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Archivo para Abril 2007

Pagar por nada

29 Abril 2007 kotinussa 11 comentarios

Este fin de semana, como todos, al comprar el periódico me obligan, por narices, a llevarme varias revistas. El sábado “Psychologies”, una revista que yo nunca compraría voluntariamente. El domingo, “10 Minutos” y el “Magazine”. Si fuera gratis podría simplemente indignarme con el despilfarro inútil de papel. Como encima me cuesta el dinero, la indignación es mayor. Son 65 céntimos más que un día normal, que así dicho no parece mucho, pero ¿por qué debo pagar cada sábado y cada domingo más de veinte duros por un montón de papel que va a ir directamente a la basura? ¿Se imagina alguien que al comprar fresas en la frutería le obligaran a comprar también una sandía, aunque no le gustara? ¿O que al ir a tomarse la tensión al ATS tuviera que pagar además lo que cuesta ponerse una inyección, aunque no lo hiciera?

La mayoría de estas revistas que te meten a la fuerza con los periódicos se escudan en esa obligatoriedad para seguir vivas. Saben que, independientemente de que su contenido sea mejor o peor, tienen un número de ejemplares vendidos a la fuerza. Bodrios como Mujer hoy, contra la que tengo una guerra personal, la mencionada Psychologies, AR, a mayor gloria de una figura televisiva que no trago en absoluto, o la intrascendente 10 minutos (me parece mucha presunción por parte de la revista el proclamar que semejante colección de insustancialidades valga diez minutos de mi tiempo) siguen existiendo porque nos las hacen pagar por la fuerza a muchos.

Si decido echarles un vistazo para tratar de sacarle algún partido al euro y pico tirado ese fin de semana (hay millones de personas en el mundo que tienen que sobrevivir con menos de esa cantidad al día), lo más probable es que encima me lleve un berrinche. Puedo encontrar a la tres veces pillada en plagio Lucía Extebarría, y darme cuenta de que además de ser una sinvergüenza no sabe hablar correctamente su idioma, como demuestra al titular un artículo “Loor de santidad”, en lugar de “Olor de santidad” (El que muchos periodistas se equivoquen con esta expresión no indica más que el bajísimo nivel de muchos de los que en España viven de la palabra. Se puede consultar sobre este error en Centro Virtual Cervantes, en la sección llamada Museo de los horrores). También puedo encontarme con que en “Psychologies” (que según reza en la portada es una revista para enseñarnos a vivir mejor, tiene tela la cosa) me presentan, con el peso añadido de figurar en portada, a Gemma Nierga como si su manera de entender la vida fuera modélica, o mejor que la de otros, lo que en principio no habría que aceptar porque sí. Sobre todo, que es muy fácil decirles a los demás cómo enfrentarse con la vida cuando tú no tienes la mayoría de los problemas que el común de los mortales. En fin, lo mismo de siempre.

Después de hacerme la misma reflexión que todos los fines de semana, haciendo un poco de limpieza en mi correo electrónico, encuentro el borrador de una carta enviada en el mes de diciembre a la revista “Mujer hoy”. Dicha revista no se vende independientemente y sólo se distribuye obligatoriamente con algunos periódicos. Ese día, a mi cabreo por tener que pagar una revista que no quería se unió la indignación surgida al leer cómo se vanagloriaban de ser “la revista femenina de más amplia distribución en España”. No pude contenerme y les escribí un correo. ¿No están diciendo siempre que quieren conocer la opinión de sus lectoras? Pues tómala.

El motivo de mi carta es haceros una reflexión y una propuesta: ¿Qué ocurriría si esta revista no se distribuyera forzosamente con un periódico? Si tuviéramos que ir a un quiosco, pedirla expresamente y pagar por ella, ¿cuántos ejemplares se venderían realmente? ¿Por qué no os la planteáis como si tuviera que ser así? Lo digo porque a lo mejor entonces se convertiría en algo útil y ameno, en vez de en motivo de indignación.

No soy precisamente una representante del tipo de mujer más frecuente en España, ni siquiera del tipo de mujer que lee esta clase de revistas. Tengo carrera universitaria, un nivel de vida alto y soy una gran viajera, pero ni siquiera siendo así me veo reflejada en un 10% de los contenidos de la revista. ¿Qué creéis que me parecería vuestra revista si fuera un ama de casa de estudios medios que trabaja muchas horas para vivir a lo justo (o sea, lo normal en España)?

Con una sección supuestamente de moda que en realidad lo que nos presenta son ridículos disfraces que nadie mayor de 25 años se pondría, pero que al mismo tiempo resultan inaccesibles para alguien tan joven (una camisa de 680 euros, o un abrigo de 1590 euros, por ejemplo, en el número 399); una sección de cocina con las recetas menos útiles que se pueda una imaginar para el día a día de una familia normal; una sección de decoración que ya llega a niveles de burla sangrienta, como presentar un piso de lujo en Milán a quienes sufren la realidad de la vivienda en España (mala calidad, tamaño insuficiente), y con lo que parece un desconocimiento total de la realidad de las familias españolas (llévate a los niños de vacaciones de Navidad a Finlandia, no son más que 1500 euros por cabeza por unos días), la lectura de vuestra revista produce sentimientos que oscilan entre el enfado, la incredulidad y el pitorreo.

Está claro que así es mucho más fácil: da igual que me dirija a un público que no existe, porque tengo asegurada la distribución de X ejemplares. No tengo que calentarme la cabeza para crear contenidos que interesen a una amplia cantidad de gente. Eso sí, de vez en cuando me autoengaño publicando que es la revista femenina de más amplia distribución en España (porque nos la meten a la fuerza, no nos dan oportunidad de elegirla específicamente, claro). Espero que este chollo os dure mucho, que nunca tengáis que trabajar en una revista de verdad, de las que tienen que ganarse el favor del público por el interés o la utilidad de su contenido, porque vais a estar muy mal acostumbrados.

Por supuesto, no la publicaron. Ni siquiera en un rinconcito donde a veces publican opiniones críticas con la revista (críticas, pero muy, muy suavecitas). En realidad no estaba destinada a ser leída por los lectores de la revista, sino por su equipo de redacción. ¿Llegó siquiera a ellos? Supongo que no. Están muy ocupados asistiendo a los desfiles de moda del Líbano (no es coña, esto se puede encontrar en la revista) para que las de aquí sepamos qué tenemos que ponernos y no se nos ocurra la vulgaridad de ir a Zara o a El Corte Inglés.

La muñeca

27 Abril 2007 kotinussa 10 comentarios

A la hora de elegir un lugar al que viajar, me detengo a pensar en todo. No sólo de monumentos y museos vive la Koti, sino también de buenos restaurantes y mejores camas. Todo contribuye a que un viaje salga redondo, y una parte del viaje que me encanta es la de las compras. Me encanta estar rodeada de cosas bonitas y la experiencia me ha enseñado que cuando he dudado si gastarme un dinerillo curioso en algo y finalmente no me he decidido a comprarlo, probablemente me arrepentiré toda la vida, con el agravante de que en casa, tarde o temprano, acabaré gastando bastante más en cualquier otra cosa perfectamente prescindible. Desde que llegué a esa conclusión me permito en cada viaje un buen capricho, al que me lanzo sin mirar (nada más que de refilón) precio.

Me vuelve loca un zoco oriental. Concretamente, el de Alepo me disloca. Las dos veces que he estado en esa ciudad, además, me he reservado una tarde para ir completamente sola, sin nadie que me haga perder tiempo, para recorrerme exactamente las calles que quiero visitar y para entrar en cada tienda que me apetezca sin el remordimiento de conciencia de tener a alguien esperando por mis compras.

El resultado es que tengo un buen montón de recuerdos que me acompañarán incluso más que las fotografías tomadas. Con la diferencia de que los veo y los luzco continuamente, mientras que las fotografías sólo de tanto en tanto: turquesas y granates, un collar precioso de coral y plata, saris de seda, jade de Birmania y de Guatemala, pañuelos de seda italiana, mirra para perfumar la ropa en los cajones, unos pendientes de oro iraquíes que parecen sacados de un tesoro tartésico, alfombras turcas, persas y pakistaníes, pulseras y pendientes de plata beduínos, porcelana inglesa, un icono griego antiguo, cajas de lapislázuli, lacadas, de esmalte y plata o de papier maché iraní, un abanico de plumas de avestruz, un Buda tallado en madera de sándalo, miniaturas indias pintadas sobre marfil, máscaras cingalesas con rostros aterradores, un espantamoscas egipcio hecho de la cola de un caballo, chilabas para estar en casa, un típico reloj de cuco de la Selva Negra, un bordado sobre terciopelo con mi signo según el zodiaco birmano y hasta una sombrilla de madera y papel encerado como las que usan los monjes budistas. Y muchos libros.

egipcia.jpg Entre todo ese batiburrillo de objetos exóticos reina en las estanterías de mi estudio una muñeca de trapo que llegó de Egipto. La pobre ha ido adquiriendo un color tostadito, pero sigue con la misma sonrisa del primer día.

Era uno de mis primeros viajes al extranjero, y Koti todavía era presa fácil para las bandadas de niños que intentaban venderle algo. Un grupo de niñitas que tendrían entre 7 y 10 años me rodearon metiéndome por la cara unas muñequitas de trapo, mientras se empujaban unas a otras (y a mí, de camino). Intentando sobrevivir a aquella marabunta, traté de tranquilizarlas charlando un poco con las dos más mayorcitas, en un inglés chapurreado que daba pena (mayormente por mi parte). Me contaron que las hacían ellas desde que eran pequeñas (más pequeñas aún), y las vendían para ir reuniendo para su ajuar de novia. Me hicieron gracia las muñecas, pero no pensaba comprar media docena, así que compré dos y a las niñas restantes les regalé una moneda equivalente a la mitad del precio de la muñeca, con lo que se fueron bastante contentas. Una de las muñecas la regalé nada más llegar a España y la otra se instaló cómodamente en una de las librerías.

Y allí sigue, recibiendo a todas las que han llegado después desde Baviera, Sicilia, Marruecos, Líbano, Ibiza, Turquía, Uzbekistán, Chipre, Escocia o Bulgaria. Tranquilizándolas, convenciéndolas de que es una buena casa y no hay peligro de niños destrozones que les arranquen la cabeza. Es la hermana mayor de todas, ella lo sabe y como tal se comporta.

Aquellas niñas estarán dentro de muy pocos años enseñando a sus nietas a hacer otras iguales, y seguro que ni se imaginan que una de sus muñecas también está haciendo el papel de matriarca en un grupo tan original.

Categorías:Cosas de viajes

Cuento de princesas

23 Abril 2007 kotinussa 15 comentarios

El ser una bloguera desconocida y no una columnista de suplemento dominical tiene indudables ventajas. Una de ellas es que, amparándome en el anonimato, puedo contar mis cosas sin maquillarlas, sin fingir que todo es precioso. Como resultado, es posible que los que me leéis terminéis conociéndome mejor que muchos que son mis vecinos desde hace 27 años, mis compañeros de trabajo desde hace 15 o mis médicos desde hace 21. Lo que yo soy no se puede explicar satisfactoriamente por la cara que doy en las cenas con amigos, en las reuniones de antiguos compañeros de clase o, incluso, en las celebraciones familiares. Hace falta, para completar el cuadro, ese acontecimiento que se escondió en el último rincón de la memoria o ese personaje que nunca se nombra.

Por lo pronto, para conjurar los demonios de mi infancia, seguiré recordando a una de mis abuelas. Más que nada para que Wolffo, que se ha brindado amablemente a ser mi abuela en adelante, tenga claro cómo no debe ser.

Mi abuela, la rubia, la alta, la que nunca encendió una cerilla, parecía una princesa. Literalmente. Si pusiera aquí su foto se la podría confundir con una de las hijas del zar Nicolás II o cualquier otra de las nietas de la reina Victoria de Inglaterra.

Mi abuela, como toda princesa, vivía en un palacio. Literalmente. Así lo describen los libros: “Casa palacio de M. Estilo isabelino. La fachada es de una gran nobleza y corrección compositiva. Dispone de montera, galerías abalaustradas y escalera al fondo formando transición con el jardín posterior. El edificio conserva el carácter de la época, con una gran colección de bienes muebles.”

Mi abuela la princesa, que siendo adolescente ya había heredado joyas que se habían lucido en los bailes del emperador Napoleón III, no debía encontrarse muy a gusto en su palacio, porque cuando se acababa el curso en el internado prefería ir a pasar las vacaciones con las monjas a Riofrío, en lugar de volver a su casa, con sus padres y hermanos. Eso nos dará una pista sobre el cálido ambiente familiar que reinaba en el palacio de mi abuela, la princesa.

Extrañamente, o quizás no tanto, cuando ella formó su propia familia reprodujo el mismo ambiente y repitió los mismos comportamientos de sus padres. Al parecer se había olvidado de lo que había echado de menos de niña. Tuvo muchos hijos, pero estuvieron en manos de institutrices y tatas. Se les mantenía alejados hasta que eran lo bastante mayores como para comportarse como adultos y no resultar molestos.

Cuando yo nací desperté brevemente el interés de mi abuela, la princesa. Al principio fui la única nieta, y posiblemente se habló largo y tendido de las expectativas que existían sobre mí. Seis años después hubo otra nieta, más rubia, con más cara de princesa, y su interés se traspasó a la recién llegada. Eso me liberó de toda una lista de obligaciones pendientes, y me permitió dedicarme a todo lo que más la pudo molestar: estudios antes que fiestas, libros antes que amistades convenientes, viajes a sitios horriblemente sucios y atrasados antes que a sitios bonitos y con tiendas lujosas.

Aunque haya princesas y palacios, esto no es un cuento, de forma que no hay final feliz.

 

 

Un poquito de autobombo

22 Abril 2007 kotinussa 12 comentarios

Yo tuve dos abuelas, como casi todo el mundo en aquella época. Ahora es distinto. Estamos que tiramos la casa por la ventana y uno puede tener cuanto quiera de cualquier cosa. Estaría bueno que la realidad se impusiera a nuestros deseos. Por no aludir a personas reales, pondré como ejemplo unos personajes de ficción que deben darse en la realidad más de lo que parece: los niños de Mónica y Chandler, de la serie “Friends”, tienen cinco abuelas; dos biológicas y tres “legales”, una de las cuales es un abuelo reconvertido en abuela.

Para muchas personas esto será una gran ventaja, para otras no, depende de cómo sean las abuelas. Porque hay abuelas y abuelas. No quiero ni pensar lo que hubiera sido mi infancia con cinco abuelas. Tener dos ya fue bastante.

Mis abuelas eran muy, muy diferentes. Una de Cádiz y otra de Santander, con todo lo que esto implica, que no es poco. Una con los ojos azules y el pelo tan rubio que pasó a tenerlo blanco casi sin que se notara, y la otra que a los noventa años y de forma totalmente natural apenas tenía media docena de canas. Una muy alta y la otra diminuta que calzaba un 33. Una no había encendido una cerilla jamás en su vida (literalmente), pues siempre había tenido alrededor abundante servicio que había hecho todo por ella. La otra hizo de la cocina de su casa, por pura afición, su hábitat natural. Una se casó muy joven y la otra con treinta años, lo que en aquella época era tardísimo. Una se pasó cincuenta años sin hablarse con su única hermana y la otra formó con sus tres hermanas una especie de matriarcado muy curioso. Mi bisabuelo había comprado dos casas contiguas de tres plantas y según se le fueron casando las hijas les fue dando un piso en aquel gran edificio. Las cuatro hermanas vivieron juntas toda la vida, tomaron las riendas de la familia, prácticamente anulando a sus maridos, y cualquier asunto que surgiera, fuera importante o trivial, lo decidían entre las cuatro.

Mis abuelas eran muy distintas, y apenas se trataban entre ellas. Pero tenían una cosa en común, y es que jamás fueron con sus nietos cariñosas, tiernas, dadas a los mimos, otorgadoras de caprichos, etc. Eran, por el contrario, especialistas en ver defectos donde nadie más los veía, en encontrar “peros” a cualquier cosa, en rebajar cualquier logro que hubieras conseguido.

Cuando una persona se echa flores se le pregunta si no tiene abuela, porque se supone que las alabanzas sin mesura son propias de éstas. Como ese nunca fue mi caso, en el asunto de oir cosas agradables tuve que apañármelas por mí misma, y reconozco que empecé bastante tarde, por lo que no tengo demasiada práctica. Pero hoy me voy a dar un poquito de autobombo, porque me apetece.

Si bien cada día se pueden leer en distintos periódicos a muchos columnistas de postín, los domingos es ya el acabóse. A los diarios habituales les sumamos los suplementos dominicales, y no hay suplemento que se precie que no tenga varios colaboradores de renombre para que opinen de lo divino y lo humano. Escritores, académicos, filósofos, científicos o cocineros “tres estrellas Michelín” reinan en las páginas de colores disfrutando del inmenso privilegio de tener a su disposición una página completa para decir lo que le apetezca.

Yo siempre envidié esa oportunidad. Sentía que tenía opiniones tan sólidas y fundamentadas como el que más, y me moría de ganas de expresarlas. Alguna vez las puse por escrito, con tanto cuidado como si las fuera a publicar. Alguna vez las envié a un periódico o suplemento sólo por darme el gusto de expresar mi opinión. Siempre con la advertencia de que no quería que editaran o mutilaran mi carta, pues suele entonces perderse la línea del razonamiento. No era mi prioridad ver mis palabras impresas, sino dejar constancia de lo que pensaba, aunque sólo se enterara el pringado al que le toca leer todo eso, o corregir errores de bulto cometidos por periodistas que piensan que con el título de periodismo les ha venido también el conocimiento de todas y cada una de las materias susceptibles de ser tratadas. Alguna vez las publicaron, lo cual tiene más mérito de lo que parece, pues en esos textos siempre salía a relucir mi faceta más irónica, mi lado más mordaz, mi lengua más afilada, mi propósito más caústico.

Por eso, cuando descubrí los blogs me lancé inmediatamente a la tarea. A diferencia de otras personas que se pasan meses leyendo y comentando los blogs de otros antes de decidirse a abrir uno, yo leí por primera vez un blog durante un puente de la Inmaculada, y antes de que el puente hubiera terminado ya tenía yo el mío. No lo pensé dos veces.

Desde entonces, ya leo a los grandes “opinadores” de otra manera. A veces descubro a cualquiera de ellos diciendo lo mismo que he dicho yo, pero con la diferencia de que yo lo dije antes y algunas veces mejor. Una vez escribí sobre el peligro que existía de que con esto de los blogs todos nos creyésemos literatos. Y establecía un paralelismo con una situación que se dio en la antigua Roma, cuando se extendió la fiebre literaria y todo el que podía se pagaba una lectura pública de sus obras, con consecuencias más bien nefastas. Pero no estoy hablando de eso, porque la literatura es otra cosa, no sólo juntar dos frases con sentido. No me estoy arrogando ningún talento literario. Sólo constato que en el mundo de los blogs (y no precisamente en esos blogs “estrella” que todos sabemos) se encuentran auténticos diamantes, y que la calidad de muchas publicaciones no bajaría un ápice si en lugar de los habituales colaboradores aparecieran algunos textos de blogueros desconocidos. Creo que ahí se está desperdiciando un material excelente, en el que me incluyo, porque todos tenemos, de vez en cuando, un día inspirado.

Y de tanto en tanto, la abuela imaginaria que me dice cositas al oído, cuando lee una columna de Elvira Lindo, o de Pérez-Reverte, o de cualquier otro, me comenta que está muy bien, pero que le gustó más cuando yo escribí sobre ese mismo tema.

Hipocresía y espectáculo

20 Abril 2007 kotinussa 4 comentarios

Tema de conversación fetén de las últimas semanas: el programa de televisión “Cambio radical”. Desde las conversaciones del café en el trabajo hasta las columnas de crítica televisiva de todos los periódicos, unanimidad casi absoluta.

Realmente el movimiento empezó mucho antes de que el programa se emitiera por primera vez en España, desde que comenzó a anunciarse. Cómo ya se había emitido en otros países, se sabía perfectamente de qué iba, y las censuras arreciaron desde semanas antes de que pudiéramos comprobar por nosotros mismos cuán bajo se puede caer.

Yo puedo comprender que el vil metal tira mucho, y que los ejecutivos de las grandes cadenas de televisión están para lo que están, que es para dar a ganar dinero a quienes los emplean. Yo puedo comprender que haya gente bruta y por ello fácilmente manipulable, superficial y por ello capaz de prestarse a ser monos de feria, infeliz y por ello acomplejada. Pero por lo que no puedo pasar es por la hipocresía y la falta de coherencia. Por los golpes de pecho que cesan en el momento en el que suena la caja registradora.

Al poco tiempo de que Antena 3 comenzara a preparar su programa, la cadena Cuatro, en un tremendo ejercicio de hipocresía y en vista de que el tema suscitaba una gran expectación (léase una posible gran audiencia, que es algo que esa cadena necesita desesperadamente, porque no acaba de remontar), se saca de la manga un programa sobre el mismo tema, pero sin bisturí: Desnudas.

Se trata de dar una bofetada sin manos al programa de Antena 3, subiéndose (aparentemente) al mismo carro que la opinión mayoritaria de los espectadores. Se trata de mostrar (aparentemente) que se está en sintonía con la gente de sentido común, sin complejos. Se trata de hurgar aún más en la supuesta herida infligida por la audiencia a la cadena rival. Se trata de decir “Los de Antena 3 son unos monstruos por utilizar a esta pobre gente de esa manera. Nosotros, sin embargo, no somos superficiales, sino que somos guays, feministas y modernos porque nos gustan las señoras maduritas con todas sus lorzas y sus arrugas”. No en vano el lema del programa es: “Para estar guapa solo necesitas una cosa, sentir que lo eres”, lo que queda muy políticamente correcto, pero no es verdad. Otra cosa es que nos aceptemos como somos, y hagamos lo posible por mejorarnos, pero ser guapas no va a depender de que interiormente decidamos que lo somos, tras el lavado de cerebro pertinente hecho por el “coach” (otro personaje de moda) de turno. Y sobre todo, va a depender mucho de otros factores, como el poder dedicar dinero y tiempo a mantener nuestro aspecto lo mejor posible.

Además, por lo visto dan por hecho que tenemos muy mala memoria y que hemos olvidado que hace sólo unos meses esta misma cadena se dedicaba a glorificar justo lo contrario en el programa Supermodelos 2006, con el agravante de que entonces trabajaban con adolescentes aisladas de su familia. Eso es lo que me fastidia, que den por hecho que tengo cerebro de pez.

El programa se va a estrenar hoy, y como es habitual llevan unos días utilizando los demás programas de la cadena para hacerle publicidad. Y llegamos, como no, al mismo despropósito de siempre. Dos personas nos lanzan por enésima vez la soflama de siempre, a saber: ¡qué felices estamos de ser como somos! A pesar de los kilos, los años, las canas, las arrugas, la celulitis y todo lo demás. Lo curioso es a quien ponen para enviarnos el mensaje y convencernos de que nos enganchemos al programa:

- Bibiana Fernández, que apenas dos semanas antes ha confesado delante de las cámaras ser una adicta a las operaciones de estética y llevar toda su vida martirizada por los regímenes de adelgazamiento.

- Teté Delgado, que es la típica gorda (no hay que llamarlo de otra forma, la palabra es descriptiva simplemente, no hay juicio moral) que nos quiere convencer de que está encantada de ser gorda. Es la típica gorda sobreactuada que se impone la obligación de ser graciosísima cada vez que abre la boca, porque hay que demostrar que no hay nadie más feliz que una gorda. Es la típica gorda obsesionada por demostrar que no tiene complejos. Y además, para demostrar que no los tiene se atreve con unos peinados y unos estilismos propios de quien se dice “de perdidos, al río” y parece buscar lo más exagerado, lo que jamás se pondría si tuviera una talla 38, estoy segura.

Mientras estos señores no se busquen otros portavoces más creíbles, me temo que van a resultar muy poco fiables. Yo, por lo menos, comprendo y acepto antes al típico tiburón sin dobleces que va a sacar euros de debajo de las piedras que al santurrón que quiere convencerme de que sólo piensa en mi felicidad.

De momento, para abrir boca, ya nos han bombardeado durante unos días con imágenes de señoras maduras gorditas en ropa interior. Y hasta las han puesto a tamaño inmenso en vallas publicitarias por las calles para que la gente opine. Por supuesto, esas opiniones son, en primer lugar, convenientemente editadas y elegidas a la medida de la filosofía del programa; y en segundo lugar, la gente que las emite, que sabe que va a salir en televisión, como quiere quedar bien, se guardará mucho de decir lo que de verdad piensa.

Y Cuatro da por hecho que yo soy una idiota perdida que me voy a creer que todo ese espectáculo sucede tal cual. Habría una forma de que me creyera todo ese circo: que después de haber salido en el programa la cadena las contratara como azafatas para sus otros programas. ¿No quedamos en que son guapas a partir del momento en que ellas se sienten así? Sería todo un detalle.

Cadenas

17 Abril 2007 kotinussa 13 comentarios

Juanma Santiago me ha puesto tarea, consistente en copiar el segundo párrafo de la página 139 del libro que esté leyendo. Como me da pie a recomendar un libro con el que estoy pasando un buen rato, lo hago con gusto:

Apareció otro hombre, también con bata blanca. Inmediatamente le pregunté si era dentista. Respondió que lo era. El otro era mecánico; también arreglaba relojes. La prótesis necesaria para cubrir el hueco que me había dejado resultaría muy costosa. Su realización era muy difícil y requería una gran pericia. Él la tenía. Traté de explicarle que si no podía hablar no podía trabajar. Si no podía trabajar, no podría pagarle. Su rostro se iluminó visiblemente y me indicó que regresara aquella tarde, entonces tendría confeccionada una pieza de plástico. Como paciente importante, era merecedor de anestesia y me inyectó novocaína en las encías. A mí me pareció un poco extraño que lo hiciera después de la operación, pero me sentía demasiado desgraciado para que me importara.

Se trata de “El antropólogo inocente”, de Nigel Barley. El autor, doctorado en antropología por Oxford, se dedicó durante un par de años al estudio de una tribu poco conocida del Camerún, los dowayo. Éste fue su primer trabajo de campo, pasando prácticamente sin transición del ambiente académico británico a un poblado africano de chozas de barro. Con mucho sentido del humor nos cuenta todas sus peripecias en África en lo que, cuando se publicó, fue calificado como el libro más divertido del año. Os lo recomiendo para pasar un buen rato.

Y además, por primera vez en mi vida, voy a ser un poco cruel y no voy a parar esta cadena. Como no es muy engorrosa y nos da oportunidad para recomendar un libro, sin ningún remordimiento de conciencia se la endoso a Mari Carmen, Lukre, Ali y Miroslav. No me odiéis demasiado.

Categorías:Cosas que se leen

Código ético ¡y olé!

15 Abril 2007 kotinussa 9 comentarios

En estos días atrás se ha vuelto a comentar mucho de nuevo por los blogs el tema de un código ético para blogueros. Empezaron, como no, aquellos que se dedican al blog “profesionalmente”, como Tim O’Reily o Jim Wales, y enseguida se hicieron eco sus equivalentes de lengua castellana. Es lógico. Gente que recibe cada día miles de visitas y tiene varios cientos de comentarios en cada post se tiene que sentir más afectada por trolls e insultos que gente como yo.

He leído lo que opinan del tema Mangas Verdes, Enrique Dans, Microsiervos y J.L. Orihuela. Hay opiniones para todos los gustos, por lo que estoy en desacuerdo con algunos y de acuerdo con otros. Pero tampoco totalmente de acuerdo con ninguno, creo. También es lógico. Para gente que gana dinero con sus blogs debe ser vital que sus visitas no bajen por debajo de un tope. No es mi caso. Tener en un post nueve o veintinueve comentarios no me quita el sueño. Mis intereses son otros y por tanto mi visión del problema es otro, pero es verdad que hay gente que no se puede permitir el lujo de que un sector de sus lectores dejen de leer su blog porque en él se censuren los comentarios. Todo trabajo tiene sus servidumbres y si ellos han elegido dedicarse a eso, allá ellos, pero no tiene sentido que intenten que los demás vayamos de palmeros.

Parece ser que a la gente le preocupa enormemente tener muchos o pocos lectores. La idea más repetida en todos estos post y sus comentarios era algo así como “el que contemple la posibilidad de borrar comentarios, a la larga se arrepentirá porque mucha gente dejará de leer sus blogs, ya que nadie se va a molestar en dejar comentarios si existe la posibilidad de que se los borren”.

Yo lo tengo bastante claro. A partir de un momento dado, decidí borrar sin más advertencias los comentarios que me parezcan dignos de ser borrados. Y a quien no le guste, ajo y agua. Hay por ahí miles de blogs de personas inseguras y acomplejadas que necesitan tener muchas visitas y comentarios para sentir que son alguien. Leyéndolos se hace una obra de caridad. El caso es que no pienso adherirme a ningún código ético diseñado a la medida de los intereses de personas que no tienen nada que ver conmigo.

En mi caso particular, no tengo demasiado problema con personas que insulten por insultar, sin entrar ni siquiera en el tema del post. De esos llegan poquísimos y los borro directamente sin ningún problema de conciencia. Mis problemas son otros:

- La gente no se entera. En mi experiencia, el principal problema viene de algo que los profesores ya habíamos detectado en nuestro trabajo hace años: hay mucha gente con falta de comprensión lectora. Es posible que estén estudiando ingeniería o que sean periodistas, no es óbice el tener una carrera. En muchísimas ocasiones no comprenden lo que leen. No poseen un vocabulario extenso, por lo que ignoran el significado de algunas palabras muy comunes; no controlan la construcción gramatical. Como resultado, en muchísimas ocasiones creen entender justo lo contrario de lo que está escrito.

Por ejemplo, escribo: “Empezaré diciendo que mi abuelo tiene una fábrica de gorras, de forma que, cuando diga que una gorra no es una prenda adecuada para lucir como complemento de un traje de faralaes, se comprenderá que tal afirmación no responde a una oscura intención por mi parte de que fracase estrepitosamente la industria de la gorra en España”. Bueno, pues seguro que cae un comentario del tipo “¿Tú qué tienes contra las gorras? Seguro que te importa un rábano que miles de personas en España vivan de fabricar y vender gorras, ¿verdad?”. Yo me pregunto entonces qué habrán leído esas personas de mi post. ¿Una línea sí y otra no? ¿La primera, la trigésimo cuarta y la última palabra? ¿La segunda palabra de cada renglón?

Hace ya algún tiempo escribí un post en el que criticaba cómo hay un doble rasero para juzgar un hecho, según sea su protagonista. Y ponía como ejemplo que lo que se ridiculizaba en la Pantoja se admitía y se publicitaba en David Lynch, siendo exactamente lo mismo. Para más inri, como se suele decir, empezaba diciendo que la Pantoja no me caía simpática, y que su estilo de canción no me interesaba, de forma que la crítica que yo hacía de los que la ridiculizaban tenía más valor, según mi parecer, que si yo hubiera sido una fan. Bueno, pues hace poco dejaron un comentario que, en primer lugar me reprochaba que atacara a la Pantoja (cuando lo que yo hacía era defenderla), y luego me ponía como los trapos por decir que no me caía simpática.

- Lo “políticamente correcto”. Valdría el mismo ejemplo de la Pantoja. A ver por qué no puedo yo tener antipatías y simpatías, si es algo que nos pasa a todos. Y además, la mayoría de las veces porque sí, sin más razones. Todos somos conscientes de que caemos a los demás bien, regular o mal, y vivimos con ello sin más problemas. Pero resulta que el papanatismo de lo políticamente correcto ha llegado a un extremo tal que no podemos decir que no nos gustan los huevos fritos, por temor a que el Colegio Profesional de Fabricantes de Embalajes para Huevos haga una protesta formal en el Tribunal Internacional de La Haya.

- El desequilibrio de la situación. Que me expliquen de qué vale que yo me someta a un estricto código personal si la persona que lee mi blog no se siente moralmente obligado a lo mismo. Esto, o funciona en las dos direcciones o es una estupidez. Tampoco es solución acabar con el anonimato en los comentarios. Personalmente me da igual que el comentario venga firmado por “Florencio González Pérez”, por “Anónimo” o por “El vengador justiciero”. Sea un nombre real, un nick o nada, el resultado es lo mismo. De acuerdo en que si es un nombre real tengo la posibilidad de denunciar a quien sea pero, sinceramente, antes que metermen en denuncias borro y se acabó. Y repito que en este tema miraré lo que me convenga, no lo que convenga a un blogger profesional de EEUU.

Resumiendo, que no pienso unirme a ningún código ético para blogs porque no soporto que me marquen el paso más allá de lo estrictamente inevitable, y que borraré cuantos comentarios crea oportunos, más que nada porque una es muy limpia, y ese tipo de comentarios me hace el mismo efecto que encontrarme basura tirada por el suelo.

P.D. He editado el post y he cambiado algunos párrafos, porque no estaba muy satisfecha con la redacción original. Pero el mensaje es el mismo.

Categorías:Cosas mías

Reinos de taifas

13 Abril 2007 kotinussa 7 comentarios

En estos últimos días en el trabajo, por circunstancias que no vienen a cuento, hemos estado comentando cuestiones relativas a sueldos, trienios y demás. La curiosidad por comprobar las diferencias que existen entre los sueldos de funcionarios que tienen idéntico puesto de trabajo en distintas comunidades nos llevó a consultar las páginas web de algunos sindicatos. Aunque ya sabíamos de esas diferencias, la comprobación exacta de las mismas, euro a euro, nos cabreó bastante, porque repugnan al más elemental sentido de la justicia.

Dos profesores con la misma antigüedad, el mismo horario de trabajo, las mismas responsabilidades y obligaciones, pueden llegar a tener en su sueldo una diferencia de 402 euros mensuales en concepto de complemento específico, que es el concepto donde se refugia mayormente esta desigualdad. Por el concepto del primer sexenio, la diferencia puede ser de 59 euros mensuales.

En el caso de los médicos las diferencias pueden ser todavía mayores. Las horas de guardia en hospital se pueden pagar a razón de 12′8 euros o a 23, según dónde estemos. En atención primaria la diferencia por horas de guardia es aún más grande. En razón del complemento por capitación (número de enfermos adscritos a un médico), las diferencias pueden llegar a ser de 10.000 euros anuales; el salario bruto de un médico que empieza puede variar de 28.735 a 53.609 euros, es decir, casi el doble; y el complemento de productividad variable va de 7.950 euros anuales en alguna comunidad a no existir en otras.

Y el dinero no es lo único. Muchos médicos tienen más fácil trabajar en el extranjero que trasladarse entre diferentes comunidades españolas.

En el caso de otros funcionarios se han detectado diferencias de sueldo de hasta un 50% entre comunidades. Hablando siempre, por supuesto, de personas que realizan el mismo trabajo, con la misma antigüedad y el mismo horario.

Si a esto le sumamos que algunos españoles tienen, además, enormes ventajas fiscales por ciertos privilegios que no tienen razón de existir en nuestros tiempos, nos encontramos con un panorama de tremenda arbitrariedad, que encima está fomentada y propiciada por el Estado.

Además de causar estas diferencias entre unos españoles y otros, en un incomprensible ejercicio de desigualdad, las comunidades autónomas tienen un concepto muy diferente de lo que merece ayuda o subvención y lo que no. El lugar de residencia está causando grandes desigualdades e injusticias porque en algunas comunidades, por ejemplo, hay ayudas directas para excedencias por cuidado de hijos o para guardería, para familias numerosas o partos múltiples. En principio parece que el partido político gobernante no es determinante, pues comunidades gobernadas por el mismo partido se comportan de forma muy diferente.

Si has nacido en el pueblo X, tendrás derecho a que la Seguridad Social te trate de tal o cual enfermedad, mientras que si vives en el pueblo Y, a sólo 20 km. del anterior, te tendrás que aguantar con tu padecimiento o buscar un médico privado.

Podrás circular por carreteras mucho mejores, o hacer una gestión ante la Administración se convertirá en algo mucho más costoso y complicado. ¿Quién sabe? Por no hablar de lo que aprenderán tus hijos en el colegio.

Esto no tiene ni pies ni cabeza.

Cerebro en “stand by”

12 Abril 2007 kotinussa 8 comentarios

Esta tarde quería poner una entrada nueva, pero acabo de llegar (son las 20:15) de una comida con una docena de compañeros de trabajo y me siento totalmente incapaz de escribir algo coherente. El menú ha sido: ensalada de tomate y jamón ibérico al aroma de orégano, crema de patatas y bacalao, lubina con falso risotto y langostinos, solomillo de ternera con puré de coliflor y tarta de cuajada con fresas. Antes, cervecita con aceitunas y patatas fritas; durante, vino blanco, tinto y Pedro Ximénez con el postre; después café. Y hace un ratito, un gin-tonic.

No es para dar envidia, que conste. Es para que comprendáis que ahora mismo mi cerebro está en “stand by” y que sería una tontería por mi parte pretender hilar más de dos frases.

Ahora mismo me voy a dar una ducha bien caliente, a ver si me despejo. Mañana será otro día.

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La copiona

10 Abril 2007 kotinussa 15 comentarios

Hace unos días, buscando información en Internet sobre un tema de Historia Antigua, aparte de las páginas donde encontré apenas dos parrafillos que no aportaban nada que no viniera en un libro de ESO, di con dos artículos que trataban el tema extensamente, uno de dieciséis páginas y otro de veintitrés. Los imprimí para leerlos tranquilamente más tarde y ayer me leí el más corto, que era de una argentina, estudiante de último curso de Periodismo. Me extrañó que una estudiante de periodismo escribiera sobre un tema tan especializado de Historia Antigua, pero como al final venía una lista bastante larga de bibliografía pensé que la chica se lo había currado.

Esta mañana empecé a leer el artículo largo, que es de un profesor del Departamento de Filología Griega de la Complutense, y ya en el primer párrafo noté que todo me sonaba mucho. Antes de terminar la primera página me di cuenta de que aquello olía a chamusquina y, poniendo uno al lado del otro, comprobé que la argentina había plagiado el otro artículo, sin molestarse en cambiar ni una letra ni una coma. La única diferencia estaba en que había eliminado algunas partes completas para dejarlo más corto.

Estas cosas me dan mucha rabia porque yo me he visto ante un folio en blanco, consciente de que la gente iba a pagar por leer lo que yo iba a escribir, y puedo ponerme en el pellejo de quien ve su trabajo tratado de esta manera.

Porque no es un desdoro aprovechar el trabajo de otra persona. Para eso se han inventado las notas a pie de página y otras formas de citar. En una ocasión me encargaron un capítulo de una obra colectiva. Y años después, en la Historia del Arte de Andalucía de la editorial Gever, vi reproducido un largo párrafo de aquel texto. Pero el autor de ese tomo hacía las cosas como hay que hacerlas. Escribió: “Como dice Kotinussa, (se abren comillas) aquí mi texto (se cierran comillas)”. Y mi nombre y mi texto incluído en la bibliografía. Si aquella persona, de un prestigio académico infinitamente más grande que el mío, no había tenido problema en incluir un párrafo bastante largo escrito por una persona desconocida, simplemente porque le había gustado (debo decir que aquella introducción me había quedado muy chula; para mi gusto era lo más bonito de todo aquel capítulo), es porque no resulta vergonzante ni deshonroso reproducir un texto que nos ha gustado.

Así que he localizado al plagiado en la página web de la Complutense, y le he enviado un correo contándole lo que ha pasado. Y también he enviado un correo a la revista argentina, porque estoy segura de que ellos también ignoran la procedencia de ese artículo.

Y espero que entre todos le den para el pelo a la “listilla”. Teniendo en cuenta que sin acabar la carrera ya ha dado muestras de una nula ética profesional, podemos imaginar lo que hará esta “periodista” cuando se esté jugando cosas más importantes.

Actualización: La revista ha tardado sólo unas horas en eliminar el texto del artículo e incluso el título y la “autora” en el índice de la revista. El verdadero autor ya tiene todos los datos y está muy agradecido por mi gestión. Ahora será él quien continúe actuando.