Código ético ¡y olé!
En estos días atrás se ha vuelto a comentar mucho de nuevo por los blogs el tema de un código ético para blogueros. Empezaron, como no, aquellos que se dedican al blog “profesionalmente”, como Tim O’Reily o Jim Wales, y enseguida se hicieron eco sus equivalentes de lengua castellana. Es lógico. Gente que recibe cada día miles de visitas y tiene varios cientos de comentarios en cada post se tiene que sentir más afectada por trolls e insultos que gente como yo.
He leído lo que opinan del tema Mangas Verdes, Enrique Dans, Microsiervos y J.L. Orihuela. Hay opiniones para todos los gustos, por lo que estoy en desacuerdo con algunos y de acuerdo con otros. Pero tampoco totalmente de acuerdo con ninguno, creo. También es lógico. Para gente que gana dinero con sus blogs debe ser vital que sus visitas no bajen por debajo de un tope. No es mi caso. Tener en un post nueve o veintinueve comentarios no me quita el sueño. Mis intereses son otros y por tanto mi visión del problema es otro, pero es verdad que hay gente que no se puede permitir el lujo de que un sector de sus lectores dejen de leer su blog porque en él se censuren los comentarios. Todo trabajo tiene sus servidumbres y si ellos han elegido dedicarse a eso, allá ellos, pero no tiene sentido que intenten que los demás vayamos de palmeros.
Parece ser que a la gente le preocupa enormemente tener muchos o pocos lectores. La idea más repetida en todos estos post y sus comentarios era algo así como “el que contemple la posibilidad de borrar comentarios, a la larga se arrepentirá porque mucha gente dejará de leer sus blogs, ya que nadie se va a molestar en dejar comentarios si existe la posibilidad de que se los borren”.
Yo lo tengo bastante claro. A partir de un momento dado, decidí borrar sin más advertencias los comentarios que me parezcan dignos de ser borrados. Y a quien no le guste, ajo y agua. Hay por ahí miles de blogs de personas inseguras y acomplejadas que necesitan tener muchas visitas y comentarios para sentir que son alguien. Leyéndolos se hace una obra de caridad. El caso es que no pienso adherirme a ningún código ético diseñado a la medida de los intereses de personas que no tienen nada que ver conmigo.
En mi caso particular, no tengo demasiado problema con personas que insulten por insultar, sin entrar ni siquiera en el tema del post. De esos llegan poquísimos y los borro directamente sin ningún problema de conciencia. Mis problemas son otros:
- La gente no se entera. En mi experiencia, el principal problema viene de algo que los profesores ya habíamos detectado en nuestro trabajo hace años: hay mucha gente con falta de comprensión lectora. Es posible que estén estudiando ingeniería o que sean periodistas, no es óbice el tener una carrera. En muchísimas ocasiones no comprenden lo que leen. No poseen un vocabulario extenso, por lo que ignoran el significado de algunas palabras muy comunes; no controlan la construcción gramatical. Como resultado, en muchísimas ocasiones creen entender justo lo contrario de lo que está escrito.
Por ejemplo, escribo: “Empezaré diciendo que mi abuelo tiene una fábrica de gorras, de forma que, cuando diga que una gorra no es una prenda adecuada para lucir como complemento de un traje de faralaes, se comprenderá que tal afirmación no responde a una oscura intención por mi parte de que fracase estrepitosamente la industria de la gorra en España”. Bueno, pues seguro que cae un comentario del tipo “¿Tú qué tienes contra las gorras? Seguro que te importa un rábano que miles de personas en España vivan de fabricar y vender gorras, ¿verdad?”. Yo me pregunto entonces qué habrán leído esas personas de mi post. ¿Una línea sí y otra no? ¿La primera, la trigésimo cuarta y la última palabra? ¿La segunda palabra de cada renglón?
Hace ya algún tiempo escribí un post en el que criticaba cómo hay un doble rasero para juzgar un hecho, según sea su protagonista. Y ponía como ejemplo que lo que se ridiculizaba en la Pantoja se admitía y se publicitaba en David Lynch, siendo exactamente lo mismo. Para más inri, como se suele decir, empezaba diciendo que la Pantoja no me caía simpática, y que su estilo de canción no me interesaba, de forma que la crítica que yo hacía de los que la ridiculizaban tenía más valor, según mi parecer, que si yo hubiera sido una fan. Bueno, pues hace poco dejaron un comentario que, en primer lugar me reprochaba que atacara a la Pantoja (cuando lo que yo hacía era defenderla), y luego me ponía como los trapos por decir que no me caía simpática.
- Lo “políticamente correcto”. Valdría el mismo ejemplo de la Pantoja. A ver por qué no puedo yo tener antipatías y simpatías, si es algo que nos pasa a todos. Y además, la mayoría de las veces porque sí, sin más razones. Todos somos conscientes de que caemos a los demás bien, regular o mal, y vivimos con ello sin más problemas. Pero resulta que el papanatismo de lo políticamente correcto ha llegado a un extremo tal que no podemos decir que no nos gustan los huevos fritos, por temor a que el Colegio Profesional de Fabricantes de Embalajes para Huevos haga una protesta formal en el Tribunal Internacional de La Haya.
- El desequilibrio de la situación. Que me expliquen de qué vale que yo me someta a un estricto código personal si la persona que lee mi blog no se siente moralmente obligado a lo mismo. Esto, o funciona en las dos direcciones o es una estupidez. Tampoco es solución acabar con el anonimato en los comentarios. Personalmente me da igual que el comentario venga firmado por “Florencio González Pérez”, por “Anónimo” o por “El vengador justiciero”. Sea un nombre real, un nick o nada, el resultado es lo mismo. De acuerdo en que si es un nombre real tengo la posibilidad de denunciar a quien sea pero, sinceramente, antes que metermen en denuncias borro y se acabó. Y repito que en este tema miraré lo que me convenga, no lo que convenga a un blogger profesional de EEUU.
Resumiendo, que no pienso unirme a ningún código ético para blogs porque no soporto que me marquen el paso más allá de lo estrictamente inevitable, y que borraré cuantos comentarios crea oportunos, más que nada porque una es muy limpia, y ese tipo de comentarios me hace el mismo efecto que encontrarme basura tirada por el suelo.
P.D. He editado el post y he cambiado algunos párrafos, porque no estaba muy satisfecha con la redacción original. Pero el mensaje es el mismo.





No estoy al tanto de esos códigos éticos pero, por lo que cuentas, coincido totalmente con tu postura. En mi caso, solamente una vez he borrado un comentario y no era porque fuera ofensivo o maleducado (al contrario), sino porque no procedía. Creo que todos estamos de acuerdo con que cada blog es de su autor y, por tanto, asumimos que es su derecho hacer lo que le dé la gana con el mismo (incluyendo los comentarios). Si eso implica que el borrado deja de leérnos, pues estupendo; imagino que no lo echaremos en falta y, en todo caso, es nuestro problema y no hace falta que nadie pontifique sobre ética. Por cierto, a mí todavía no me han borrado ningún comentario.
Hola Kotinussa te leo desde que un día te encontré por casualidad. Me gusta tu forma de escribir, la claridad con que expones tus opiniones y la objetividad de las mismas. Ojalá hubiera muchos periodistas y colaboradores de prensa que hicieran análisis de la realidad tan claros e independentes.
Pienso que si alguien te envía un comentario para insultarte es porque, como bien dices, no entiende lo que lee. Felicidades por tu blog.
Yo también estoy de acuerdo con tus palabras, Koti. Como llevo relativamente poco tiempo en la blogosfera, tampoco tenía ni idea del debate generado sobre un código ético para bloggers. Igualmente, es un asunto que me es bastante indiferente, en el sentido de que, desde el día que me creé el blog, yo ya me marqué un tácito código ético para aplicar en mi blog y aplicable también en mis comentarios en otros blogs. Código que, simplemente, se basa en el respeto y la educación a la hora de expresar una opinión. Qué más código ético que ese hace falta? Hasta el momento, ni me han borrado ningún comentario, ni viceversa (sólo he borrado un par de ellos en mi blog, pero porque su autor lo publicó por duplicado). Jamás borraré un comentario que, teniendo opiniones totalmente distintas a las mías, las exprese con buenas maneras.Eso sí el día que alguien publique un comentario que me parezca mínimamente ofensivo o insultante en sus formas, lo borraré automáticamente, sin dar ningún tipo de explicación, pues para eso yo soy la dueña de mi blog. No borran los administradores de los miles de foros que hay en la red los comentarios que estiman indecorosos? por qué no voy a poder hacer yo eso mi mi propio blog? Pues lo borro y punto. Y que venga perico el de los palotes a reprocharme algo, vamos! sería el colmo! Si en la vida real, no consiento que alguien me hable de mala forma, en la bloggosfera tampoco; y si la consecuencia es perder a ese lector, me daría igual porque alguien que hace comentarios con falta de respeto o educacion, me interesa bien poco.
Me encanta tu blog, koti!Saludos desde Sevilla
Tenés un código ético propio. No necesitás otro.
Yo no quiero códigos éticos ajenos, tampoco, el mío me parece bueno para mí.
Y sí, la gente a veces no tiene comprensión lectora, otras veces se disparan cosas personales que leen pero no están ahí escritas sino que están adentro de ellos solamente…
En cuanto a los gustos personales, me puede agradar o no tal o cual persona. Si no me gusta no me gusta, lo único que me censuro es no lastimar a esa persona en lo que digo porque quiero hacerlo así. Es mi forma, no la única ni la mejor, sólo la mía.
Besos.
pos yo paso de controles.. y etica en la calle, porque en el blog, para eso es un blog no??
un beso koti
En el año y medio de blog que llevo creo que solo borré unos comentarios que solía dejar un visitante.Eran pretendidamente insultantes y bastante groseros pues hacían referencia a terceras personas a las que se intentaba dañar. Con el tiempo, el sujeto en cuestión, se cansó de dejar estupideces y no volvio a aparecer.
Cada cual hace en su casa lo que considere oportuno, y los demás son libres de ir o no ir. Me imagino que toda esa polémica que he seguido también algo descansa en la guerra publicitaria de los bloguers profesionales. No va conmigo. Así que a tu declaración si que me sumo…
Besos.
Hace poco borré un comentario de alguien que me acusaba de ser mojigata porque venía del blog que se creó para hablar de sexo. Y la verdad es que no podía entender lo que leía, me acusaba de ser hipócrita por hablar de sexo en uno y hablar de otros temas en el mio, como si estuviera obligada a hablar siempre de lo mismo, o como si me diera a entender que una persona como yo en mi blog estaba moralizando contra la sexualidad mientras en el otro optaba por la opción contraria. Decidí borrarlo porque o esa persona estaba cabreado y la estaba pagando conmigo, o tenía problemas para expresarse o simplemente como bien dices la gente no comprende lo que está leyendo. Un amigo mio dice que las personas somos el espejo donde nos reflejamos y aprendemos a entendernos, otro decía que internet era el espejo donde nos vemos reflejados en cada insulto que dedicamos a los demás. Hay gente que al mirarse se ven con muy mala imagen y yo no quiero ser el espejo de esa gente.
Fantástico artículo, Koti, en serio.
Yo prefiero no borrar los comentarios, porque, siendo sinceros, me quedaría sin… no, es broma. Pero en mi opinión, no deben borrarse, porque no sabría dónde poner la raya. Si por mí fuera, borraría las melonadas, los que contengan faltas de ortografía, de sintaxis o de cerebro. Borraría lo del tipo “va a ser que no”, “ya te digo…” o “puro y duro”. Y sobre todo los de “interesante post; yo escribí algo parecido, visítame, anda”.
Yo creo que lo de los códigos éticos es un pesadez insufrible. En general son una pesadez, sí, pero, en particular, en los blogs carece de sentido.
Tus problemas, me encantan, aunque esta afirmación haga que te plantees borrar mi comentario. La gente no se entera, dices. ¡Qué gran verdad!
Yo creo que lo más triste de todo es que se extiende una especie de pesadez universal y magmática por el mundo entero; un no-pensamiento único al que la mayoría prefiere adherirse sin preguntarse nada, porque es más cómodo eso que pensar por tu cuenta.
Por eso es tan vivificante encontrarse un blog como el tuyo. Bien escrito, por encima de todo.
Y tan agradable de leer.
Un beso y suerte.
Soy tan bien pensado que prefiero creer que los códigos éticos deberían ponerlos los participantes en los blogs (y en cualquier otra actividad, por supuesto). No siempre es así, aunque todavía no he tenido que eliminar mensajes (sólo spam), y sólo he tenido que ponerme borde una vez y amenazar con moderar el blog, pero era con una entrada potencialmente conflictiva y sabía a lo que me exponía.
Pero ya te digo: en primer término, creo en la capacidad de los lectores y autores de blogs para entenderse sin necesidad de códigos impuestos.
Por cierto, te acabo de elegir para que rellenes un meme que a lo mejor te gusta:
http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2007/04/meme-lector.html
Besos. :-***