Inicio > Cosas mías > Bronca en los probadores

Bronca en los probadores

Tenía que pasar, porque me había prometido a mí misma que la próxima vez que ocurriera no me iba a callar. La única duda es cómo se lo tomaría el caballero en cuestión. Iba a depender mucho de su educación y de su sentido común, aunque no me preocupaba en absoluto. Estaba segura de tener toda la razón y contaba con la ventaja de ser una clienta de varios años.

El escenario es una tienda donde se vende exclusivamente ropa de señora. Como me coge al paso y continuamente están llegando cosas nuevas, me doy una vuelta por allí prácticamente todas las semanas. Y como la ropa es muy de mi estilo y tiene unos precios razonables, en muchas ocasiones salgo de allí con algo. Yo diría que el 95% de la ropa que compro es de esa tienda o de El Corte Inglés, pero como éste me coge mucho más lejos, sólo acudo allí cuando no tengo más remedio.

Las dependientas son agradables y educadas, la tienda es amplia y está bien organizada. No hay que recorrerla entera para buscar cada prenda, pues sabes de antemano en qué zona va a estar. Al fondo están los probadores, un pasillo con cubículos a ambos lados cerrados por cortinas (lo que no se puede decir que cierre mucho). Y ahí está el problema, pues ese pasillo es el hábitat natural de una especie que describí en un post de los antiguos, que está borrado. Algunos recordaréis que se trata de ese señor sin cuya asistencia su legítima no puede comprarse ni unas bragas, pues él tiene que opinar sobre el color, la forma y hasta el tejido.

El ejemplar de esta especie no entra en el probador con su señora, sino que se queda en el pasillo y la hace desfilar con la prenda puesta, mientras insinúa que el color, o el largo, o la forma no le gusta. Ella obedece ciegamente y se prueba un millón de prendas hasta que él da el visto bueno final. El caso es que tú estás tan tranquila probándote cualquier cosa, cuando a través de las cortinas se te clava en las costillas el codo del susodicho. Eso en el mejor de los casos, pues muchas veces te las ves y te las deseas para que la cortina permanezca en su sitio a causa del ajetreo del pasillo.

Esta mañana estuve en esos probadores probándome tres pantalones, mientras un ejemplar como el arriba descrito ejercía nuevamente su ritual de dominación. A pesar de que su mujer quería unos pantalones blancos él, a 15 centímetros de mí y con sólo una cortina por medio, se empeñaba en que se los llevara rojos, sin hacer caso a las razones de ella. Mi cortina se movía que era un gusto, porque el buen señor braceaba bastante, y yo ya estaba viendo que íbamos a tener todo un espectáculo. A la salida me encaminé hacia el encargado de la tienda. Empecé dándole un poquito de jabón, comentándole que me gustaba mucho esa tienda, su ropa y sus precios y que me sentía allí muy bien atendida por las agradables dependientas. Pero…, desgraciadamente me había pasado allí varias veces una cosa que no estaba dispuesta a tolerar más, por lo que me veía obligada a presentar una reclamación por escrito.

Al encargado se le cambió la cara, y me preguntó el motivo. Le expliqué entonces que siendo una tienda donde se vende exclusivamente ropa de señora, entre los probadores no tienen por qué andar deambulando señores, máxime cuando los probadores no tienen puertas. El encargado me dió la razón y me aseguró que no era necesario presentar una reclamación, que él mismo se ocuparía de arreglarlo. Fue hacia allí y habló con el interfecto, al que le sentó bastante mal el desalojo. Yo estaba pagando en el otro extremo de la tienda, pero el tal no hizo la menor intención de dirigirse a mí. Me miraba con un poquito de odio, pero nada más. Esta vez no hubo bronca, pero como ese tipo de maridos controladores abunda bastante, no descarto que haya más ocasiones.

Categorías:Cosas mías
  1. Amy
    18 Julio 2007 a las 4:41 pm | #1

    He empezado a leer pensando que el susodicho representante de dicha especie, más quisieramos nosotras poder decir en vías de extinción, podía haberte dicho una palabra más alta que otra, pero koti otra caracterísitica de esta especia animal es que son cobardes y acomodan su poder de mando en esa pareja, también quisieramos nosotras poder decir en vías de extición, pero éstas son más bien como las cucarachas y llevan desde la prehistoria sosteniendo el ecosistema que hace del macho una especia con mucha guerra que dar.

    Esto de dar codazos es increible, no ocurre sólo en los probadores, en los pubs también ocurre, y yo es que no lo entiendo porque esto no ocurre por falta de espacio. Ya me dirás tú si escaseaba éste en esa tienda, es que llegan se plantan en el sitio donde les apetece y hala que los demás se vayan a otro sitio. La falta de educación está claro que hoy en día es un parásito que ha mutado y se instala en el huésped y ya no hay curación.

  2. 18 Julio 2007 a las 5:59 pm | #2

    Pos Koti, ya puestos… pa la próxima puedes poner toda la ironía en el asador y salir y pedirle opinión de cómo te van los pantalones, eso sí, con mirada asesssssinaaa…!!!!

    ¿O qué tal un buen codazo a la altura de las criadillas a través de la cortina, seguido de un “ay, que me caigo”?

    Sin duda, la situación da muuuuucho juego ;)

    Besotes.

  3. 18 Julio 2007 a las 6:13 pm | #3

    Bue… al menos ese era en el probador. Durante una temporada, tenía que ir bastante en bus y acabé hasta las narices del típico abuelo salido que aprovecha el estado del autobus y las curvas para meter mano.
    A algunos sujetos, deberían cortárselas por un rato…

  4. 18 Julio 2007 a las 6:15 pm | #4

    Amy: La verdad es que yo aquí reparto responsabilidades, porque eso no pasaría si esas pavas se hubieran puesto en su sitio desde el primer día. Ellas son las primeras que presumen de las ansias controladoras de su churri, como si eso fuera una muestra de especial cariño. Pero, en fin, yo de lo que me quejo no es de eso, porque si ellas están dispuestas a cargar con un tipo así, es su problema. Lo que me fastidia es que los hombres se metan en la zona de probadores de una tienda para señoras, y que nadie se queje o los haga salir. A partir de hoy, entrando yo, saliendo todos.

    Illyakin: Me encanta tu idea. Al próximo lo dejo lesionado antes de mandarlo fuera.

    Oscura: Este hombre no tenía esas tendencias. De hecho, no le quitaba ojo a su señora. Los habrá también que en los probadores se dan un festín de vista, pero no es el caso. A mí me molestan aunque no estén allí por eso.

  5. lukre
    18 Julio 2007 a las 10:02 pm | #5

    ahy que bonito es el amor. ese tipo de tios los odio.. me imagino la escena
    por suerte nunca ningun tio ha decidido que ponerme yo..
    en fin….
    nena no venias en julio=???? aun te espero
    un beso

  6. aguardentero
    18 Julio 2007 a las 10:26 pm | #6

    por dios, que vergüenza me has hecho pasar, una y no más santo tomás,

    besos,

  7. 18 Julio 2007 a las 11:06 pm | #7

    Has estado muy bien, correctísima.

    Es cierto que dan ganas de tomarle el pelo un poco a señores como esos y darles algún codazo o así… pero creo que estuviste muy bien.

    Besos, Koti!

  8. 19 Julio 2007 a las 12:09 am | #8

    ah, pues yo me he quedado con las ganas de… de que se hubiera levantado la cortina y tú con tus pantalones por las rodillas, con la consiguiente bronca, esta vez sí de aupa.

    Yo creo que, en lugar de eso, podrías haberte comprado unos pantalones rojos para agradar a ese señor dominador. Y es que nada hay más sexy que unos señores pantalones rojos…

  9. 19 Julio 2007 a las 12:16 pm | #9

    A ver, a ver, organización, organización. Yo no pienso que el sujeto, o predicado, objeto de este post no debiera o pudiera estar por aquellos pasillos, pues creo que está en su derecho. Ahora bien, matizo o me atizan. El problema se da con personas o personajes como el que nos describes.

    Yo suelo acompañar a mi esposa a esos menesteres. Cuando ella me pregunta, opino, pero no decido, le ayudo a encontrar algo que le quede lo mejor posible.

    Por supuesto, lo que jamás hago es incordiarla a ella o a cualquiera de las demás habitantes circunstanciales de dichos habitáculos.

    El tipo de tu post es un impresentable, desde luego.

    Para tí, un bezito muuuu grandeeeeeeeeee

  10. 19 Julio 2007 a las 2:36 pm | #10

    Lukre: Voy un poco más adelante, en agosto. No te preocupes que te avisaré con bastante antelación.

    Aguar: ¿Tú? Pues ya sabes lo que te espera para la próxima.

    Mari: Gracias, guapa. Tú sí me comprendes.

    Johnny: Ya veo. Menos mal que has reconocido que no eres aficionado a viajar, porque así sé que no hay peligro de encontrarte allí, entre cortina y cortina. Y los pantalones me los compré negros, para que se fastidie.

    Franfri: Pues yo creo que el señor no tenía ningún derecho a estar entre los probadores de una tienda de señoras, porque esos probadores no tienen puertas. En otras tiendas, como El Corte Inglés, como los probadores tienen puertas, me tiene sin cuidado quién esté al otro lado. De hecho, la idiosincrasia del caballero la comenté, no porque fuera el motivo de mi enfado, sino porque suele ser la razón por la que está allí metido. No para echarle una mano a la mujer, sosteniéndole las cosas o trayéndole más prendas cuando las necesita. Pero que el fulano sea así me tiene sin cuidado. Si a ella no le importa cargar con un tipo semejante, a mí me importa mucho menos. No es mi problema. Lo que realmente motiva mi reclamación, y el encargado me dio la razón, no es que sea dominante, sino que no tiene ningún derecho a estar ahí.

  11. 20 Julio 2007 a las 7:38 am | #11

    Amen

    Un besito

  12. 20 Julio 2007 a las 3:30 pm | #12

    Yo estaba una vez con una compàñera, comiendo, y se me debió ir un poco la miradilla a su escote y tal, y la tia va y me dice: ¿Me quito la camisa para que puedas mirar más a gusto?. Y me dió muchísimo corte y duarante cuatro años no supe que decir. Mucho tiempo después coincidimos en el mismo departamento, y la primera mañana que la ví, me arme de valor y le dije lo siguiente:
    - Pues mira, sí.
    Pero ella ya no sabía a qué me refería.

  13. 20 Julio 2007 a las 4:38 pm | #13

    Franfri: Otro pa´ ti.

    Buch: Ayyyy, esas compañeras, si es que van provocando.

  14. 25 Julio 2007 a las 4:13 pm | #14

    A ver, mi marido me acompaña a comprar ropa y pasa a probadores porque me ayuda a ver si las cosas me quedan bien o mal. Pero ni se queda en el pasillo molestando ni decide sobre qué he de comprar o qué no (sólo cuando yo le permito un capricho de los que a él le gustan).

    Desde luego ese sujeto no tiene por qué estar en el pasillo. Lo otro ya es cosa entre su mujer (tonta, que se le va a hacer) y él. Pero nadie tiene por qué soportar semejante incordio.

    Besos

  1. Aún no hay trackbacks