Pagar por nada
Este fin de semana, como todos, al comprar el periódico me obligan, por narices, a llevarme varias revistas. El sábado “Psychologies”, una revista que yo nunca compraría voluntariamente. El domingo, “10 Minutos” y el “Magazine”. Si fuera gratis podría simplemente indignarme con el despilfarro inútil de papel. Como encima me cuesta el dinero, la indignación es mayor. Son 65 céntimos más que un día normal, que así dicho no parece mucho, pero ¿por qué debo pagar cada sábado y cada domingo más de veinte duros por un montón de papel que va a ir directamente a la basura? ¿Se imagina alguien que al comprar fresas en la frutería le obligaran a comprar también una sandía, aunque no le gustara? ¿O que al ir a tomarse la tensión al ATS tuviera que pagar además lo que cuesta ponerse una inyección, aunque no lo hiciera?
La mayoría de estas revistas que te meten a la fuerza con los periódicos se escudan en esa obligatoriedad para seguir vivas. Saben que, independientemente de que su contenido sea mejor o peor, tienen un número de ejemplares vendidos a la fuerza. Bodrios como Mujer hoy, contra la que tengo una guerra personal, la mencionada Psychologies, AR, a mayor gloria de una figura televisiva que no trago en absoluto, o la intrascendente 10 minutos (me parece mucha presunción por parte de la revista el proclamar que semejante colección de insustancialidades valga diez minutos de mi tiempo) siguen existiendo porque nos las hacen pagar por la fuerza a muchos.
Si decido echarles un vistazo para tratar de sacarle algún partido al euro y pico tirado ese fin de semana (hay millones de personas en el mundo que tienen que sobrevivir con menos de esa cantidad al día), lo más probable es que encima me lleve un berrinche. Puedo encontrar a la tres veces pillada en plagio Lucía Extebarría, y darme cuenta de que además de ser una sinvergüenza no sabe hablar correctamente su idioma, como demuestra al titular un artículo “Loor de santidad”, en lugar de “Olor de santidad” (El que muchos periodistas se equivoquen con esta expresión no indica más que el bajísimo nivel de muchos de los que en España viven de la palabra. Se puede consultar sobre este error en Centro Virtual Cervantes, en la sección llamada Museo de los horrores). También puedo encontarme con que en “Psychologies” (que según reza en la portada es una revista para enseñarnos a vivir mejor, tiene tela la cosa) me presentan, con el peso añadido de figurar en portada, a Gemma Nierga como si su manera de entender la vida fuera modélica, o mejor que la de otros, lo que en principio no habría que aceptar porque sí. Sobre todo, que es muy fácil decirles a los demás cómo enfrentarse con la vida cuando tú no tienes la mayoría de los problemas que el común de los mortales. En fin, lo mismo de siempre.
Después de hacerme la misma reflexión que todos los fines de semana, haciendo un poco de limpieza en mi correo electrónico, encuentro el borrador de una carta enviada en el mes de diciembre a la revista “Mujer hoy”. Dicha revista no se vende independientemente y sólo se distribuye obligatoriamente con algunos periódicos. Ese día, a mi cabreo por tener que pagar una revista que no quería se unió la indignación surgida al leer cómo se vanagloriaban de ser “la revista femenina de más amplia distribución en España”. No pude contenerme y les escribí un correo. ¿No están diciendo siempre que quieren conocer la opinión de sus lectoras? Pues tómala.
El motivo de mi carta es haceros una reflexión y una propuesta: ¿Qué ocurriría si esta revista no se distribuyera forzosamente con un periódico? Si tuviéramos que ir a un quiosco, pedirla expresamente y pagar por ella, ¿cuántos ejemplares se venderían realmente? ¿Por qué no os la planteáis como si tuviera que ser así? Lo digo porque a lo mejor entonces se convertiría en algo útil y ameno, en vez de en motivo de indignación.
No soy precisamente una representante del tipo de mujer más frecuente en España, ni siquiera del tipo de mujer que lee esta clase de revistas. Tengo carrera universitaria, un nivel de vida alto y soy una gran viajera, pero ni siquiera siendo así me veo reflejada en un 10% de los contenidos de la revista. ¿Qué creéis que me parecería vuestra revista si fuera un ama de casa de estudios medios que trabaja muchas horas para vivir a lo justo (o sea, lo normal en España)?
Con una sección supuestamente de moda que en realidad lo que nos presenta son ridículos disfraces que nadie mayor de 25 años se pondría, pero que al mismo tiempo resultan inaccesibles para alguien tan joven (una camisa de 680 euros, o un abrigo de 1590 euros, por ejemplo, en el número 399); una sección de cocina con las recetas menos útiles que se pueda una imaginar para el día a día de una familia normal; una sección de decoración que ya llega a niveles de burla sangrienta, como presentar un piso de lujo en Milán a quienes sufren la realidad de la vivienda en España (mala calidad, tamaño insuficiente), y con lo que parece un desconocimiento total de la realidad de las familias españolas (llévate a los niños de vacaciones de Navidad a Finlandia, no son más que 1500 euros por cabeza por unos días), la lectura de vuestra revista produce sentimientos que oscilan entre el enfado, la incredulidad y el pitorreo.
Está claro que así es mucho más fácil: da igual que me dirija a un público que no existe, porque tengo asegurada la distribución de X ejemplares. No tengo que calentarme la cabeza para crear contenidos que interesen a una amplia cantidad de gente. Eso sí, de vez en cuando me autoengaño publicando que es la revista femenina de más amplia distribución en España (porque nos la meten a la fuerza, no nos dan oportunidad de elegirla específicamente, claro). Espero que este chollo os dure mucho, que nunca tengáis que trabajar en una revista de verdad, de las que tienen que ganarse el favor del público por el interés o la utilidad de su contenido, porque vais a estar muy mal acostumbrados.
Por supuesto, no la publicaron. Ni siquiera en un rinconcito donde a veces publican opiniones críticas con la revista (críticas, pero muy, muy suavecitas). En realidad no estaba destinada a ser leída por los lectores de la revista, sino por su equipo de redacción. ¿Llegó siquiera a ellos? Supongo que no. Están muy ocupados asistiendo a los desfiles de moda del Líbano (no es coña, esto se puede encontrar en la revista) para que las de aquí sepamos qué tenemos que ponernos y no se nos ocurra la vulgaridad de ir a Zara o a El Corte Inglés.
Entre todo ese batiburrillo de objetos exóticos reina en las estanterías de mi estudio una muñeca de trapo que llegó de Egipto. La pobre ha ido adquiriendo un color tostadito, pero sigue con la misma sonrisa del primer día.





Para no perderme ni uno