constantemente de canguro. Pero es cierto que debe tomar algún tipo de vitaminas porque no para.

    Barbie: Pues sí. Imagina 42 personas que sólo tienen para descansar y desahogarse un poco una sala que no llega a los 20 metros cuadrados. Acaba pasando de todo, que el hacinamiento saca lo peor de nosotros.

    Lukre: Es que no creo que la chica vaya a terminar leyendo un blog, y menos el mío. Está demasiado ocupada con otros menesteres. Por eso me siento a salvo.

    Mid: Oye, ¿te la presento? Que esta te quita todas las telarañas en un momento ¿eh?

    Gatitacba: No entiendo muy bien lo que quieres decir. En todo caso, bienvenida.

    Grace: Debe haber un ejemplar en cada centro de trabajo. Porque también de la versión masculina suele haber uno al menos.

    Kandralin: Que ella tampoco actúa sola ¿eh? Que ellos se han prestado de muy buen grado.

    Aguar: Pues si no conoces ninguna, no sabes de la que te libras, porque pienso que cuando una de estas se te cruza por en medio, te mete en un lío sin que te des ni cuenta.

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