Sic transit gloria mundi
Ese patético anciano que es Keith Richards, no sabiendo cómo llamar la atención una vez que ya nadie se asusta de ver su careto, ha soltado la gracia de contar que durante una juerga se esnifó las cenizas de su padre. Creo que no es necesario comentar más sobre esto, independientemente de que sea verdad o no. Pero esta noticia, que está saliendo en todos los periódicos digitales, es una muestra de las cosas tan raras que están ocurriendo con las cenizas de los difuntos y poniendo de relieve la falta de responsabilidad de muchas personas que se hacen cargo de ellas.
Hace sólo unos días un conocido mío las pasó canutas para esparcir las cenizas de su madre. Decidieron echarlas al mar desde el puente que cruza la Bahía. Primero se vieron metidos en un atasco que duró horas, luego se encontraron con que el puente está en obras y aquello era un hervidero de vallas, luces rojas, operarios y demás parafernalia, y que no los dejaban acercarse a la barandilla. Cuando al fin llegaron, resultó que la marea estaba baja y si hubieran echado las cenizas no hubieran llegado al agua. Total, un sainete que contrastaba vivamente con el estado de ánimo de la familia. Finalmente algunos de los miembros más jóvenes de la familia tuvieron que bajar entre las rocas para poder echarlas al mar. Yo, que conocí a la señora en cuestión, realmente siento pena al imaginar toda esa peripecia tan poco digna. Estoy segura de que ella les hubiera dado a los hijos bofetadas hasta en el cielo de la boca si hubiera sabido en lo que se iba a convertir el día de su “entierro”.
Conozco también a una señora que tiene las cenizas de su marido en el salón de su casa, encima de un mueble. Supongo que la familia estará acostumbrada, pero no deja de ser algo violento, sobre todo para las visitas.
Por no hablar de que es inevitable que ocurran episodios trágico-cómicos con las cenizas. Todos conocemos alguno. Y teniendo en cuenta que hablamos de los restos de una persona, todo esto parece demasiado frívolo e irresponsable.
Otro aspecto a considerar es que algunos lugares están condenados a convertirse en destino de las cenizas hasta extremos abusivos. Hace algún tiempo el ayuntamiento de Almonte tuvo que prohibir que se esparcieran cenizas mortuorias en El Rocío. Lo que empezó siendo cuestión de unas pocas personas en poco tiempo se había convertido en una moda descontrolada seguida por varios cientos de personas cada año. Y además la gente no se conformaba con echar las cenizas en lo que en realidad es vía pública o espacio natural protegido, sino que también ponían cruces y arrojaban ramos y coronas de flores en el momento de esparcir las cenizas y en los aniversarios. Yo no he estado, pero me ha comentado gente que el aspecto del lugar llegaba a ser bastante desagradable, incrementado por el hecho de que las urnas vacías se veían tiradas por el camino. Según las palabras de un periodista, aquello parecía Benarés. Y es que ante la muerte los seres humanos no podemos resistirnos a montar todo un espectáculo y en el caso de los rocieros éste incluía también altarcillos, fotos del difunto con el atuendo rociero y una serie de accesorios junto a los cuales el tema de las cenizas era lo de menos.
Tenía idea de que hace varias semanas iba a aprobarse en el Parlamento una ley que regula todas estas cosas, pero no la he encontrado aún en la página del BOE. Lo que debería ser una cuestión de sentido común, simplemente, va a tener que ser regulado por la ley, y es que hay demasiado pirado suelto que ha decidido que su funeral se convierta en un happennig sesentero. En estos días ha salido también la noticia de un pleito que en Alemania ha enfrentado a abuela y nieta. La primera ha acudido a la justicia para lograr que su hijo fallecido sea enterrado en el panteón familiar, impidiendo que la segunda encargue fabricar un brillante con las cenizas de su padre. Pero esto no es lo más chusco: un empleado de un museo ha dispuesto que sus cenizas sean arrojadas a los ojos de los administradores del Museo Británico, y un crítico de arte ha decidido que las suyas sean mezcladas con migas de pan y desperdigadas luego por las escaleras de entrada de la National Gallery de Londres, para que se las coman las palomas (1).
Por otra parte, ¡qué obras de arte hubiera perdido la humanidad si esta costumbre hubiera sido masiva! No tendríamos ni las pirámides de Egipto ni el Taj Mahal, para empezar. La industria turística mundial pagaría las consecuencias de este aventamiento general de cenizas. ¡Con lo que le gusta a la gente, además, acudir a donde está enterrada una persona famosa! Que se lo digan si no al hermano de Lady Di, que se está haciendo de oro, o a los parisinos, cuyo cementerio Pere Lachaise es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. Y es que es muy difícil resistirse a pasear por un sitio donde están, en bonitas tumbas y monumentos, los restos de gente como Miguel Ángel Asturias, Balzac, Bizet, Maria Callas, Chopin, Corot, Jacques-Louis David, Delacroix, Molière, Modigliani, Jim Morrison, Édith Piaf, Proust, Rossini u Oscar Wilde, por nombrar sólo a unos cuantos. Yo misma soy incapaz de sustraerme a la tentación de, cada vez que visito Londres, acudir a la abadía de Westminster y visitar “El rincón de los poetas”, donde están enterrados Chaucer, Dickens, Rudyard Kipling, Lord Byron, Haendel, Milton, Isaac Newton y Charles Darwin, por ejemplo. Es extraña la atracción que ejercen sobre nosotros los restos de las personas que admiramos, sobre todo cuando se dan en una concentración tan elevada como en estos lugares.

Pero también las tumbas de personajes célebres parece que atraen a chalados. Y en el mencionado cementerio de Pere Lachaise lo saben bien. Por épocas se ven obligados a proteger del público ciertas tumbas, como la de Víctor Noir, periodista que fue asesinado en 1870. No es que este personaje sea importante, pero su tumba tiene una estatua de bronce que lo representa yacente, tal como cayó muerto. Y como la estatua tiene la particularidad de presentar una entrepierna bastante abultada, se ha convertido en objeto de culto fetichista por parte de muchas mujeres que se restriegan contra la parte en cuestión para superar sus dificultades en quedar embarazadas. De hecho, mientras que toda la estatua presenta la pátina verdosa propia de un objeto de bronce que está al aire libre, la mencionada protuberancia está dorada y brillante, gracias al continuo frotamiento. Como quedaba un poco extraño ver continuamente a mujeres tumbadas sobre el sepulcro restregándose contra la estatua, tuvieron que colocar una valla, aunque creo que últimamente fue retirada.
También estuvo protegida del público la tumba de Oscar Wilde, cuyo monumento funerario aparecía siempre lleno de huellas de carmín. Esta predilección no acabo de comprenderla, puesto que Wilde era un homosexual que decía cosas bastante ofensivas de las mujeres. En fin, siempre hubo señoras a las que les excita que las insulten.
Aunque Cádiz es muy chiquito, aquí no nos privamos de nada. En el cementerio tenemos la tumba del famoso don Rosendo, que era un comerciante del siglo XIX que, según cuentan, era bastante caritativo. Ya en tiempos mucho más recientes se corrió entre el pueblo la noticia de que don Rosendo era como un santo, y que concedía los favores que se le pedían. El frente de su nicho estaba siempre cubierto de velas y flores frescas, hasta varios metros. Últimamente, con el cierre del cementerio de Cádiz, ya sólo quedan allí los restos de las personas que nadie reclama, y el pobre don Rosendo se ha quedado solito, porque el cementerio de Cádiz ya no recibe visitas. Cuando lo trasladen a Chiclana con todos los demás, volverá a ser visitado y agasajado. Y aquí paz y luego gloria (nunca mejor dicho).
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(1) Estas anécdotas y muchas otras cosas curiosas e interesantes se pueden leer en el libro “Bailando sobre la tumba”, en el que el antropólogo Nigel Barley hace un recorrido por costumbres funerarias de todo el mundo.





Una más que me llamó la atención; las tortugas carnívoras con las que el Gobierno Indio ha repoblado el Ganges para que se coman los restos de los difuntos que por falta de medios no han podido ser incinerados (léase casi todos pues…)o aquellos que simplemente no se han quemado por completo.
Que yuyu…
Besos.
Joer… qué mal rollo me dan todas estas cosas…pa cementerios… los de México, y si no pregunta a la Señorita Tribeca, qué fotos!! y que historias que contar! la mar de interesantes.
1beso
Para serte sincero, a mí todo esto del culto a los muertos me la refanfinfla … No obstante, soy consciente de la extraña (¿morbosa?) atracción que nos genera y su trascendental importancia en la historia de la cultura (y de las religiones, si alguien no quiere considerarlas cultura). Confío en que, poco a poco, a medida que la humanidad progrese (pongamos dentro de veinte mil años) todas estas costumbres y sentimientos hacia los restos de los seres humanos (especialmente si esos restos han sido de familiares o amigos) vayan cambiando. Entre tanto, salvo por la falta de respeto que supone hacia quienes son tan sensibles a estos temas, la boutade de Richards (que por muy patético que te parezca es un guitarrista genial) no me parece más que eso. Tampoco creo que se necesite mucha responsabilidad para hacerse cargo de las cenizas de alguien.
Imagino, Koti, que no estarás de acuerdo conmigo; pero para mí los restos de mi padre no son para nada mi padre, ni tienen ningún valor emotivo, como tampoco lo tiene la tumba de Toledo donde están enterrados. Aun así, me parece bien respetar los deseos de los muertos sobre sus restos (por ejemplo: mi padre quiere que sus cenizas se arrojen a la bahía de la Concha, en SS, así lo haremos). Al fin y al cabo, estos ritos funerarios son (o deben ser) momentos en que quienes quisieron al difunto se reúnen para homenajearlos; aunque para tal fin no es necesaria la presencia material de los restos. En lo que a mí respecta, desde luego, no me preocupa nada que sea de mis restos … pero nada de nada. Un beso
Por cierto, hace un momento he leído que, a través de su agente, Richards ha desmentido eso de que se snifó a su padre; parece que lo dijo para hacerse el gracioso y los medios se lo tomaron en serio. Aclara ahora que las cenizas de su padre las enterró entre robles de modo que su padre está “creciendo” en forma de roble, lo que seguro que a él –Richards dixit- le encantaría. ¡Qué bonito! ¿O no?
PS: Por cierto, la que quiere que sus cenizas vayan al cantábrico donostiarra es mi madre (es que me equivoqué en el comentario anterior). Besos.
Miroslav: Ya al principio del post comentaba que lo de menos es que lo de K.R. fuera verdadero o falso. Lo que me parece patético es que ese pobre hombre tenga que recurrir a esas cosas para que el mundo le preste un poco de atención. Y no me creo para nada que eso se le ocurriera de momento y lo soltara así sin pensar. Estoy convencida de que tienen esas cosas tremendamente estudiadas. ¿Tendrá que ver esto con lo que he leído en los últimos tiempos sobre que los Stones están en franca decadencia y se les nota ya mucho la vejez y la natural merma de facultades? No puedo afirmarlo ni negarlo, puesto que mis gustos musicales van en una dirección completamente opuesta. Dejo que opinen los críticos especializados. Pero el apelativo de genio me lo reservo para otras personas.
En cuanto a lo que dices que no crees necesaria mucha responsabilidad para hacerse cargo de las cenizas de alguien, no estoy de acuerdo. Aunque estemos hablando de un montoncillo de polvo, no dejan de ser los restos de alguien que supuestamente quisimos y me enfada bastante que haya gente que trata esos restos como un montón de basura, o decide hacer una gracia con ellos. ¿Recuerdas ese clásico del cine que es “Imitación a la vida” y como la criada negra había estado toda su vida ahorrando para un entierro espectacular? No te vayas a creer tampoco que soy de ese tipo, ¿eh? Nada más lejos de mi forma de pensar que convertir un entierro en un espectáculo, aunque sea del tipo “tradicional”.
Durante siete años me he dedicado a la arqueología. He excavado muchísimas tumbas fenicias, púnicas y romanas. He tenido en mis manos cráneos y otros huesos como para parar un tren. Los he fotografíado, dibujado, medido y metido en bolsas. Sin embargo nunca he perdido de vista que se trataba de personas, quizás porque he observado el cariño y el cuidado con el que las enterraron, acompañándolas de sus juguetes si eran niños, de sus adornos si eran jovencitas (aunque fuera baratísima pasta vítrea), de sus perfumes, de sus sellos para firmar si eran propietarios, negociantes, etc. He leído sus lápidas (Fulanito, hijo amadísimo de Menganito) y he recogido en sus tumbas lamparillas de aceite y hasta ofrendas de comida. Quizás todo eso me haya dado una perspectiva diferente a la de mucha gente, que no ha tenido la oportunidad de tener entre manos cientos de tumbas de otras personas y reflexionar sobre ello.
Por último (porque este comentario es ya demasiado largo), no deja de hacerme gracia tu expectativa de progreso. Los prehistoriadores y los antropólogos están de acuerdo en que la preocupación ritual por los restos mortales indica que el ser humano consigue trascender su condición de mero homínido. No es la fabricación de herramientas (puesto que hay animales que modifican elementos que se encuentran en la naturaleza para utilizarlos mejor), sino el abandono de la práctica de dejar los cadáveres de los nuestros por ahí tirados.
Xienra: Me parece tremendo lo de las tortugas. No sabía nada del tema. Tengo pendiente un post sobre Benarés, que ha sido una experiencia que me dejó totalmente impactada, y entonces contaré algo sobre las piras funerarias que vi en la orilla del río y todo lo demás.
Pues con la cuestión del frotamiento, esta estatua del pobre Víctor, antes que representar a una persona muerta, parece que representa a un borracho que está durmiendo la mona y que, justamente, se ha hecho pis y luce una bochornosa mancha amarilla en la entrepierna.
Keith Richards es tan patético que inspira ternura. Esa bromita me ha dado muy mal rollo. Ni siquiera es original: en un capítulo de la serie “a dos metros bajo tierra” ya aparecían unos drogatas esnifándose un difunto.
Tambien me ha llamado la atención la mancha del pobre víctor. Lamento discrepar con el sr Ingle, pero en mi opinión se asemeja más a una vergonzosa polución nocturna. El sueño esterno es lo que tiene.
Saludos