Posted by: kotinussa on: 16, Mayo, 2007
En Nepal tienen una curiosa costumbre. Entre las familias de una casta determinada eligen a una nña de cuatro o cinco años como reencarnación viviente de la diosa Durga, siempre que cumpla determinados requisitos: tener un horóscopo concreto, presentar treinta y dos rasgos físicos determinados y superar algunas pruebas que tienen como objeto eliminar a las que se asusten fácilmente.
La niña finalmente elegida, la Kumari, es adorada por todos los nepalíes, incluso por el rey. Se la traslada a un palacio situado en una de las plazas principales de Katmandú y se la mima hasta el extremo de que no se le permite poner un pie en el suelo, siendo trasladada siempre en brazos, en unas andas, en una carroza, etc.
Su papel como Kumari continua hasta que vierte sangre por primera vez, ya sea porque se haga cualquier herida, ya sea por la menarquía. A partir de ese momento vuelve a ser una mortal y se elige a una nueva niña.
Aunque sea considerada una diosa, la Kumari es bastante accesible. Puedes ir a su palacio y esperar bajo su ventana. Cuando se hayan congregado suficientes personas, uno de sus guardianes llamará a sus cuidadoras, y la Kumari aparecerá por unos momentos en la ventana, donde se la puede fotografiar sin problemas.
Yo, como todos los turistas que pasan por Katmandú, fui a ver a la Kumari. No todos los días se puede estar a escasos metros de una diosa viviente. A mi alrededor, otras personas comentaban el hecho con la típica actitud condescendiente: “Pobrecillos, ¿cómo van a progresar mientras tengan estas creencias? Y esa niña da lástima porque después de pasar su infancia tratada como una diosa, ¿cómo va a adaptarse al mundo real?“
A mí entonces me quedaba una pizca de prudencia, por lo que me callé lo que estaba pensando: “¿Y eso lo decís vosotros, que tenéis en cada casa dos o tres Kumaris, aunque se llamen Alejandro, Rocío o Julia? ¿Vosotros, que no sólo endiosáis a vuestros hijos sino que también pretendéis que los demás compartamos esa adoración? ¿Vosotros, que los inundáis de regalos, que los enseñáis a rehuir las obligaciones, que los hacéis vivir en un mundo inexistente dificultando su crecimiento y maduración personal?
Después de todo, los nepalíes no llegan a tanto.
koti cariño di conmigo. ummmmmmmmmmmm
ummmmmmmmmmmmm que te ha salido con el final del post el tigre que llevas dentro… (sin acritud ein)
aunque comparta contigo lo que has dicho… pero dime vieste a la Kumari????
y qué razón tienes, jamí,a … una vez más …
Un besito sin endiosar.
Y de nuevo Koti despotricando levemente… y con razón.
Saludines
Me temo que esas pequeñas diosas acabarán todas padeciendo de dolencias lumbares: si las llevan siempre a volandas, en brazos, si no las dejan caminar un poquitín, la van a dejar inválida de la espalda, o perderá masa muscular de las piernas: ¿la llevarán también en brazos al trono? (quiero decir al WC: o a lo mejor no hay WC en Katmandú…).
Qué elegante eso de la menarquía…La palabra no da por pensar en la guarrería que en realidad esconde…
Siendo yo la pequeña diosa, me empezaba a tomar la píldora de seguido desde los 8 años para asegurarme un reinado vitalicio.
Pues sí: soy previsible y coqueto, por lo que no me importaría ser pequeña diosa. Eso sí, sería una diosa gruñona…
Lo que deberíamos reivindicar para Kumari (cada vez que lo pronuncio me sale la voz de los morancos chillando por la ventana para que la kumari suba a comer) es un gimnasio para que la chica pueda fortalecer sus músculos y un entrenador personal, así la pobre tiene compañía.
¿Fama de regañona? A mí me encanta que despotriques así que mejor no te quites ese vicio
Saludines
Pues dices verdades como puños, señora, que lo sepas.
Pues… amén ¿qué más se puede decir?
Yo fui Kumari. Es más soy la de la foto. En otra vida. En otra dimensión.
Hay una cosa que, de todas formas… Los niños son dioses. Crueles, pero adorables. A veces despóticos y otras, justos y generosos. Siempre, reyes. Los niños tienen la enfermedad de la edad (ya te expliqué cómo se calculaba, si recuerdas…), pero a algunos, como a mí, o a ti, se les cura con la edad. Otra enfermedad que tienen los niños es sus padres. Y esa tiene mala cura: sólo el óbito es tratamiento eficaz. Y es hereditario a lo bestia. Casi todos los que son hijos terminan siendo padres y convirtiéndose en síntomas de la enfermedad divina de sus propios hijos.
Todo esto, naturalmente, no me afecta a mí, que soy un ser perfecto y ponderado. Ni a ti, que estás pa comerte.
(MariMantix, me encanta tu comentario)
[...] esta pgina, la nia “es adorada por todos los nepales, incluso por el rey. Se la traslada a un palacio [...]
17, Mayo, 2007 a 11:50 am
Hace poco Megana, una compañera de trabajo, me dijo de Fulana:
“Pobrecilla, qué gorda está”
y acto seguido coincídí con Fulana que me dijo de Mengana:
“Pobrecilla, qué flaca está”.
Y yo, que estoy aprendiendo a callarme ante tanta tontería pensé:
“Pobrecita yo, qué paciencia tengo”