Ahora frío, ahora calor
Si cualquier día (hoy mismo, sin ir más lejos) se echa un vistazo a los principales periódicos (pongamos El País, El Mundo y ABC) nos encontraremos en todos ellos (y en el ABC incluso en el editorial) un tema que ya comienza a resultar pesadito: el calentamiento global. En El Mundo se destaca una frase de tintes apocalípticos: “No habrá ningún lugar al que correr y ni en el que esconderse”, pronunciada no por un científico (que quede claro), sino por un miembro de Greenpeace.
Todo esto me recuerda a una oleada de histeria colectiva que se desató justo cuando yo estaba estudiando la carrera (1976-81) y que duró varios años. Actualmente la mayoría de la gente no tiene ni idea de esto, porque muchos de los que ahora tienen la oportunidad de angustiarse cada día con estas noticias eran entonces bebés entretenidos en chuparse el dedo gordo del pie o estaban más pendientes de no perderse el programa de “Los payasos de la tele” o “La mansión de los Plaff”. Recordemos que entonces el panorama audiovisual e informativo era ínfimo en relación al presente, que había muy pocas revistas de divulgación científica que se editaran en castellano y que muy poca gente leía sobre estos temas, y comprenderemos mejor que cuando a finales de los setenta nos bombardearon con la idea de que íbamos de cabeza, cuesta abajo y sin frenos hacia una nueva glaciación (¡¡¡¡!!!!), muy poca gente en España se enteró. Pero algunos, por la circunstancia de que en ese momento estábamos en la Universidad, tuvimos la incomparable oportunidad de perder el sueño con esas ilustraciones que nos mostraban toda Europa cubierta por el hielo, las pirámides de Egipto nevadas y otras alucinantes imágenes.
El padre de esta teoría era un tal Stephen Schneider, autor de un libro titulado “The Genesis Strategy”. Básicamente desarrollaba los siguientes puntos: a) que la Tierra se estaba enfriando hasta el punto de que una nueva era glacial era inminente, b) que la culpa de ese enfriamiento era del hombre, c) que ese enfriamiento causaría todo tipo de catástrofes, d) que todo estaba científicamente demostrado, y e) que quienes no estaban de acuerdo era porque estaban a sueldo de oscuros intereses. ¿Os suena?
Aunque nunca daba nombres de los supuestos científicos que refrendaban su teoría y utilizaba supuestas pruebas sin validez científica, se le dio mucha cancha, quizás porque siempre se ha tenido demasiada consideración con los que a lo largo de toda la historia han anunciado catástrofes de todo tipo. Para completar el decorado, era una época en la que las películas de catástrofes estaban a la última: terremotos, animales que de pronto cambiaban su conducta y en bandadas se dedicaban a atacar al hombre, huracanes, erupciones volcánicas, virus letales creados en laboratorios que se ensañaban con tranquilos pueblecitos…
¡Qué de vueltas da la vida! Ahora mismo Stephen Schneider, aprovechando la mala memoria de la gente, es uno de los principales defensores de la teoría contraria, el calentamiento global. Y desarrollando el mismo guión, qué curioso. Solamente la presencia de este individuo en este tema bastaría para desacreditar el tema del calentamiento global, si no fuera porque existen muchos otros motivos.
Antes de estar bien calladito durante unos años, dando tiempo a que su patinazo se olvidara para volver a aparecer montando otro número de circo que, a buen seguro, le estará reportando una gran cantidad de dinero como ocurrió en los setenta, Schneider se asoció a un individuo llamado Ehrlich, otro profeta de las catástrofes. Ehrlich era un entomólogo que abandonó el aburrido y poco productivo mundo de las mariposas para dedicarse a hacer las más horrorosas predicciones. En 1968 escribió un libro titulado “The Population Bomb” que empezaba diciendo que la humanidad había perdido la batalla y que antes del año 2000 unos 65 millones de norteamericanos morirían de hambre. El libro se convirtió en un éxito de ventas, lo que le animó a escribir al año siguiente un artículo titulado “Eco-Catastrophe!” donde decía que “la mayoría de las personas que perecerán en el mayor cataclismo de la historia humana han nacido ya”. Ese cataclismo lo fijaba para 1975. Cuando llegó la fecha y no pasó nada, escribió, junto con su mujer, “The End of Affluence”, retrasando la fecha fatídica un poco más, de forma que antes de 1985 morirían más o menos unos mil millones de personas. Luego añadió: “si yo fuese un apostador, incluso apostaría a que Inglaterra no existirá en el año 2000.” Aunque la terca realidad parecía empeñada en no darles la razón, ellos siguieron a lo suyo, incansables, y en 1990, la pareja publicó “The Population Explosion”, otro libro lleno de predicciones fallidas.
Bien, pues ese es el tipo de personas en los que se basa la ONU para esos informes a los que se están oponiendo la mayoría de los científicos. ¿Cómo puede ser eso posible? Pues de la misma forma que lo es que mucha gente, en estos tiempos y en un país desarrollado, recurra a la charlatanería y las pseudo-ciencias, que en la televisión haya programas dedicados a dar apariencia de respetabilidad a estas paparruchas, que se ponga a debatir al mismo nivel a un científico de prestigio junto con un farsante de túnica y bola de cristal, etc.
Ya ha pasado antes y seguirá pasando. Malthus pronosticó que Inglaterra jamás podría soportar una población superior a diez millones de habitantes, y que setenta millones de ingleses morirían de hambre en los primeros años del siglo XX. Y se le dio todo el crédito del mundo. Él y más tarde los neo-malthusianos afirmaron que era vital interrumpir las ayudas sociales y las ayudas de los países ricos a los países pobres, porque así lo único que se conseguía era impedir que los pobres murieran de hambre, como era su destino, con lo cual los demás se salvarían. Y la mayoría de la gente lo vio muy lógico.
Afortunadamente, todo el mundo no ha perdido la cabeza. Científicos serios nos recuerdan que no confundamos tiempo y clima, que son cosas distintas; que con números y estadísticas se puede liar mucho al personal y no demostrar nada; que hay métodos científicos que, siendo apropiados para medir algo, no son apropiados para medir otras cosas. Otros científicos se ponen más serios todavía, denunciando que muchos climatólogos están siendo vetados en congresos y publicaciones. Extrañamente, los que se rasgan las vestiduras por este asunto no son científicos, sino políticos y gente que vive de generar este alarmismo. Aunque luego ellos, en su vida privada, hagan exactamente lo contrario de lo que a nosotros nos quieren imponer.
Yo simplemente recuerdo la existencia de antiguos refranes (Cuando marzo mayea, mayo marcea), lo que nos demuestra que desde siempre la gente se ha encontrado de pronto pasando calor en marzo y sufriendo temporales en mayo. O ese dicho de “febrerillo el loco”, que surgió hace ya siglos no precisamente por la exactísima regularidad del tiempo, sino más bien por lo contrario.
P.D.: Como ya había olvidado algunos detalles como nombres y fechas, recurrí a mi amigo J.A., geólogo, a quien he tenido oportunidad de ver en estos días de vacaciones. Él, que tiene estos datos fresquitos porque los ha utilizado recientemente en sus clases, podría considerarse con toda propiedad co-autor de este post. Que conste.





Hace tiempo que a mí han dejado de asustarme con esto del calentamiento global quizás porque leo e intento informarme de algunas cosillas. Parece que hay gente a la que le encanta asustarnos y lo malo es que lo consiguen. Bien, no seré yo quien me queje si ese “miedo” sirve para arreglarnos un poco el aire que respiramos pero, vamos, que cada vez me creo menos estos informes catastrofistas. Yo no conocía al tal Schneider pero recuerdo los famosos informes del Club de Roma que me causó pesadillas allá cuando estudiaba segundo de B.U.P.
Besos
Otra que tiene asumido que estas catástrofes “pasarán de moda” y vendrá otra gripe aviar para asustar al personal.
Lo peor de todo es la cantidad de gente que vive de estos temas y encima se creen que son buena gente por avisar.
Besos de una maia.
En broma:
Es que ante el enfriamiento global y las glaciaciones que se venían (sí, tengo vagos recuerdos, y no es que fuera tan pequeñita en esa época sino que se ve que desde siempre les hago mucho caso a todos los científicos) aplicaron medidas correctivas a nivel mundial y… se les fue la mano y ahora nos recalentamos. Pero no hay que preocuparse, volverán las cosas a la normalidad.
En serio: primero aprendí que las publicidades son mentira (me puse el shampú ese de la tele y no tengo miles de hombres persiguiéndome con flores), después aprendí a no creerles a los políticos (sin comentarios), solía dudar de los científicos. Ya no me quedan dudas, todo lo tomaré con pinzas. Es la mejor forma.
Comparto la opinión de Nanny-Ogg y de Wendeling. No sólo les “convienen” pueblos incultos, les convienen pueblos “con miedo”. A inventar miedos, pues, se dedican.
Besos, Kotti
Me consuela que hables de este tema, porque yo hoy me levanté intoxicado. Mi pensamiento fue que si realmente toda esta tangana del calentamiento nos la meten en la sopa día y noche en los medios informativos con la finalidad de que tomemos conciencia y se solucione, pues que tampoco vale la pena, porque lo que consiguen es que vivamos angustiados.
Es decir, si el precio de salvar el mundo es vivir angustiado, es un precio demasiado grande.
REcuerdo vagamente lo de la glaciación…
A mí lo que sí me apetece es que alguiens e asuste y se investigue para poder usar energías renovables, y no tanto por la contaminación, sino para no depender de países productores, y para que los coches sean silenciosos, y no haya que estar racaneando las luces encendidas: joder, si lo que sobra en el universo es energía.
Pero sí, ya empiezo a tomar conciencia de que por muchos por ahí están demasiado interesados en tenernos atemorizados…
Y otra cosa es que como no hay noticias para tanto medio informativo, hay que inventárselas. Y el calentamiento global es un chollo. Las catástrofes naturales también.
Yo el clima, en mis 43 años de vida, lo veo igual, como un reloj en el sentido de que siempre se comprota igual. Y todos esas inundaciones, olas de calor, sequías, nieves, siempre han existido, coño.
Si hubiese un pequeño calentamiento, no sería tan malo, pensemos en Rusia, todas esas amplias extensiones de terreno fértil, pero que te congelas de frío la mayor parte del año.
Al final pasará como el cuento del lobo, cuando se anuncie una catástrofe real nos pillará a todos sin ganas de hacerle caso, mucho mejor en todo caso, porque está claro que de una catástrofe así no se salva nadie así mejor no estar pendiente de una muerte de ese tipo.
esto me hace acordar a que hace unos años, el cafe era veneno, y ahora resulta que no podemos vivir sin cafeina..
mejor no hacer mucho caso y seguir a nuestros instintos.
que importa el clima si en el 2012 chocara un pedruzco contra la tierra que nos dejara diesmada la poblacion, o unos locos probaran unas bombitas nucleares y listo?
el mundo fue y sera un porqueria ya lo se… en el 2000 tambien…
Un post ameno y clarificador.
No recuerdo lo de la glaciación, pero sí la época de los ovnis, la amenaza atómica, el cometa halley y todas las paranoias que se desataron alrededor de esos fenómenos. Tambien recuerdo a uri geller: según parece, tambien él podría asesorar a la ONU.
Solo hay una cosa cierta: el mundo no acabará antes de que termine de pagar mi hipoteca.
Saludos
con glaciación o sin ella, con calentamiento global o sin él, los humanos podemos estar tranquilos, porque en realidad todos desapareceremos, siendo los únicos supervivientes los insectos que bien clarito lo dejaron en aquel documental que hace años proyectaron en los cines que se titulaba algo así como: “los herederos de la tierra”. así que… del calentamiento global, que se preocupen ellos que un servidor no piensa,
besos,
Este post tuyo me ha recordado a un amigo mío, físico y durante muchos años dedicado a la astronomía (algo sabe del tema), que viene a decir más o menos lo mismo (también insiste en que no debemos confundir tiempo y clima). Repite siempre que por supuesto que el clima cambia, pero lo hace en ciclos geológicos, mucho más amplios que los humanos y prácticamente nada influibles por la actividad humana.
Yo del tema sé muy poco y, por tanto, he de hacerme una opinión en base a argumentos de autoridad, cosa que no suele gustarme. Ciertamente, lo del calentamiento global no lo están metiendo hasta en la sopa y eso no quiere necesariamente decir que sea verdad; aunque, claro, tampoco que sea falso. Podemos pensar (y no me parecería demasiado increible) que obedece a la estupidez humana o alguna intención tóxica de los políticos, pero tampoco estaría mal que se profundizara en el asunto.
Entre tanto, la postura más razonable me parece la de Amaranta: ¿para qué preocuparse si no podremos ahcer nada, caso de que ocurra? Sin embargo, a la gente le encanta preocuparse. Sin ir más lejos, ayer vi un rato un reportaje de la televisión canaria en el que describían cómo moriríamos casi todos (y los que no, quedaríamos muy perjudicados) cuando nos llegue la nube radioactiva tras la catástrofe que se produzca una vez que Marruecos construya una central nuclear que está previendo … Joder que miedo …