Inicio > Cosas de viajes, Cosas que no entiendo > El día en que estuve con una diosa

El día en que estuve con una diosa

En Nepal tienen una curiosa costumbre. Entre las familias de una casta determinada eligen a una nña de cuatro o cinco años como reencarnación viviente de la diosa Durga, siempre que cumpla determinados requisitos: tener un horóscopo concreto, presentar treinta y dos rasgos físicos determinados y superar algunas pruebas que tienen como objeto eliminar a las que se asusten fácilmente.

La niña finalmente elegida, la Kumari, es adorada por todos los nepalíes, incluso por el rey. Se la traslada a un palacio situado en una de las plazas principales de Katmandú y se la mima hasta el extremo de que no se le permite poner un pie en el suelo, siendo trasladada siempre en brazos, en unas andas, en una carroza, etc.

Su papel como Kumari continua hasta que vierte sangre por primera vez, ya sea porque se haga cualquier herida, ya sea por la menarquía. A partir de ese momento vuelve a ser una mortal y se elige a una nueva niña.

Aunque sea considerada una diosa, la Kumari es bastante accesible. Puedes ir a su palacio y esperar bajo su ventana. Cuando se hayan congregado suficientes personas, uno de sus guardianes llamará a sus cuidadoras, y la Kumari aparecerá por unos momentos en la ventana, donde se la puede fotografiar sin problemas.

Yo, como todos los turistas que pasan por Katmandú, fui a ver a la Kumari. No todos los días se puede estar a escasos metros de una diosa viviente. A mi alrededor, otras personas comentaban el hecho con la típica actitud condescendiente: “Pobrecillos, ¿cómo van a progresar mientras tengan estas creencias? Y esa niña da lástima porque después de pasar su infancia tratada como una diosa, ¿cómo va a adaptarse al mundo real?

A mí entonces me quedaba una pizca de prudencia, por lo que me callé lo que estaba pensando: “¿Y eso lo decís vosotros, que tenéis en cada casa dos o tres Kumaris, aunque se llamen Alejandro, Rocío o Julia? ¿Vosotros, que no sólo endiosáis a vuestros hijos sino que también pretendéis que los demás compartamos esa adoración? ¿Vosotros, que los inundáis de regalos, que los enseñáis a rehuir las obligaciones, que los hacéis vivir en un mundo inexistente dificultando su crecimiento y maduración personal?

Después de todo, los nepalíes no llegan a tanto.

  1. 17 Mayo 2007 a las 11:50 am | #1

    Hace poco Megana, una compañera de trabajo, me dijo de Fulana:
    “Pobrecilla, qué gorda está”
    y acto seguido coincídí con Fulana que me dijo de Mengana:
    “Pobrecilla, qué flaca está”.

    Y yo, que estoy aprendiendo a callarme ante tanta tontería pensé:
    “Pobrecita yo, qué paciencia tengo”

  2. lukre
    17 Mayo 2007 a las 2:54 pm | #2

    koti cariño di conmigo. ummmmmmmmmmmm
    ummmmmmmmmmmmm que te ha salido con el final del post el tigre que llevas dentro… (sin acritud ein)
    aunque comparta contigo lo que has dicho… pero dime vieste a la Kumari????

  3. Franfri
    17 Mayo 2007 a las 3:33 pm | #3

    y qué razón tienes, jamí,a … una vez más …

    Un besito sin endiosar.

  4. 17 Mayo 2007 a las 6:31 pm | #4

    Y de nuevo Koti despotricando levemente… y con razón.

    Saludines

  5. 17 Mayo 2007 a las 7:10 pm | #5

    Me temo que esas pequeñas diosas acabarán todas padeciendo de dolencias lumbares: si las llevan siempre a volandas, en brazos, si no las dejan caminar un poquitín, la van a dejar inválida de la espalda, o perderá masa muscular de las piernas: ¿la llevarán también en brazos al trono? (quiero decir al WC: o a lo mejor no hay WC en Katmandú…).

    Qué elegante eso de la menarquía…La palabra no da por pensar en la guarrería que en realidad esconde…

    Siendo yo la pequeña diosa, me empezaba a tomar la píldora de seguido desde los 8 años para asegurarme un reinado vitalicio.

  6. 17 Mayo 2007 a las 7:52 pm | #6

    Reich: En ocasiones como las que comentas, siempre me digo interiormente que mejor me callo. Pero a veces no lo consigo. Es un esfuerzo tan grande que seguro que me causaba una úlcera de estómago. Menos mal que en esa ocasión me callé lo que pensaba.

    Lukre: Por supuesto que vimos a la Kumari. Se asomó un momentito, y nos miró con cara de aburrimiento. La pobre debía estar harta del espectáculo.

    Franfri: No tengo razón siempre pero ¿y lo a gusto que me quedo?

    Oscura: Tienes razón, despotrico demasiado. A ver si con vuestra ayuda consigo quitarme este vicio, porque no quiero ganarme fama de regañona.

    Johnny: ¡Ay, cómo te voy conociendo ya! Te prometo solemnemente que cuando publiqué el post pensé que ibas a hacer un comentario justo sobre lo de las niñas llevadas en brazos.

    Yo más bien creo que a la pequeña diosa le tienen que esconder los cuchillos para que no se haga un tajo en un brazo, porque es una vida aburridísima y estará deseando que eso acabe.

    Por cierto, tú estarías ideal de pequeña diosa, con esos rabillos en los ojos, toda la frente maquillada de rojo tomate, un ojo pintado en el centro de la frente, y unos tocados en la cabeza ideales de la muerte.

  7. 17 Mayo 2007 a las 11:55 pm | #7

    Pues sí: soy previsible y coqueto, por lo que no me importaría ser pequeña diosa. Eso sí, sería una diosa gruñona…

  8. 18 Mayo 2007 a las 12:56 am | #8

    Cuando acababa de aterrizar en la Facultad, en mis clases de Antropología Cultural, me enseñaron la importancia de dejar a un lado los prejuicios etnocentristas a la hora de analizar una cultura diferente, actual o del pasado. Después de eso, me quemé las neuronas durante años, estudiando cosas inútiles que he ido olvidando. Esa, por suerte, nunca.

    Tienes toda la razón del mundo.

  9. 18 Mayo 2007 a las 1:04 am | #9

    PD: Me esfuerzo cada día para que mi hijo se sienta un dios, dentro de su mundo, alguien sin miedo a nada, capaz de hacer cualquier cosa, siempre que le guíe el corazón. Pero también le doy caña para que tenga claros los límites de ese poder, para que nunca sienta la tentación de imponer su “divina voluntad” a nadie.

    No es tarea fácil, pero el marcador rabietas-negociación, empieza a inclinarse a favor de lo segundo. Y nadie sabe mejor que yo, cómo se puede poner mi angelical niño cuando se le lleva la contraria. Me enorgullece ver cómo va aprendiendo a dominar a la fiera que, en el fondo, todos llevamos dentro.

  10. Amaranta
    18 Mayo 2007 a las 8:27 am | #10

    Lo que deberíamos reivindicar para Kumari (cada vez que lo pronuncio me sale la voz de los morancos chillando por la ventana para que la kumari suba a comer) es un gimnasio para que la chica pueda fortalecer sus músculos y un entrenador personal, así la pobre tiene compañía.

  11. 18 Mayo 2007 a las 9:36 am | #11

    Jajajaja, Amaranta: “KUMARRRRRRRIIII, SÚBETE YA PARRIBA QUE TIENE LA COMIDA HELÁA!!!!!” jajajajaja… (escena tipiquísima en mi barrio sevillano de toda la vida, todo sea dicho)

  12. 18 Mayo 2007 a las 10:16 am | #12

    ¿Fama de regañona? A mí me encanta que despotriques así que mejor no te quites ese vicio

    Saludines

  13. 18 Mayo 2007 a las 12:25 pm | #13

    Pues dices verdades como puños, señora, que lo sepas.

  14. 18 Mayo 2007 a las 9:56 pm | #14

    Pues… amén ¿qué más se puede decir?

  15. 18 Mayo 2007 a las 10:11 pm | #15

    Johnny: Pues entonces serías una Kumari fetén, porque me da a mí que esa niña se pasa el día bastante malhumorada por sus “obligaciones” de diosa, como salir a que los turistas como yo la vean un momento.

    Ali: Tal como dices, lo de tu niño es otra cosa. Y lo tuyo no es como lo de esas madres que yo conozco.

    Amaranta: Podríamos haberlo hecho el momento Morancos al revés: nosotros en el patio del palacio chillando “¡Kumariiiiiii!”, para que la niña saliera. Pero no creo que los nepalíes comprendieran la alusión.

  16. 19 Mayo 2007 a las 1:05 am | #16

    Yo fui Kumari. Es más soy la de la foto. En otra vida. En otra dimensión.

    Hay una cosa que, de todas formas… Los niños son dioses. Crueles, pero adorables. A veces despóticos y otras, justos y generosos. Siempre, reyes. Los niños tienen la enfermedad de la edad (ya te expliqué cómo se calculaba, si recuerdas…), pero a algunos, como a mí, o a ti, se les cura con la edad. Otra enfermedad que tienen los niños es sus padres. Y esa tiene mala cura: sólo el óbito es tratamiento eficaz. Y es hereditario a lo bestia. Casi todos los que son hijos terminan siendo padres y convirtiéndose en síntomas de la enfermedad divina de sus propios hijos.

    Todo esto, naturalmente, no me afecta a mí, que soy un ser perfecto y ponderado. Ni a ti, que estás pa comerte.

    (MariMantix, me encanta tu comentario)

  1. 2 Septiembre 2007 a las 6:41 pm | #1